Llegados a estas alturas, y antes de continuar con la estadística de atentados y agresiones cometidos contra la organización piñarista, desde 1978 en adelante, me parece conveniente tratar algunos aspectos polémicos de la violencia de la denominada extrema derecha; al menos hasta finales de 1977. Por ende, hemos de comentar algunas actividades de los denominados Guerrilleros de Cristo Rey (GCR) y la Triple A (AAA), habida cuenta que sobre estos dos colectivos se ha fantaseado en grande, no sólo en la prensa sino incluso en pretendidos estudios científicos.

Lo primero que debe aclararse es que sobre los GCR todo lo que se diga son suposiciones o medias verdades, pues que yo sepa ningún miembro de dicho colectivo ha publicado sus memorias, ni siquiera ha revelados sus actividades en privado, exceptuándose los antiguos comentarios, interesados y contradictorios, de Mariano Sánchez-Covisa. Efectivamente, los GCR eran una sociedad secreta que carecía de un organigrama asociativo. Se trataba, en definitiva, de una especie de sociedad irregular de raíz integrista: no había estatutos, ni dirigentes, ni documentos, etc. Por lo que resulta muy difícil de investigarla históricamente. Ni siquiera su ideología política era clara, pues parece que, originariamente, debiera de ser de ideología carlista o tradicionalista católica, pero ello no concuerda con el hecho de que la única cabeza visible, Mariano Sánchez-Covisa, resultaba ser un falangista radical que había participado en 1942 en el atentado contra los tradicionalistas en la basílica de Begoña…

Pues bien, los denominados Guerrilleros de Cristo Rey adquirieron notoriedad pública con ocasión del proceso judicial seguido contra el padre Mariano Gamo Sánchez, allá por diciembre de 1969; aunque quizás hayan pasado por una etapa previa de maduración político-espiritual. En aquel entonces -tal como se recoge en la prensa nacional, incluida la del Movimiento- varios miembros de este desconocido colectivo concurrieron a la vista judicial, enfrentándose a los seguidores del referido sacerdote filocomunista (1), aparte de agredir a alguno de los participantes en la vigila celebrada en adhesión del mencionado clérigo. Sorprendentemente, el padre Gamo era hijo de una persona liquidada por las milicias del Frente Popular en el agosto sangriento de 1936, siendo incluso designado capellán del Frente de Juventudes para la provincia de Madrid durante la década de 1950. Posteriormente cambiaría radicalmente de ideología política, abrazando el comunismo clandestino.

Y, antes de nada, cualquier investigador que se precie debiera dilucidar los siguientes interrogantes: ¿Los Guerrilleros eran un colectivo religioso o no? ¿Era un colectivo exclusivamente nacional? ¿Era un colectivo paramilitar o no lo era? ¿Estaban relacionados con los servicios de información o actuaban independientemente? Personalmente, me siento incapacitado para contestar con rotundidad a tales preguntas y únicamente diré que poseían un particular código de honor, obligados a guardar silencio, y que quizás por ello no pocas de las acciones atribuidas a sus miembros hayan sido perpetradas por otros colectivos (2). De hecho, he de precisar que todavía no he hallado sentencia judicial que acredite que un concreto delito de sangre haya podido ser atribuido a determinado guerrillero, con nombre y apellidos. Cabe pensar, empero, que quizás algún miembro de este grupo secreto pudiera haber formado parte de algún grupo ultraderechista a título individual, si bien tampoco se ha hallado aún prueba documental que corrobore tal hipótesis. Con todo, el núcleo de Madrid parecía encabezarlo el citado Sánchez-Covisa, pero ni siquiera es seguro que este fuera el máximo dirigente, ni su ideólogo principal, pues sus propios familiares lo catalogaban como un mero animador. Lo que sí parece cierto es que no formaban parte del partido político de Fuerza Nueva, como confesaría Blas Piñar en sus escritos posteriores. Ello no contradice, obviamente, que el propio Sánchez-Covisa acudiera algunas veces a las conferencias que se impartían en la Aula cultural de Fuerza Nueva, pero eso también hacían cientos de madrileños, incluso familias no estrictamente fuerzanovistas como los descendientes del que fuera presidente del Consejo de Ministros en la Restauración, Antonio Cánovas del Castillo (3).

Según la prensa conservadora, los GCR modificaron su estrategia tras la muerte de Franco, haciéndose más violentos (4), achacándoles la prensa progresista su participación en los sucesos sangrientos de Montejurra del año 76, donde se enfrentaron dos grupos carlistas contrarios y armados. Quizás pudo suceder así; pero, Piñar, siguiendo lo expuesto por el general Sáenz de Santamaría, indica que la acción de Montejurra se diseñó, en realidad, en los despachos oficiales, “bautizándose” incluso con el nombre de Operación Reconquista.

 

Por el contrario, la llamada Alianza Apostólica Anticomunista (Triple A) era una variante de la Alianza Anticomunista Argentina, creada durante la época de López Rega e Isabelita Perón en tierras argentinas. Los miembros de esta organización que se hallaban en España, provenían obviamente del país sudamericano y no se relacionaron con FN sino con lo que sería Alianza Popular. La radicalidad extremista de la izquierda andaluza propició que los servicios de información crearan una especie de policía paramilitar, con miembros de la AAA argentina, para servir de cuerpo de seguridad a los partidos que formarían la denominada Alianza Popular: Unión del Pueblo Español, Acción Democrática Española, Acción Regional, Unión Social Popular, etc... Estos hombres estaban muy bien pagados y cumplieron con la labor encomendada en las tierras litorales del sur. Esa es la razón, por lo que una vez que FN alcanza respaldo popular en tierras andaluzas -decreciendo consiguientemente AP-, las organizaciones terroristas de la época fijasen su atención en la agrupación azul y roja, atentando contra la vida y las propiedades de los fuerzanovistas; pues, seguramente, individuos de la extrema izquierdo andaluza facilitasen datos de seguimiento a las organizaciones terroristas regionales para efectuar operaciones delictivas y sangrientas en el mediodía peninsular. Sorprendentemente, cuando el socialismo gana las elecciones generales de octubre de 1982, no pocos elementos de estas organizaciones de extrema izquierda se moderarían, incorporándose al PSOE, ocupando incluso puestos directivos.

Curiosamente, el Partido Comunista mantuvo algún infiltrado en el organigrama de Alianza Popular en la provincia de Málaga, por lo que sus dirigentes estaban al corriente de la especial prestación de servicios que los mencionados argentinos daban a la coalición política dirigida por Fraga Iribarne y sus discípulos. Sorprendentemente, el PCE no consideró oportuno en 1977 denunciar tal anomalía y, en cambio, prefirió alegar, pasados unos meses, que Fuerza Nueva era una organización terrorista… Lo que fue inmediato desmentido por la revista Fuerza Nueva (5).

 

Llegados a este punto, el lector diligente se habrá dado cuenta de que la organización política de FN carecía de un sistema de seguridad propio, cuando se transformó en partido político allá por 1976. De hecho, el Estado no le proporcionó una seguridad efectiva, como era su deber, racaneándosela las más de las veces, quedando por tanto a merced de los ataques y agresiones de sus adversarios políticos, que no eran pocos por aquel entonces. Esa fue la razón por la que FN tuvo que idear un sistema privado de protección, creando, por ejemplo, aquello que se llamó la Sección C, sobre la que también se ha fantaseado en demasía. No obstante, en muchos lugares ni siquiera pudo constituirse esa fuerza de seguridad –que a la postre sería disuelta por la propia organización-. El mismo Piñar en Cuenca, en junio de 1977, declaró públicamente lo que sigue: (…) pero lo importante es la detención de unos cuantos muchachos de FUERZA NUEVA por integrar el servicio de orden del acto de la plaza de toros y no ser portador de caramelos y azucarillos, sino de palos de béisbol para repeler las agresiones; yo tengo que agradecer personalmente al señor Rosón el trato peyorativo, odioso y discriminante de que nos hace objeto con un abuso de poder notable, que revela su mediocridad política (6). Con todo, no debiera omitirse que los bates de béisbol, las cadenas y demás objetos contundentes eran empleados por todas las organizaciones extremistas de la época; también por los argentinos que se encargaron del servicio de seguridad de Alianza Popular en la zona meridional, quienes eran muy duchos en el manejo de tales instrumentos (7). Y no solamente los usaban los partidos políticos…

Endosarle, pues, este medio de defensa exclusivamente a FN, como instrumental de ataque contra pacíficos ciudadanos, era una falsedad evidente, que únicamente buscaba el desprestigio de la organización piñarista para el porvenir, teniendo en cuenta lo que se llamó el franquismo sociológico. De hecho, la UCD y el PSOE gozaban de protección policial (algunos líderes socialistas de Sevilla, desde antes de la muerte de Franco [8]); pero, Fuerza Nueva no disponía de esos privilegios, no en vano en la primavera de 1978 se vio obligada al publicar la siguiente nota de prensa, lo suficientemente esclarecedora:

Las agresiones, la violencia contra miembros de Fuerza Nueva proliferan ante la pasividad de un Gobierno ineficaz e incapaz de hacer frente a los problemas de Orden Público. Días pasados, en Pamplona, los «abertzales» lanzaron cócteles molotov e hirieron —quemaduras de segundo grado— a un niño de dos años, al tiempo que quemaban banderas nacionales. En Sevilla, miembros, al parecer del Partido del Trabajo de España (PTE) agredieron violentamente al jefe provincial de Fuerza Nueva, don José María del Nido, a su esposa y a su hijo, al tiempo que intentaban raptar a la segunda en el Real de la Feria sevillana. Posteriormente, y por indicación del jefe superior de Policía de Sevilla, previa autorización judicial, se efectuó un registro en la sede de Fuerza Nueva de la capital hispalense —sin resultados—, al tiempo que se intentaba hacer lo mismo en el domicilio del señor del Nido, lo cual no pudo llevarse a cabo por encontrarse este ausente del mismo. Todo ello viene a unirse al acto provocativo e infamante de Córdoba, hecho público y notorio por los medios de comunicación social, en el cual un comando anarquista pretendía volar la sede del Partido Comunista de España y achacárselo a Fuerza Nueva, lo cual fue impedido por la propia Policía, que detuvo a los miembros de dicho comando. Ante tales hechos y agresiones, ante la violencia asesina que no respeta ya ni a las mujeres ni a los niños, Fuerza Nueva asegura de una vez por todas: ¡SE ACABÓ! Si la autoridad no es capaz de asegurar el orden público, cuidar de la seguridad de los ciudadanos y persigue, siguiendo consignas, a nuestros militantes, Fuerza Nueva mantendrá la atención vigilante y el espíritu fuerte para defender lo que esta democracia no puede o no quiere vigilar ni defender. Nosotros, Fuerza Nueva, como se comprueba día tras día, no somos ni los terroristas ni los asesinos del pueblo español (9).

La razón de tal dejación de funciones, así como de la persecución emprendida contra FN, no eran porque Fuerza Nueva fuera un determinado partido político derechista; ni siquiera franquista (pues por entonces la mayoría de españoles se mostraba respetuosa con el régimen anterior). No creo tal aserto, pues soy de la opinión de que la causa real fue más bien por defender los ideales políticos que originaron el 18 de Julio; siquiera tras la victoria de 1939, tanto tradicionalistas como falangistas gobernaran parcialmente, pues solían encargarse solo de los ministerios de Trabajo, Agricultura y Justicia. Las demás carteras ministeriales, como es sabido, quedaron en manos de derechistas y personal apolítico: funcionarios, ingenieros, monárquicos alfonsinos, conservadores católicos, militares de graduación, etc.

Y es que los mismos parlamentarios que, en 1977 comenzaron a redactar la Constitución vigente, prohibieron las asociaciones secretas y las de carácter paramilitar. Con ello, los uniformes, los correajes y los desfiles terminaron desapareciendo, con lo que el atractivo propagandístico que ello suponía, terminó igualmente por extinguirse.

 

 

(1) Cf. Mediterráneo, (19.12.1969), Prensa y Radio del Movimiento, Castellón de la Plana, p. 6.

(2) Considerar como indicativo de que determinados actos violentos fueran efectuados por los GCR, por gritar simplemente ¡Viva Cristo Rey! constituye un craso error, pues ese grito fue adoptado por el catolicismo militante desde los años veinte, cuando se instauró por la Iglesia Católica la festividad de Cristo Rey, siendo el clamor, por ejemplo, con que morían los ejecutados por las tropas del gobierno mejicano durante la guerra cristera de 1926-1929.

(3) El autor del artículo da fe de ello. Año 1981.

(4) Cf. “El final de la tolerancia”, Blanco y Negro, (02.03.1977), Madrid, p. 23.

(5) Claro es que estamos seguros de que el secretario del PCE, al acusarnos como lo ha hecho, está a la vez actuando correctamente en la línea pactista con el Gobierno Suárez, empecinado en la persecución de Fuerza Nueva por su gran delito de no traicionar los juramentos libremente prestados, ser leales a los ideales por los que lucharon y murieron nuestros caídos y por mantener a cualquier precio la unidad de la Patria, además de defender en todo lugar y momento la bandera de España (cf. “El genocida nos llama terroristas”, Fuerza Nueva, Madrid [15.04.1978], pp. 1 y 5).

(6) Cf. Fuerza Nueva, (06.08.1977), p. 23.

(7) El mismo Perón había manifestado con sarcasmo qué entendían los peronistas por “tomar la calle”: Cuando hablan “hay que ganar la calle y mantener la calle”, yo me acuerdo con el sindicato de madereros… Hicimos preparar 300 garrotes así grandes, gruesos así, con un clavo en la punta, y dije: “Bueno, muchachos, hoy ganamos la calle”. Esa tarde dimos la orden, salimos 500… con quinientos hombres recorrimos Florida, rompimos todas las cabezas que encontramos y todas las vidrieras y todo; y al día siguiente éramos dueños de la calle… Fuente: youTube.

(8) Entrevista con Benedicto Laso, antiguo comisario de Policía, veranos de 2004-2006.                                                              (9) “Fuerza Nueva, ante la violencia separatista y marxista”, cf. Fuerza Nueva, (29.04.1978), p. 24.