El 23 de julio de 1936 Toledo está tomada por una chusma sedienta de sangre. Muchos de ellos son delincuentes excarcelados de las prisiones de Madrid y armados por el Frente Popular. El 23 de julio son detenidos, en el domicilio de un compañero del coronel Moscardó, su esposa y sus hijos Luis y Carmelo, que fueron encerrados en la Prisión Provincial, situada en el convento de San Gil, actual edificio ocupado por las Cortes de Castilla-La Mancha.

Un mes después fueron sacados de la prisión por milicianos del Frente Popular un número indeterminado de personas -se dice que entre sesenta y ochenta-, que fueron llevadas a diferentes y apartados lugares de Toledo para ser asesinadas por el único delito de ser sacerdotes, amigos o familiares de ellos, militares, asistir a misa o simplemente por haber sido delatados por gente de izquierdas, y en el caso de Luis Moscardó Guzmán ser hijo de quien mandaba las tropas defensoras del Alcázar.

Luis, maniatado junto con el Deán de la Catedral de Toledo, José Polo Benito (Salamanca, 1879) fue llevado al Paseo de Recaredo y fusilado de forma alevosa. Su cuerpo fue a parar a una fosa común y no pudo ser recuperado hasta finalizar la guerra.

El 27 de septiembre de 1941, cuando se conmemoraba el aniversario de la liberación del Alcázar, tras la celebración en la Catedral de un funeral por los caídos, los asistentes se trasladaron al Paseo de Recaredo, para inaugurar un sencillo monumento en recuerdo de Luis Moscardó y del resto de inocentes asesinados aquel 23 de agosto, que había sido colocado en las inmediaciones de la Puerta del Cambrón, en el lugar del fusilamiento. El monumento, cuyo autor era el coronel y arquitecto Eduardo Lagarde, restaurador de numerosos edificios de la ciudad, al frente de Regiones Devastadas y conservador del Alcázar, era un monolito constituido por un trozo de columna del Alcázar, que tenía por base un bloque de piedras rotas pertenecientes también a la fortaleza y colocadas sobre una plataforma de triple escalinata. En la citada columna estaba incrustada una cruz y bajo ella una plancha de bronce con la siguiente dedicatoria: A Luis Moscardó y sus compañeros de martirio. El Obispo don Gregorio Modrego bendijo el monumento y rezó un responso, a cuyo término desfilaron ante él las fuerzas militares.

Con el paso del tiempo la placa desapareció, aprovechándose la celebración del 75 aniversario de la liberación del Alcázar para colocar otra en su lugar el 24 de septiembre de 2011 con esta leyenda: A Luis Moscardó Guzmán y compañeros mártires, fusilados en este lugar el 23 de agosto de 1936.

Días después la placa fue destruida, quizá por los herederos de aquellos asesinos, y ya no se volvió a recuperar. Este hecho fue divulgado por la prensa, pero de poco valió, quizá si el personaje hubiese sido de izquierdas el deplorable hecho se hubiese discutido en las Cortes y el total de los diputados, por supuesto de todos los partidos, habrían lamentado el vil atentado y apoyado la recupera­ción del monolito.

Pocos meses después ganaba las elecciones el Sr. Rajoy, que mantuvo la ley de memoria histórica, quizá con el único fin de facilitar que sus oponentes siguiesen cometiendo todo tipo de tropelías amparados en tan trapacera memoria.

Pasaron los años y hace unos días hubo quien tuvo un recuerdo para aquellos ochenta españoles a los que enemigos despiadados arrebataron sin motivo la vida en la Puerta del Cambrón, y colocaron en el monumento una simple fotocopia en la que aparecían los retratos de Luis Moscardó y José Polo Benito, fijando bajo ella con cinta adhesiva un modesto ramo de flores. A las pocas horas ramo y fotocopia habían desaparecido.

No sé si estos hechos estarán amparados o permitidos por la ley de memoria histórica o tan solo se tienen en cuenta en ella los relativos a uno de los bandos. Sería conveniente que la señora Carmen Calvo lo aclarase, ahora que está tramando una más de sus acciones dirigidas, cómo no, a enfrentar aún más a los españoles.

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