Con cuarenta años, víctima de un ataque de uremia, fallecía en La Coruña el gran cantante Miguel Fleta. Miguel fue un extraordinario tenor, hoy ya mítico,  a pesar de su corta carrera, pues solamente estuvo en activo dieciocho años. En plena guerra civil, Miguel escapa del Madrid rojo hacia Segovia para posteriormente  ir a Salamanca. De la ciudad charra se traslada a La Coruña para descansar de la enfermedad que ya le afectaba. Militante de  la Falange Española de José Antonio desde 1934, puso su voz para grabar una magnífica versión de su  himno, el Cara al Sol, que todavía se conserva. Miguel vivió en La Coruña, alternado sus estancias en un piso en la céntrica plaza de Orense y en  una casa en Cambre.

Dotado de unas poderosas cualidades vocales, unió a ellas una genial intuición artística. Dominó como nadie las romanzas de zarzuela y las jotas. Miguel Burro Fleta, natural Albalate del Cinca, nacido en 1897, décimo cuarto hermano de una humilde familia, pastor en su años niños, conoció al jotero de estilo Cecilio Navarro quien a su vez le presentó a Miguel Asso que quedó fascinado por su voz y lo inició en el canto. Admitido como alumno del Liceo de Barcelona, conoce a Luisa Pierrik, profesora del Liceo, quien se enamora locamente de su alumno y con  quien Fleta va a tener un hijo. La tormentosa relación de siete años con su profesora, la cual le obligó a realizar cinco cursos de estudios en solo dos, va a destrozar a un Miguel Fleta ingenuo, bondadoso, de veinte años, que cambió, en corto espacio de tiempo, la rudeza del pastoreo por la fama y popularidad más irresponsable.

Derrochador de dinero, en la cresta de la ola, con  éxitos incontestables en París, Scala de Milán, Roma, La Habana, Colón de Buenos Aires, Metropolitan de Nueva York, Teatro Real de Madrid, Liceo de Barcelona, así como  innumerables grabaciones discográficas, vio como en unos años, su fortuna se esfumaba. En 1925 canta por primera vez en La Coruña en el teatro Linares Rivas. El éxito que cosechó fue inenarrable llevándole los aficionados a hombros hasta el hotel Atlántico donde se alojaba.

Un año más tarde Fleta vuelve a La Coruña para cantar en la plaza de toros. El coso taurino se abarrotó con más de dieciocho mil personas, quedándose más de diez mil espectadores a las puertas sin poder escuchar la voz prodigiosa del aragonés que estuvo acompañado por las cantantes Juanita Fabra y Matilde Revenga. Aquella veraniega noche del uno de agosto, Miguel Fleta, con sus magníficos registros vocales, entusiasmó al público que obligó  al tenor aragonés  a bisar varios de los números del programa. De la plaza los aficionados salieron entusiasmados, después de que Fleta finalizase su vibrante actuación con las jotas  “Te quiero Morena” de la zarzuela “El Trust de los Tenorios” del maestro Serrano; La gran jota de la ópera “La Dolores” de Feliu y el maestro Tomás Bretón y una jota dedicada a La Coruña, escrita por Morales y que cantó Fleta en medio del delirio popular.

En 1927 conoce a Carmen Mirat con quien se casará en Salamanca. Los teatros se le quedaban pequeños y tuvo que recurrir a cantar en plazas públicas, cosos taurinos o jardines de palacios. Entregado a su público, nunca fue capaz de negarle nada. Inconscientes fines de fiesta, que una vez terminada la actuación se prolongaban en cafés y hoteles, Miguel derrochó energía y se olvidó completamente de su salud. Eso le pasó una enorme factura.

En 1930 sufre un gran quebranto económico ya que el Metropolitan de Nueva York, que le había denunciado por incumplimiento de contrato, consigue por sentencia cobrar de Fleta 20.000 dólares. Se le diagnostica por primera vez la enfermedad renal que padece. Aun así, realizará nuevas giras, pero su merma física ya es considerable.

 

1936 Miguel Fleta con la Camisa Azul de Falange Española.

En 1934 Miguel conoce a José Antonio Primo de Rivera, en una de aquellas cenas de Carlomagno que organizaba el fundador de la Falange   y se afilia  a Falange Española. 

En el período que va de 1934 a 1936 intensifica su actividad política reduciendo la artística. Fleta es nombrado profesor de canto del conservatorio madrileño y cuando el gobierno de Casares Quiroga declara ilegal a la Falange y detiene a sus principales mandos, Miguel se esconde de casa en casa por el Madrid frente populista de la primavera trágica de 1936. Enfermo logra salir de la capital de España trasladándose  a Segovia. En el Espinar se integra en una columna del ejército Nacional. De seguido Miguel intervendrá en numerosos festivales a beneficio del Auxilio social y cantará en diferentes frentes a los soldados de Franco, popularizando una jota que ha pasado a la posteridad:

“Si al grito de Viva España

Con un Viva  no responde

Si es hombre no es español

Y si es español no es nombre” 

Durante año y medio va a recorrer los frentes cantando para los soldados del Ejército Nacional,  iniciado sus actuaciones en Guadarrama para la columna del coronel Serrador que se bate bravamente en el alto de los Leones.

 

1936 Miguel Fleta canta apara los soldados de la Columna del Coronel Serrador en el puerto de Guadarrama.

En 1937 fijará su residencia en la Coruña y actuará ese año en el teatro Rosalía de Castro coruñés como homenaje al ejército Nacional. Su última actuación se produce en Lisboa donde canta Carmen de Bizet.

El grandioso tenor,- nadie ha cantado como él, el Ay, ay, ay del chileno Pérez Freire-, encontraba la paz de Dios a las siete y media de la tarde de un 29 de mayo de 1938 en su domicilio de la Plaza de Orense de la Coruña. A los pies de su cama, acompañándole en sus últimos momentos, estaba su hermano político Antonio Mirat, su sobrino Mariano Márquez Burro, el superior de los Jesuitas García Herrera  y el doctor coruñés Rafael Fernández Obanza, “Felucho” que lo atendió con insuperable profesionalidad y cariño.

Al día siguiente La Coruña se echó en masa a las calles para despedir al gran tenor.  Antes de la hora del inicio del entierro, la plaza de Orense, donde se hallaba la casa del gran Fleta, se llenó de gentes de todo tipo y condición, destacando la presencia, además de las primeras autoridades, de una gran cantidad de miembros de Falange y de las corales gallegas y de la sociedad filarmónica.

El féretro de Miguel Fleta, envuelto en las Banderas de España y Falange Española, fue bajado a  hombros por miembros de las milicias de Falange, que lo trasladaron, relevándose, por las calles del centro de la ciudad. El cortejo lo abrieron muchachas de la Sección Femenina coruñesa que portaban numerosas coronas y ramos de flores. Tras ellas el furgón funerario. Luego el féretro de Miguel Fleta. Tras él el clero, la presidencia  en la que se hallaban el gobernador Civil Muñoz de Aguilar; presidente de la Diputación señor De las Casas; alcalde de la ciudad González Regueral y otras autoridades militares y civiles, así como los familiares del gran tenor y las directivas de la filarmónica y el orfeón  El Eco. Cerraban el cortejo una formación de milicias de Falange y numerosos automóviles.

Tras recorrer los Cantones al llegar a la Rúa Nueva, el féretro fue introducido en el furgón fúnebre, que lo trasladaría al cementerio  de San Amaro. El féretro fue bajado a  hombros por camaradas de Falange y depositado en el nicho 228 del segundo departamento. Despedirían  el duelo el alcalde de La Coruña y  el gobernador civil, que cerraría su intervención con esta copla:

“La Virgen del Pilar dice:

Dile  Franco si lo ves

Que ya su triunfo es seguro

Porque lucho yo con él”

Julio Muñoz de Aguilar invocó a Fleta con los gritos de ¡Miguel Fleta! ¡¡Presente!! ¡¡Viva Franco!! ¡¡Arriba España!! 

Finalizada la guerra española, en mayo de 1941, coincidiendo con el tercer aniversario de su muerte  los restos de Fleta  fueron exhumados del cementerio de San Amaro y trasladados al cementerio zaragozano de Torrero. En una ceremonia sencilla con  la asistencia de la viuda e hijos, amigos íntimos y los miembros de la Comisión  “Miguel Fleta” llegada desde Zaragoza. En el momento de la exhumación se rezó por parte del capellán del Cementerio un responso. Tras ello los restos del inolvidable cantante salieron por carretera en dirección a la capital aragonesa donde recibieron cristiana sepultura.

El día 29 de Mayo de 1959, sus restos se trasladaron, colocándose de forma definitiva, en el propio cementerio de Torrero,  en un panteón, muy próximo al del político Joaquín Costa.

  

Placa inaugurada en 1984, que recuerda el fallecimiento en La Coruña del gran tenor Miguel Fleta.

En 1984 el alcalde de La Coruña Francisco Vázquez, junto a  Javier Fleta, hijo del recordado tenor, descubrió una placa recuerdo en la fachada de la casa donde había fallecido Miguel Fleta en 1938. El acto contó con la presencia de numerosos concejales, y una gran cantidad de coruñeses. El alcalde Vázquez glosó la figura de Fleta, Por su parte Javier Fleta en nombre de la familia, agradeció al ayuntamiento de La Coruña y a su alcalde, el gesto de homenajear a su padre. Un miembro de los coros del Ejército Ruso, que se hallaba en esos instantes actuando en La Coruña, acompañado por tres acordeonistas de la formación soviética, interpretó la canción “Amapola”. Al final la  Banda de música Municipal de La Coruña interpretó el Himno Nacional.

En el año 1988 al cumplirse los cincuenta años de su muerte, el Sporting club Casino y la Coral polifónica El Eco, organizaron un homenaje en recuerdo de tan excepcional cantante. Los presidentes del Sporting club Casino y del Eco, José González Dopeso y Roberto Moskowich, colocaron una corona de laurel ante la placa ubicada en la casa de la plaza de Orense, que perpetúa el fallecimiento del llorado divo aragonés. A las ocho y media de la noche, en los salones  del Casino, se celebró una velada que abrió el vocal bibliotecario de la sociedad, Manuel Rodríguez Maneiro, recordando la figura de Fleta. El orfeón El Eco, ante una sala abarrotada de público, interpretó una gran selección de obras de zarzuela y gallegas en homenaje y añoranza a aquella voz inolvidable.