Durante los días 23 al 30 de abril de 1913 se produjo un acto de afirmación carlista que merece ser recordado. Nos referimos al traslado de las cenizas de Rafael Tristany desde Lourdes (Francia) a Ardévol, su pueblo natal. La familia Tristany es un ejemplo de fidelidad a la causa carlista. El acto fue organizado por Juan María Roma. En Lourdes se concentraron más de 10.000 carlistas. Entre los dirigentes debemos destacar al Marqués de Cerralbo, a Víctor Pradera, al Duque de Solferino y a los señores Pascual Pérez, Llorens, Balaustegui, Gaytán de Ayala, Gelabert, Argemí y Sugrañes. Presidió aquel acto don Jaime de Borbón. ¿Qué motivo aquella peregrinación? Fundamentalmente fueron a Lourdes para postrarse a los pies de la Virgen Inmaculada; para rendirle homenaje a Rafael Tristany; y para conocer a don Jaime de Borbón.

 

La noche del 23 de abril se ofició un acto de salutación a la Virgen Inmaculada. Los allí congregados supieron que don Jaime había ido hasta Lourdes para acompañarlos en aquel emotivo acto de reconocimiento a la figura de Tristany. Al conocer la noticia, todos quisieron saludarle. Don Jaime se hospedaba en casa de Miguel de Torres. Allí se dirigieron todos para mostrar su reconocimiento al hijo de Carlos VII. Un cronista de la época cuenta que:

 

“Desde las seis de la mañana del día 24, fue tan imponente el concurso que, sobre resultar insuficientes los incontrolables confesores esparcidos alrededor de la iglesia del Rosario, fue preciso a las seis y media comenzaran tres sacerdotes el reparto del Pan Eucarístico. Fue imposible plática alguna, pues no cesaba el desfile de jaimistas de todas las regiones, y no era posible la mucha retención de grupo alguno en el interior del Templo”.

 

El proceso de traslado de las cenizas de Rafael Tristany duró más de medio día. La gran multitud de carlistas allí reunidos impidió que el acto se realizara con la celeridad deseada. A pesar de estar escoltado por los requetés y la gendarmería francesa y, por supuesto, con el debido permiso del gobierno francés, don Jaime no pudo hablar a los miles de carlistas allí reunidos. Esto motivo una decepción, aunque no total. Muchos de ellos, por no decir la inmensa mayoría, tuvieron bastante con poderle saludar. Se cuenta la anécdota que un carlista navarro al ser informado que muy probablemente no vería al Rey, pues se estaba haciendo tarde, replicó: “¿Qué no le veré? Antes pego fuego a la casa y ¡verás si sale! y lo recojo en cualquier ventana”.

 

El día 25 de abril se inició con una misa de Comunión organizada por el jaimismo catalán. Después se llevó a cabo el solemnísimo Oficio en la capilla del Rosario. Antes de partir se rezó el Vía Crucis. Los dos trenes que viajaban hacia Barcelona partieron de la estación a las 20:50 y 21:10 de la noche del viernes 25 de abril. A su paso por Portbou, Figueras, Gerona y Granollers, muchos carlistas homenajearon el convoy con las cenizas de Tristany. Aquel acto de traslado movilizó a todo el carlismo catalán, que se volcó en pos de su difunto general.

 

El convoy llegó a la estación de Francia, en Barcelona, a las siete y doce minutos del sábado 26 de abril. Para que el carlismo catalán pudiera rendirle pleitesía al general Tristany, se adecuó un furgón como capilla ardiente. A su llegada, ocho veteranos sacaron el ataúd en hombros, trasladándolo al furgón. Allí lo cubrieron con la bandera del Centro Regional de Veteranos Carlistas. El clero parroquial de Santa María del Mar cantó un responso y, una vez terminada la ceremonia religiosa, se formó una comitiva para el traslado de los restos desde la estación de Francia a la del Norte. La manifestación desbordó todas las previsiones. Alrededor de ocho mil jaimistas acompañaron los restos de Tristany de una estación a otra.

 

Los restos de Tristany permanecieron en la estación del Norte hasta el domingo 27 de abril. Ese día fueron trasladados hasta Manresa. Acompañaron el féretro las principales autoridades del carlismo catalán, encabezadas por Manuel de Llanza y Pignatelli de Argón, duque de Solferino y unos cuatrocientos jaimistas barceloneses. Como ocurriera de Lourdes a Barcelona, la

multitud se agolpó en las estaciones por donde pasó el convoy. Los veteranos que habían custodiado el féretro hicieron entrega de este a los veteranos de Manresa. Como en Barcelona, Manresa organizó una manifestación de homenaje a Tristany. Desde la estación el féretro fue conducido a la Catedral, donde se celebró una misa de cuerpo presente, cantando la capilla de música. Terminadas las exequias el féretro fue depositado en un coche, el cual había sido adornado por Pablo Ferrer y Miguel Vallbona, bajo la dirección de Francisco Cuixart, profesor de dibujo de la Escuela de Artes y Oficios de Manresa.

 

De Manresa la comitiva fúnebre se dirigió hacia Suria. Al coche fúnebre le seguía otro en el cual estaban: el Duque de Solferino; el reverendo Espinós, capellán de Lourdes; Juan María Roma; el señor Puiggrós, de la junta provincial de Barcelona; Miguel de Torres; el reverendo Balil, delegado de los jaimistas manresanos; el veterano carlista barcelonés Canes; el reverendo Closa, de Solsona; y el señor Caubet, secretario del Patronato Tradicionalista de Solsona. En Suria el reverendo Mateo Morist y los vicarios cantaron un responso mientras se descendía el féretro del automóvil para colocarlo en una tartana, la cual llevaría los restos de Tristany a Cardona. En Cardona se repitió el mismo ritual que en los restantes pueblos donde la comitiva había parado. Esto es, se celebró un solemne responso por el alma del general Tristany. De Cardona partió la comitiva hacia Solsona, donde llegaron casi a las once de la noche.

 

El cadáver de Tristany reposó aquella noche en el Convento de la Enseñanza. A las once de la mañana del lunes 28 de abril se celebró una misa en sufragio por su alma. A ella asistieron Juan A. Tristany, Juan Tristany, Modesto Figueras y Manuel Vendrell, estos últimos sobrinos políticos de general. Una vez finalizado el oficio, la comitiva puso rumbo hacia el Santuario benedictino de El Miracle. Allí los restos del general fueron recibidos por Eloísa Tristany de Folguera, sobrina del finado y residente en el Caserio del Miracle. El féretro descansó aquella noche en El Miracle. De siete a nueve de la noche velaron el cadáver los veteranos carlistas, de nueve de la noche a cuatro y media de la madrugada los Padres Benedictinos y de cuatro y media a las siete de la mañana los veteranos.

 

Después del rezo del Santo Rosario se rindió homenaje a la imagen de Nuestra Señora del Miracle. A las seis de la mañana se ofició una misa de cuerpo presente de sufragio por su alma. Una vez terminada se depositó el féretro en una tartana que debía conducirlo hasta Ardévol, pueblo natal del general y final de aquel emotivo y patriótico peregrinaje.

 

En Ardévol se concentraron más de mil personas para rendirle el último adiós al general carlista. Una banda ejecutó la Marcha Real. Abrió la marcha la banda de música La Lira de Solsona; les siguieron más de cuarenta sacerdotes de los pueblos y parroquias de los alrededores, quienes cantaron un responso. El féretro fue entrado en la iglesia de Ardévol mientras las campañas doblaban a muerto.

 

Acto seguido dio comienzo los funerales corpore insepulto. Celebró la misa el reverendo Ramón Mascaró, párroco de Sú, el cual había sido capellán del batallón de Guías de Tristany, asistido por el reverendo Jaime Felip, párroco de Pinós y el reverendo Martín Codina, párroco de Llanera. Ocuparon las sillas de duelo el reverendo Jaime Canardona, Arcipreste de Mollerusa; Pedro Pesarrodona; Juan A. Tristany; Juan Tristany, hijo del anterior; Eloisa Tristany; Teresa Ramells; José Miralles; Manuel Vendrell; Rafael Oliva; Ramón Casas y José Casas.

 

Una vez finalizada la misa, el féretro fue trasladado al cementerio de Ardévol. Éste fue depositado en la capilla del cementerio y, durante todo el día, desfilaron numerosos jaimistas, los cuales deseaban prestar su último tributo al ilustre general de los ejércitos carlistas. Los restos mortales de Rafael Tristany fueron enterrados en el panteón familiar el miércoles 30 de abril de 1913. En la lápida se puede leer:

ACI REPOSEN LES DESPULLES

DEL QUI FOU INSIGNE CAPITÀ GENERAL

I DEFENSOR DE LA CAUSA CARLINA

EN RAFEL TRISTANY I PARERA

BARÒ I SENYOR D'ALTET,

COMTE D'AVINYÓ

I MARQUÈS DE CASA TRISTANY

FILL PREDILECTE D'ARDEVOL

MORÍ A L'EXILI A LOURDES(FRANÇA)

EL 17 DE JUNY DE 1899

I TRASLLADAT A AQUEST CEMENTIRI

EL 30 D'ABRIL DE 1913

 

Aquí reposan los restos del que fue insigne capitán general y defensor de la causa carlista Rafel Tristany y Parera, barón y señor de Altet, conde de Avinyó y marqués de Casa Tristany, hijo predilecto de Ardévol, murió en el exilio en Lourdes (Francia)el 17 de junio de 1899 y trasladado a este cementerio el 30 de abril de 1913

 

Finalizaremos este homenaje al general Rafael Tristany con las palabras pronunciadas por Juan María Roma:

 

“Ante este cadáver yerto y frío juremos no abandonar la bandera santa que él tremolara en los campos del honor en defensa de su Dios, de las libertades de su Patria y del derecho del Rey, despojado por la Revolución de la corona que debieron ceñir sus sienes en provecho de nuestra España infortunada”.