Nuestra memoria histórica

La Casa-Noviciado y la Escuela-Parroquial, creada en 1933, que regentaban los Marianistas de Elorrio (Vizcaya), fue objeto de atropellos y violencias por parte de los rojos-euskadianos.

Dejemos que nos cuenten los hechos los propios religiosos: “Esta escuela era estimada en alto grado por la parte más sana de la parroquia, al paso que atrajo sobre ella el odio de los nacionalistas, que aprovecharon la ocasión que les ofreció la guerra para suprimirla”.

Los Marianistas no se mezclaron nunca en la lucha de los partidos. Sin embargo, fueron encarcelados todos ellos; los ocho que conformaban la Comunidad, más tres refugiados procedentes de otras comunidades, más cinco que eran gudaris, movilizados por el Gobierno de Bilbao; más dos sacerdotes traídos arbitrariamente de Las Arenas.

“En total -siguen contando los religiosos- fueron detenidos 18 marianistas. Todos, menos uno, llegaron a la cárcel de Larrínaga, quedándose en ella hasta el fin 13, entre ellos el P. Superior y el Director de la Escuela”.

El pretexto de aquella intervención fue que alguien vio unos bultos sospechosos que metieron en la casa a la caída de la tarde del 19 de diciembre de 1936. Cuando se trataba de unos productos que llevó el hortelano al terminar el trabajo diario. La intervención policial no encontró ni armas ni municiones, ni documentos comprometedores, como propagaron los nacionalistas, porque había un complot y un turbio asunto de espionaje.

“Así, pues, fuimos encarcelados injustamente, tratándonos desde un principio con altanería y unos modos nada tranquilizadores. A varios  les esposaron y amenazaron de muerte, además de tratarnos del modo más canallesco e indecente, en varias ocasiones, en especial al Padre Superior, al que persiguieron de modo especial, dejándole incomunicado ocho días, en pleno invierno, en el peor calabozo del pueblo; diez días más en una casa del pueblo que hacía de cárcel, y otros nueve en una celda de castigo de la Dirección General de Seguridad que medía 4 m2, no sabiendo nunca si era día o noche, y no pudiendo estar más que de pie o sentado. También le insultaron de modo grosero y soez, y le amenazaron de muerte. Y cuando le trasladaron a la prisión de Larrínaga, exclamó: ¡Bendito sea Dios, aquí al menos se puede vivir!”.

Al se detenida la Comunidad destinaron sus instalaciones a cárcel y después a centro de Asistencia Social, quedándose los que les detuvieron con todo lo que en la casa tenían. Los novicios, eran todos menores de edad y fueron echados a la calle, siendo recogidos por caridad en algunos caseríos del Valle de Arratia.

He aquí los nombres de los religiosos y novicios perseguidos:

Del Colegio de San Sebastián los capellanes: P. Abdón Pereda, P. Jenaro Marañón y P. Eugenio López de Torre.

  1. Eusebio Araico, capellán del Noviciado de Elorrio.
  2. Fermín Fernández, profesor y director de la escuela parroquial y D. Cándido Urteaga, profesor del mismo centro.
  3. Basilio Arana y D. Marcelino Juez, del Noviciado.

De otras Comunidades: D. Fernando Carrillo (Vitoria), D. Jesús Elorza (San Sebastián), D. Moisés Sáenz de Urteri (Madrid), D. Eugenio Salazar, D. Gerardo Samaniego (San Sebastián).

Gudaris movilizados por las quintas: D. Francisco Laisna, D. Guillermo Díez, D. Félix González, D.Victoriano Mateo y D. José María Ruiz.

Menores del Noviciado: Daniel Armentia, Rafael López, Manuel Arregui, José Luis Bermeo, Pablo Camarero, Esteban Cueva, Emiliano Fernández, Tomás Herreros, José López Ibañez, Víctor Lete, Lorenzo Moraza, Rufino Muez de Baroja, Julio Octiva, Benito Pinedo, Valentín Velasco y Ángel Cañas.

“Destrozaron y robaron todos los crucifijos que teníamos en la casa -cuenta el religioso- Los teníamos en una caja para sacarlos y esconderlos, pero no nos dio tiempo. Las estatuas y ornamentos, vasos sagrados y custodias, pudimos salvarlos al ocultarlos en lugar seguro. En cambio se apoderaron de los vestidos talares, bonetes y sombreros, que llevaron públicamente los milicianos por las calles, para hacer befa de la Religión, sin que los nacionalistas protestaran en ninguna ocasión de semejantes iniquidades”.

Todos los hechos que hemos relatado y otros más, aparecen recogidos en escritos firmados y rubricados, en fecha 22 de febrero de 1938, por el P. Abdón Pereda, el Superior de los Marianistas.