El sábado 24 de julio de 1909, año Santo Jacobeo al coincidir la festividad de Santiago en domingo, el Rey D. Alfonso XIII realizó su segunda visita a La Coruña, paso previo para dirigirse a Santiago de Compostela a postrarse a los pies del Apóstol y realizar, el día 25, la tradicional ofrenda nacional ante el Patrón de España.

Al contrario que sucediera en su anterior visita en 1900, el Rey no llegó a la ciudad por mar, lo hizo por vía férrea entrando por la llamada Estación del Norte, la mañana de aquel sábado de julio.

Como en la ocasión anterior, La Coruña se preparó a conciencia para la regia visita y los fastos se sucedieron durante las horas en las que el monarca permaneció en la ciudad.

Se adornaron las farolas y marquesinas de las calles con banderas y gallardetes; las casas se engalanaron con colgaduras; se levantaron arcos triunfales en las calles Fernández Latorre y Real, así como en la plaza de la Constitución bajo los que discurriría el itinerario de la comitiva real. Se instalaron tribunas para los invitados a algunos de los actos que presidiría el monarca y a la ciudad comenzaron a llegar distintas Autoridades de la Nación, así como gran cantidad de forasteros que llenaron la totalidad de los hoteles. En resumen, la animación en La Coruña era indescriptible a la espera de la llegada del Rey.

En el puerto, se encontraban los Contratorpederos de la Armada “Terror” y “Audaz” y el Cañonero “Marqués de Molins”, así como los Acorazados de la Marina Imperial alemana “SMS Braunschweig” y “SMS Lolhringen”, de visita en la ciudad.

Y por fin, llegó el esperado día 24 que amaneció soleado y con una temperatura agradable. Desde las siete de la mañana, las Músicas del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, de guarnición en la ciudad, así como las de Infantería de Marina y del Regimiento de Infantería “Zamora” nº 8, ambas provenientes de Ferrol, se encargaron de despertar, con sus airosas marchas, a la población que se echó a las calles, abarrotándolas.  

El Rey, llegó a la Estación del Norte coruñesa, a las ocho en punto de la mañana del día 24, siendo recibido por las primeras Autoridades de la ciudad, rindiéndole los honores reglamentarios una Compañía del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, mientras, tanto desde la plaza -una Batería del 3º Regimiento de Artillería de Montaña-, como desde los buques españoles y alemanes, surtos en el puerto, se disparaban las salvas de ordenanza.

Don Alfonso XIII en la Estación del Norte de La Coruña (1909)

Formada la comitiva real, en la que figuraba, además de un Escuadrón del Regimiento de Cazadores de Galicia nº 25 de Caballería, la Sección ciclista el Regimiento “Isabel la Católica” que escoltaban a los vehículos y carruajes que conformaban la caravana, el Rey y su séquito, en el que figuraba Antonio Maura, Presidente del Consejo de Ministros, se dirigieron al centro de la ciudad.

Las aceras y los balcones estaban abarrotados y las aclamaciones al Rey se sucedieron a lo largo del itinerario que recorrió la avenida de Linares Rivas, popularmente conocida como “Garás”, Sánchez Bregua, Cantones y calle Real, pasando bajo los arcos que en su honor se habían levantado, dirigiéndose a la iglesia de San Nicolás donde se ofició un Te Deum.

A la conclusión del Oficio religioso, el monarca y su séquito, se dirigieron, por las calles San Nicolás, Bailén, Riego de Agua, Angeles, Damas y Azcárraga, al Palacio de Capitanía donde, a las diez de la mañana, se celebró la recepción oficial.

Concluida la recepción, el Rey, se trasladó a una tribuna levantada en los Cantones, en las proximidades del Obelisco, desde donde presenció un desfile en el que participaron más de cincuenta vehículos de diferentes marcas y modelos. A la conclusión de esta parada automovilística, organizada por la Real Asociación Automovilista, el monarca se dirigió al Palacio de la Diputación Provincial, situado en Riego de Agua, donde, poco después de las doce de la mañana, se sirvió un almuerzo.

Concluido el almuerzo, a las dos de tarde, el Rey partió por carretera con dirección a Santiago de Compostela, donde en la jornada siguiente presentaría la tradicional Ofrenda Nacional al Apóstol.

Sin embargo, la estancia de D. Alfonso XIII en nuestra ciudad, no concluyó en la jornada del 24 ya que, tras su visita a Santiago, a Betanzos y a Ferrol, el Rey regresó, a las dos de la tarde del 26, por mar a La Coruña, a bordo del Contratorpedero “Terror”, escoltado por los de igual clase “Osado” y “Audaz” y desde el puerto se trasladó a la Estación del ferrocarril desde donde emprendió el viaje de regreso a Madrid.

Fueron muy escasas las horas en las que D. Alfonso XIII permaneció en la ciudad, sin embargo, fueron suficientes para que el pueblo coruñés demostrase su cariñosa adhesión al monarca.

El Acorazado alemán “Braunschweig”

Como hemos señalado, en aquellos días se encontraban de visita por diferentes puertos de Galicia -La Coruña, Ferrol, Villagarcía y Vigo-, así como en otros del Cantábrico -Bilbao y Santander-, las diferentes unidades navales pertenecientes a la 1ª y 2ª Escuadras del Imperio alemán. En total, dieciséis Acorazados, nueve Cruceros y otros buques menores.

Con relación a los dos Acorazados surtos en aguas coruñesas -“Braunschweig” y “Lolhringen”-, pertenecían a una clase integrada por un total de cinco unidades cuya cabeza de serie era el  “Braunschweig”, construidas entre 1901 y 1902 y entregados a la Marina alemana entre 1904 y 1906. En este Acorazado, enarbolaba insignia el Contralmirante Gühler, Comandante de la 2ª División Naval.

Estos Acorazados, clasificados como pre-dreadnought, desplazaban entre 14.167 y 14.394 tn. Su eslora era de 127,71 m., 22,25 de manga y 8,10 de calado. Disponían de tres máquinas de triple expansión, seis calderas y tres hélices que le proporcionaban una potencia de 17.000 cv, alcanzando los 18 nudos de velocidad. Iban armados con cuatro caños de 280 mm., catorce de 170, otras piezas menores y seis tubos lanzatorpedos de 457 mm. Su dotación era de 743 hombres.

En cuanto al Contratorpedero “Terror”, de nuestra Armada, gemelo de los “Osado” y “Audaz”, formaban parte de una clase integrada, además de por los mencionados, por los “Furor”, “Plutón” y “Proserpina”.

Construidos en Glasgow, causaron alta en la Armada entre 1896 y 1898, poco antes del inicio de las hostilidades con Estados Unidos. Desplazaban 450 tn., con una eslora de 69,79 m., una manga de 6,80 y un puntal de 4,20. Disponían de dos máquinas con una potencia de 7.500 cv. y una velocidad de 30 nudos. Iban armados con dos cañones Nordenfelt de 57 mm. y dos tubos lanzatorpedos de 350 mm. Su dotación era de 65 hombres. Fueron dados de baja entre 1924 y 1925.

El “Terror”, formó parte de la Escuadra del Almirante Cervera, si bien, en lugar de dirigirse a Santiago de Cuba, se dirigió a San Juan de Puerto Rico donde se enfrentó con bravura contra dos Cruceros auxiliares norteamericanos, siendo alcanzado por el “USS St. Paul” que lo dejó fuera de combate, viéndose obligado a retirarse a San Juan donde fue reparado, regresando seguidamente a España.

El Contratorpedero “Terror”

Los “Osado” y “Audaz”, formaron parte de la Escuadra de Reserva al mando del Almirante Manuel de la Cámara que zarpó de Cádiz el 16 de junio de 1898, dirigiéndose al Canal de Suez con el fin de atravesarlo y poner rumbo al archipiélago filipino. Sin embargo, merced a la intervención interesada de los ingleses, se dilató la autorización para atravesar el Canal y cuando nuestros barcos pudieron hacerlo ya era demasiado tarde ya que el Almirante Cervera había sido derrotado en Santiago de Cuba y la guerra había concluido.

Hay que recordar que, dos buques de esta misma clase, el “Furor” y el “Plutón”, se perdieron en la acción de Santiago de Cuba sin que, en momento alguno, dejasen de dar cara ante un enemigo infinitamente superior.

El Cañonero “Marqués de Molins”, pertenecía a la clase “Temerario”, autorizándose su construcción en los Astilleros Vila y Cia. de La Graña (Ferrol), en 1887, causando alta en la Armada en 1894. Desplazaba 579 tn., con una eslora de 58 m., 7 de manga y 4,22 de puntal. Disponía de dos máquinas verticales que le proporcionaban una potencia de 2.600 cv, pudiendo alcanzar una velocidad de 20,5 nudos.

Iba armado con cuatro cañones de 57 mm., y otras piezas menores. Su dotación era de 80 hombres. Su baja se produjo en 1921.

Como dato histórico señalar que, en este año de 1909, nuestro Ejército se encontraba combatiendo en la llamada Guerra de Melilla, comenzada unos días antes. De hecho, en la jornada del 22, había partido para el teatro de operaciones, desde La Coruña, la 4ª Batería del 3º Regimiento de Artillería de Montaña, con base en cuartel coruñés de San Amaro.

Volviendo a la visita regia, todavía, años después, concretamente el septiembre de 1927, el Rey Don Alfonso XIII, regresaría a La Coruña, pero esa es otra historia que contaremos en otra ocasión.