Lo que aquí se cuenta en este apartado es el resumen de lo que escribí nada más dejar a Torcuato Fernández Miranda el día 10 de diciembre de 1978, a los pocos días de haberse aprobado la Constitución Española en referéndum con su voto en contra. Fernández Miranda llegó a ser ministro secretario general del Movimiento y vicepresidente del Gobierno con Franco. Además, el día que asesinaron a Carrero Blanco, 20 de diciembre de 1973, ocupó interinamente la presidencia del Gobierno hasta el nombramiento de Carlos Arias Navarro. Tras la muerte de Franco, Torcuato volvió en 1976 a la vida pública como presidente de las Cortes. 

Fue él quien, como presidente del Consejo del Reino, llevó ante el rey Juan Carlos la terna de la que salió como presidente de España, Adolfo Suárez. En 1978, como senador por designación real, tuvo un enfrentamiento personal con Suárez por el artículo 2 de la Constitución. Murió en Londres la noche del 17 al 18 de junio de 1980, aniversario de la famosa batalla de Waterloo. Fue uno de los grandes personajes de la historia de España del siglo XX y un gran conocedor del personaje Franco. 

Por eso, ese día, le pedí a mi admirado Torcuato Fernández Miranda (a la postre un gran amigo) que me diese su opinión sobre Franco. Torcuato, antes de responder, se quedó callado unos segundos... hay que decir, tengo que decir, que la mente del asturiano ha sido la más profunda que he conocido y la mejor amueblada, y la más racional, y las más sibilina, y la más complicada y la más rotunda... (¡vamos, un genio!)... y cuando habló me dijo: 

 - ¿Y de qué Franco quieres que te hable?... Porque en mi criterio hubo varios y muy diferentes Francos. 

- ¡Por favor, Torcuato, no empieces! 

Sí, hombre, sí..., hubo un Franco militar, y aun en lo militar, hubo tres Francos: el africanista y general más joven de Europa que llega hasta el cierre arbitrario de la Academia General de Zaragoza por decisión de Azaña; el de la República, que resuelve la revolución-golpe de Estado de 1934 y, el Franco de la Guerra Civil. Además hubo un Franco político y también aquí, hay que separar unos cuantos Francos: el de 1939 a 1960; el del Desarrollo, que termina con la desaparición de Carrero Blanco, y el del entorno familiar y el declive (el Franco más parecido, sin hacer comparaciones, con Napoleón) ... y hubo un Franco intelectual, quizá el menos conocido. 

- Joder, Torcuato, una vez más me dejas grogui. 

- Pues, dime de qué Franco quieres que te hable. 

- Hombre, puestos así y siendo tú el que hablas, prefiero que me hables del Franco intelectual. 

- Bueno, verás. En esto también hay variantes porque antes tenemos que ponernos de acuerdo sobre lo que es un intelectual. Si por intelectual se entiende la persona que tiene títulos y doctorados y vive de eso, Franco no era un intelectual; ahora bien, si intelectual es la persona que tiene hambre de saberes y conocimientos y estudia y lee todo lo que merece la pena, Franco fue un intelectual, porque no he visto una persona más preocupada por saber que el Generalísimo. A mí me traía loco en los despachos, pues en cuanto le informaba de los asuntos que le llevaba como ministro, se pasaba a la teoría política, al pensamiento y a la literatura. Y por ahí vino mi sorpresa, porque comprobé que Franco lo había leído casi todo. Sobre todo a los de la Generación del 98, y los textos de Ortega se los conocía en profundidad... y conocía a Tolstoi, a Balzac, a Spengler, a Kant (sí, sí, a Kant), a Marx... (un día nos pasamos medio despacho hablando de Lenin y la revolución rusa)... ¡Ah, y una cosa que recuerdo muy bien fue su veredicto sobre los Machado! Me estaba hablando aquel día de lo que es una Guerra Civil y de pronto, se levantó y buscó algo en una librería, y cuando volvió a sentarse me soltó sobre la mesa unos folios y dijo: 

- Mire, Miranda (siempre me llamaba así), esto es una guerra civil... 

Yo cogí aquellos folios y lo que vi fueron los textos de dos Sonetos de Manuel Machado (“Al capitán José Antonio y al Generalísimo Franco”), firmado por Manuel Machado, y otro que se titulaba “Soneto al capitán Líster”, firmado por Antonio Machado. Y naturalmente leí los tres sonetos.

A LÍSTER, JEFE EN LOS EJÉRCITOS DEL EBRO

Tu carta -oh noble corazón en vela,
español indomable, puño fuerte-,
tu carta, heroico Líster, me consuela,
de esta, que pesa en mí, carne de muerte.

Fragores en tu carta me han llegado
de lucha santa sobre el campo ibero;
también mi corazón ha despertado
entre olores de pólvora y romero.

Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro, y en la peña fría
donde brota esa rúbrica española,

de monte a mar, esta palabra mía:
"Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría".

Antonio Machado

 

Oración a Jose Antonio Primo de Rivera

“José Antonio, ¡Maestro!... ¿En qué lucero,

en qué sol, en qué estrella peregrina

montas la guardia? Cuando a la divina

bóveda miro, tu respuesta espero.

 

Toda belleza fue tu vida clara.

Sublime entendimiento, ánimo fuerte,

y en pleno ardor triunfal, temprana muerte

porque la juventud no te faltara.

 

Háblanos tú… de tu perfecta gloria

hoy nos enturbia la lección el llanto;

mas ya el sagrado nimbo te acompaña

 

y en la portada de su nueva historia

la Patria inscribe ya tu nombre santo…

¡José Antonio! ¡Presente! ¡Arriba España!”

Manuel Machado

 

***

La Sonrisa de Franco resplandece

“Caudillo de la nueva Reconquista,
Señor de España que en su fe renace,
sabe vencer y sonreír, y hace
campo de paz la tierra que conquista.

Sabe vencer y sonreír. Su ingenio
militar campa en la guerrera gloria
seguro y firme. Y para hacer Historia
Dios quiso darle mucho más: el genio.

Inspira fe y amor. Doquiera llega
el prestigio triunfal que lo acompaña,
mientras la Patria ante su impulso crece,

para un mañana, que el ayer no niega,
para una España más y más España,
¡la sonrisa de Franco resplandece!”

Manuel Machado

***

Entonces Franco dijo: 

- Ahí tiene el mejor ejemplo, Miranda, de lo que es una guerra civil. Usted sabe muy bien que los hermanos Machado fueron uña y carne toda su vida, y que gran parte de su obra la hicieron al alimón (aunque a mí me gustaba más Manuel que Antonio, porque era más popular y más sensible y menos frío), bueno, cuando estalla la guerra y aquellos hermanos quedan separados, Manuel en la zona nacional y Antonio en la zona roja, escriben esas cosas. Uno hace el canto de José Antonio y el otro, canta a Líster... eso es una guerra civil, eso fue nuestra guerra: la división de los españoles, la división de las familias, la división de los hermanos e incluso de los padres y los hijos... luego volvió a levantarse y me dijo «tenga, esto también es la guerra civil»[. Por cierto, que Franco me preguntó directamente que qué opinaba de Ramiro de Maetzu, y yo, por no entrar en profundidad, le dije cuatro cosas. 

Fue entonces cuando me entregó un recorte o fotocopia, no recuerdo bien, del periódico ABC de un artículo de Maetzu en el que estaba subrayado un párrafo concreto..., me quede con curiosidad y cuando salí de mi cita con Franco fui a la hemeroteca para conseguirlo yo también. El artículo es éste: 

«Si los socialistas sospecharan los sentimientos que animan a las derechas de esta Cámara no amenazarían con la revolución. Creo ser el hombre más inofensivo de la tierra. En una batalla no serviría más que para víctima, porque nunca he llevado armas, ni las llevo, y si las llevara no sabría usarlas. Pero cuando se me conmina con revolución social, que, después de la experiencia rusa, ya sé que implica la matanza general de los burgueses, me entra el pulso insostenible de quitarme la chaqueta, no para pelear con nadie, sino para que me den inmediatamente los cuatro tiros que me correspondan, porque es intolerable seguir viviendo bajo el peso de una manera que me está perdonando la vida, cuanto tarda en cumplirse»

***

 Este artículo fue publicado en ABC al día siguiente de las «amenazas» del político socialista Indalecio Prieto en el Congreso de los Diputados. El texto de Ramiro de Maetzu causó conmoción e impresionó ciertamente a todos los españoles. Era una premonición y una profecía de lo que al propio Maetzu le sucedería tres años más tarde. Don Ramiro recibió esos «cuatro tiros» en la España republicana en 1936 para deshonra de una clase política, de unos hombres y de una nación. 

 

Franco y «el problema militar»

 

Una de las etapas más felices de Franco fue, sin duda, la que vivió en Zaragoza corno director de la Academia General Militar (1928-1931), «su» academia, porque allí puede desarrollar a su antojo lo que lleva dentro y lo que piensa sobre la formación militar. Franco se entrega en cuerpo y alma a la organización de los estudios, a los deportes y lo supervisa todo, absolutamente todo, sin dejar nada al azar. 

Pero, también aprovecha esos años para el estudio y la lectura, hasta el punto de que se pasaba más horas en su despacho y en la biblioteca que en su residencia de director. 

«Recuerdo -me decía otro día don Ramón Serrano Súñer- que en el año 30 le dio por estudiar el problema militar español y nos trajo locos a los amigos y en especial al pobre coronel Carnpins, el supereficaz jefe de Estudios, a quien atosigaba para que le buscase libros y obras que tratasen ese asunto..., y he dicho lo de pobre porque años más tarde Carnpins sería fusilado por Queipo de Llano por su actuación en Granada el 18 de julio de 1936.» 

Efectivamente, el general Carnpins tuvo una vida muy ajetreada. Fue uno de los hombres de Alhucemas y jefe de Estudios de la Academia de Zaragoza durante todo el tiempo que Franco fue su director. El18 de julio de 1936 era el jefe de la Tercera Brigada de Infantería con sede en Granada y dependiente de la Segunda División que mandaba en toda Andalucía. Ese día dudó si sumarse o no sumarse al Alzamiento, pero desbordado por sus subordinados se vio obligado a declarar el Estado de Guerra, aun­ que no lo hizo hasta el día 21 de julio. Queipo de Llano que ya se había hecho con el mando de la División y con Sevilla, consideró a Campins como un «traidor» y en consecuencia lo condenó a muerte y fue fusilado. 

Pero hablando de fusilamientos hay que recordar que en aquella situación de enfrentamiento total, los republicanos fusilaron a quince generales y los nacionales a seis. En la zona republicana fueron fusilados los generales: Araujo, Bosch, Capaz, Fanjul, Fernández Ampón, Fernández Burriel, García Aldave, Goded, González de Lara, Legorburu, Lon Laga, López Ochoa (aunque éste, en realidad, fue asesinado por las turbas y decapitado), Miguel, Patxot y Villegas. En la zona nacional se fusilaron a los generales: Batet, Campins, Caridad Pita, Núñez del Prado, Romerales y Salgado. 

Franco había llegado a la conclusión de que el problema militar español arranca en la Guerra de la Sucesión que le dio el trono a Felipe V y arraigó en España a los Barbones, porque fue entonces, en aquella guerra (1702-1714), cuando los militares es­ pañoles se ven obligados a tomar partido y elegir entre el aspirante francés y el aspirante austríaco, el archiduque Carlos. Fue la primera vez, según mi pariente, que los militares españoles se enfrentaron entre sí e incluso las dos grandes capitales de la nación, ya que Madrid se inclinó desde el primer momento por el duque de Anjou y Barcelona por el archiduque. 

Este tema, el problema militar, bueno, los orígenes del problema, ya no le abandonó nunca en su mente, pues, cuando en 1934 aparece en Madrid y durante su mandato como jefe del Estado Mayor Central, todavía seguía hablando de lo mismo en todas las reuniones, incluso en las familiares. Y es que la tesis de Franco era que lo peor que le puede pasar a España es que el ejército se divida. Desgraciadamente los hechos le dieron la razón en 1936, porque la Guerra Civil fue consecuencia de la división del ejército.