Las Meigas, la noche de San Juan de 1973

Vivimos tiempos en los que, ocultos tras la careta de eso que llaman “memoria histórica”, una suerte de cajón de sastre que justifica cualquier tropelía, algunos esconden la maliciosa pretensión no de reivindicar la verdad que sería lo deseable, sino de cambiar la historia y reescribirla al gusto de unos pocos, siguiendo, al pie de la letra, los patrones ideológicos de los que mandan que, por cierto, financian esas campañas con el dinero de todos.

La prensa, al menos una buena parte de ella, dando de lado su sagrado deber de ser fieles a la verdad y rigurosos en el tratamiento de la información, se han convertido en auténticos lametraserillos del poder del que reciben las simbólicas treinta monedas, convertidas en subvenciones millonarias.

Sin embargo, no se trata de reivindicar que apoyen tal o cual iniciativa -algo que hacen de forma habitual, sobre todo si el promotor de esta es el que manda-, se trata, simplemente, de que sean objetivos, no falten a la verdad y sean rigurosos a la hora de relatar el devenir histórico de una ciudad, máxime cuando tienen a su disposición, encima gratis, las hemerotecas de los medios para los que trabajan donde pueden encontrar, fácilmente, referencias históricas al asunto que quieren abordar. Insisto, no se trata de que canten, enaltezcan y loen el bien hacer de personas o grupos concretos, algo que suelen hacer en favor del que manda con desprecio de otros, simplemente se pretende que a las noticias les den el tratamiento que se merecen con el rigor histórico que corresponde. Nada más.

Me van a permitir que, de forma breve y sucinta, les relate una historia de la que, en buena medida, soy uno de sus protagonistas.

Allá por 1970, la tradición de quemar hogueras la noche de San Juan en La Coruña estaba en fase de absoluto declive. De una parte, la pavimentación de muchas de sus calles; de otra, las prohibiciones municipales, y, finalmente, la falta de interés de los coruñeses, estaban provocando que esta milenaria tradición del fuego sanjuanero se perdiera para siempre.

Fue entonces, cuando un grupo de jóvenes, entre 16 y 18 años -me incluyo entre ellos- tomamos la decisión de recuperar la fiesta para nuestra ciudad y hacerlo de forma resuelta y decidida con el arrojo y la audacia que debe presumirse en todo joven.

Una de las primeras medidas que adoptamos fue la de crear la figura de la Meiga Mayor, personaje central de la fiesta, a cuyo derredor, junto a la tradicional hoguera, pivotó todo el entramado festivo que fuimos creando.

Aquella primera Meiga Mayor, junto a sus Meigas de Honor, al igual que hicieron muchas de las que las sucedieron se integraron en la Junta Directiva de la Comisión Promotora que se creó, ocupando, sin necesidad de cuotas, puestos de responsabilidad, desde Presidente a Vocal, buscando apoyos por todas partes, colaborando en la dirección y ejecución de los espectáculos, trabajando codo con codo con los demás que integrábamos la Junta Directiva y, todavía, les quedaba tiempo para vestirse de traje de noche, de mantilla española o con el traje tradicional de Galicia para presidir los actos que ellas mismas habían organizado.

A partir de ahí se sucedió todo lo demás. Durante años, la noche de San Juan coruñesa giró en torno a los actos que celebrábamos en la plaza de Calvo Sotelo a la que concurrían, cada noche de San Juan, miles de coruñeses para presenciar la Cabalgata y ser testigos de cómo la Meiga Mayor encendía la hoguera, dando cumplimiento al ancestral rito sanjuanero.

En 1992, por imperativos legales, trasladamos la hoguera a la playa de Riazor, donde por aquel entonces no se quemaba ninguna, y aquella llama que encendimos prendió en toda la ciudad y a nuestra imagen y semejanza comenzaron a concurrir a las playas miles de personas a vivir la gran noche de San Juan.

La Hoguera de 1987. Nuestras Hogueras el verdadero resurgir del San Juan coruñés

Poco a poco, alrededor de la hoguera y de la Meiga Mayor, se fue dando vida a otros actos: las Jornadas de Teatro, Música y Danza; la Semana Deportiva; las Páginas Coruñesas; la Cabalgata de San Juan; la sesión de fuegos artificiales; la Semana de Cine; los pasacalles; la Comitiva del Fuego de San Juan; la procesión del día del Santo; la jornada de exaltación de la mujer coruñesa; el Homenaje a la Bandera; etc., así hasta contabilizar, a lo largo de estos años, casi 5.000 actos diferentes de carácter social, popular, cultural y deportivo, todos ellos de libre acceso para el público.

A lo largo de estas más de cinco décadas -1970-2022- hemos publicado varios trabajos sobre la noche de San Juan; realizado exposiciones tanto sobre nuestra historia, como sobre las fiestas más importantes que se celebran en España; hemos invitado a personalidades destacadas a dar lectura a los pregones de las Fiestas de Exaltación de las Meigas; anualmente publicamos una revista a todo color e incluso se han compuesto piezas musicales exclusivas para ambientar la fiesta y sus actos más señeros.

Consecuencia de todo ello, logramos, mediante la redacción de documentados informes, la petición de apoyos y de firmas, que nuestra fiesta fuese declarada Fiesta de Galicia de Interés Turístico (2000), Fiesta de Interés Turístico Nacional (2003) y Fiesta de Interés Turístico Internacional (2015), proclamando, en estos años, a más de 800 jóvenes y niñas coruñesas como Meigas y Meigas infantiles de las Hogueras de San Juan. Incluso, fuimos nosotros los que iniciamos la campaña para que el día 24 de junio se declarase festivo local, algo que, finalmente, logramos.

Con la llegada al Ayuntamiento de aquella marea que ensució de rencoroso chapapote la ciudad, se nos prohibió, por odio y sectarismo, la celebración de los actos más señeros que veníamos celebrando desde 1970: la Cabalgata, la Comitiva del Fuego de San Juan, el encendido de la Hoguera por parte de la Meiga Mayor e incluso, en el colmo de la miseria de estos malvados sectarios, que las Meigas o la procesión del Santo cruzasen la plaza de María Pita, como si este espacio de todos los coruñeses fuese un huerto particular de aquella caterva de indocumentados.

Además de todo esto, se nos retiró todo tipo de apoyos hasta el punto de exigirnos el pago del alquiler del Teatro municipal “Rosalía de Castro”, dándonos el mismo tratamiento que a una empresa con ánimo de lucro, pese a que los actos que celebramos allí son todos de acceso público y gratuito.

La Hoguera de San Juan de 1988. Lleno absoluto en Calvo Sotelo y plaza de Portugal

Es decir, nos robaron de forma descarada y alevosa todo lo que durante tantos años habíamos logrado levantar, de forma desinteresada y altruista, un grupo de coruñeses que, al contrario que ellos, sentíamos de verdad la ciudad.

Esta situación se mantiene a día de hoy con el gobierno socialista que rige los destinos de La Coruña que sigue, de forma consciente, dándole la espalda a la Asociación de Meigas, heredera de nuestro trabajo, pese a que, algunos de los actuales concejales del gobierno municipal, antes de salir elegidos en 2019, nos prometieron -en este caso a mí, personalmente- que si ellos llegaban al poder todo volvería a ser como antes. Vanas promesas.

Sorprende que, estos mismos que en su día prometieron devolvernos lo que era nuestro, cuando les exigimos cumpliesen su promesa o, al menos, nos dieran una satisfacción por su incumplimiento, ahora resultan ser los ofendidos y, como manifestaron en una reunión que mantuvieron, en fechas pasadas, con la Asociación de Meigas -actual Entidad responsable de la organización de los actos de las HOGUERAS- pretenden que nos excusemos públicamente por haberles recriminado el incumplimiento de la palabra dada. Otro ejemplo de esa malsana superioridad moral que cree tener la trasnochada izquierda. Ellos, pueden faltar a las promesas y encima hay que pedirles perdón. El colmo de la desfachatez.  

Pues bien. Además de robarnos lo que era nuestro y que ofrecimos a la ciudad; además de ningunearnos de forma descarada; además de insultarnos, ahora pretenden, en ese ejercicio de “memoria histórica”, borrar, de un plumazo, nuestra historia: cincuenta y dos años al servicio de la ciudad y trabajando por ella sin otra recompensa que el saber del deber cumplido.

Prueba de ello es que, en fechas pasadas, un redactor de La Voz de Galicia, desconocemos si por ignorancia o por maldad –que todo puede ser-, al referir el devenir de la fiesta de San Juan en nuestra ciudad hizo omisión del aporte fundamental de nuestra Comisión Promotora para lograr que la fiesta llegase a los niveles de popularidad alcanzados a fecha de hoy.

Simplemente, con detenerse a buscar datos en la hemeroteca del periódico para el que trabaja habría sido suficiente para que comprobase que, allá por los años 70, cuando nadie se acordaba del San Juan en nuestra ciudad; cuando la quema de hogueras había quedado constreñida a las zonas radiales de La Coruña; cuando en la plaza de España -a la que alude el redactor en su artículo- no se celebraba nada, al igual que en las playas de Riazor y Orzán, nosotros convocábamos a miles de coruñeses en la plaza de Portugal y Calvo Sotelo que acudían a ver como la Meiga Mayor quemaba la gran hoguera.

Nuestra Hoguera de 1993. Al fondo la playa del Orzán donde tan solo se quemaban una docena de hogueras un año después de haber trasladado la nuestra a la playa de Riazor

También se olvida, de forma intencionada, de que todos los títulos –de interés regional, nacional e internacional– logrados se deben, en exclusiva, al igual que el hecho de que San Juan sea festivo, a la gestión de nuestra Comisión que redactó informes, buscó apoyos y solicitó firmas para tales fines.

Es muy triste que tipos como este pretendan, de forma intencionada y maliciosa, borrar de un plumazo el trabajo de cientos de coruñeses a lo largo de los años, un trabajo realizado con ímpetu y paciencia, gallardía y silencio, sin pedir ni esperar nada a cambio pero que sirvió para convertir una fiesta que se moría en una de las más importantes de España.

Invito a este gacetillero indocumentado a repasar la hemeroteca de su periódico para comprobar que de forma maliciosa e intencionada o, cuando menos, por ignorancia supina no disculpable, ha ocultado la verdad sobre el San Juan coruñés.

Pese a todo, lo más grave es que, como viene siendo habitual, la incompetencia manifiesta del populismo tan solo se dedica, de forma consciente, guiados por el rencor y el sectarismo, a destruir, siendo incapaces, por su negligencia e ignorancia, de construir nada.

Todo esto si que es memoria histórica, el resto, tan solo la maligna intención de desvirtuar la historia, reescribiéndola al antojo de unos pocos.