La jornada del viernes 21 de abril de 1939 constituyó un hito histórico en nuestra ciudad. Un día, declarado festivo hasta las dos de la tarde, en que toda la población se echó a las calles para tributar un homenaje de cariñosa admiración y reconocimiento a los hombres que, tras tres largos años de lucha por los campos de España, habían logrado la tan anhelada paz. Una jornada de auténtico fervor patriótico que demostró, una vez más, que La Coruña, cuando así lo demandan los acontecimientos, sabe estar a la altura de las circunstancias.

Atrás, como una negra sombra, quedaban tres años de lucha fratricida cuyos orígenes hay que buscarlos en la tentativa de golpe de Estado que, en octubre de 1934, protagonizaron los partidos de izquierdas, especialmente el PSOE y el Partido comunista en unión de la UGT y en las elecciones fraudulentas de febrero de 1936 que auparon al poder al malvado frente popular, auténtico y único responsable de la guerra civil.

Con la guerra concluida, a lo largo de los días previos al 21 de abril, fecha que se fijó para la celebración de una gran parada militar, fueron llegando a la ciudad los distintos Cuerpos expedicionarios, mayoritariamente gallegos, integrados en la 82º División del Cuerpo de Ejército del Maestrazgo, que fueron recibidos de forma multitudinaria.

El domingo 16, lo hicieron el 14º Batallón del Regimiento de Infantería “Zamora” nº 29, así como una Bandera de Falange y una Sección de Ingenieros, en tanto que el martes 18 y el miércoles 19, arribaron a la ciudad por ferrocarril el Cuartel General de la 8º División, cuatro Baterías del Grupo de Artillería de Montaña, el Parque de Artillería Divisionario, la Columna de Municionamiento, el Equipo del Servicio de Guerra Química, una Compañía de Transmisiones, la Estafeta de Campaña, un Grupo de Intendencia, otro de Sanidad y un Batallón de Zapadores.

Todas estas Unidades fueron recibidas de forma apoteósica en la estación del ferrocarril, desfilando, entre las aclamaciones de la población, por las principales calles coruñesas hasta sus respectivos acuartelamientos.

El viernes, día 21, fecha fijada, como se ha señalado, para la celebración de la gran parada militar, a las once y media de la mañana, el General Germán Gil Yuste, jefe de la 8ª Región Militar, tras recibir los honores correspondientes, pasó revista a las fuerzas que se encontraban formadas en el muelle de Calvo Sotelo donde, seguidamente, se celebró una Misa de campaña que fue oficiada por el Capellán 1º Germán Penas, perteneciente al Clero Castrense.

Concluido el oficio religioso, al que asistieron todas las Autoridades, las fuerzas se trasladaron a la Dársena desde donde iniciaron el desfile que discurrió por Puerta Real, Avenida del Capitán Montoto, Avenida de la Marina, Cantones -grande y pequeño-, plaza de Mina, Sánchez Bregua hasta la plaza de Orense donde las Unidades se dislocaron para regresar a sus acuartelamientos.

El General Francisco Delgado Serrano, jefe de la 82º División

En el brillante desfile, al mando del General Delgado Serrano, jefe de la 82º División, participaron alrededor de 7.000 hombres, así como diverso material móvil, integrados en dos columnas, una perteneciente a las fuerzas expedicionarias de la precitada División y otra de las Unidades de la guarnición de la plaza de La Coruña.

Tras una Sección de Motoristas y vehículos con enfermeras y mutilados de guerra, desfiló la fuerza perteneciente a la 82º División, que estaba compuesta por el 5º Batallón del Regimiento de Infantería “Mérida” nº 35, con Bandera, Escuadra de Gastadores, Banda y Música; el 14º Batallón del Regimiento de Infantería “Zamora” nº 29; el 10º Batallón del Regimiento de Infantería “Zaragoza” nº 30; la 3ª Bandera de Falange de León; un Batallón de Zapadores, integrado por tres Compañías; la Compañía de Transmisiones; un Grupo de Intendencia, formado por tres Compañías; un Grupo de Sanidad; la 65ª Batería de Montaña; tres Baterías del Grupo de Artillería de Montaña, con piezas de 10,5 cm.; tres Baterías del Grupo de Artillería de Montaña, con piezas de 7,5 cm.; el Parque de Artillería motorizado, con camiones y tractores arrastrando material artillero; el Parque de Ingenieros motorizado; una Unidad de Ambulancias; una Unidad de Farmacia; una Sección de Evacuación Veterinaria y una Compañía de Automóviles con cisternas, grúas, vehículos taller y otros de protección antiaérea.

En cuanto a la columna de la guarnición de la plaza su composición era la siguiente: un Batallón, integrado por 600 hombres, del Regimiento de Infantería “Zamora” nº 29, con Escuadra de Gastadores, Banda y Música; una Batería del Regimiento de Artillería Ligera nº 16, con Escuadra de Batidores y Banda y la Música del Regimiento de Artillería de Costa nº 2; una Sección del Parque de Artillería; dos Compañías del Batallón de Guarnición nº 353; una Compañía del 8º Batallón de Zapadores con Escuadra de Gastadores y Banda; una Sección del Parque de Automóviles; una Sección del 8º Grupo de Asalto del Cuerpo de Seguridad; una Sección de Carabineros; una Compañía de la Guardia Civil; una Compañía del 8º Grupo de Intendencia con Estandarte, Escuadra de Gastadores y Banda y una Compañía del 8º Grupo de Sanidad con Escuadra de Gastadores y Banda.

Además de la Unidades referidas, participaron en el desfile una Centuria de Pelayos; una Centuria de Flechas; una Centuria de Cadetes; una Centuria de Falange y otra de Milicias de 2ª línea con Escuadra de Gastadores.

Como en otras ocasiones, La Coruña vistió sus mejores galas para recibir y vitorear a sus valerosos soldados, contando con el concurso de la totalidad de las Autoridades civiles y militares y las Jerarquías de FET y de las JONS que, acompañaron al General Gil Yuste en esta memorable jornada y en los diferentes actos que se sucedieron a lo largo de la misma.

Balcones y ventanas engalanadas con Banderas nacionales y colgaduras desde las que se arrojaron, al paso de las tropas, multitud de pétalos de flores por parte de una población enardecida y entregada a la causa Nacional, en tanto que un nutrido grupo de enfermeras entregaban a los soldados ramos de flores y laureles.

El General Germán Gil Yuste, jefe de la 8ª Región Militar

Concluido el desfile, se sirvió en todos los acuartelamientos un rancho especial, tras el cual, por iniciativa del Ayuntamiento se obsequió a cada soldado con una copa de coñac y un puro, así como a cada Compañía se le entregó la cantidad de 100 pts., para sortear, entre la tropa afecta a la Unidad, cuatro premios de 25 pts., cada uno.

Por la tarde, se sirvieron, en el Palacio Municipal, sendos vinos españoles, uno para los Jefes y Oficiales y otro para las Clases de las diferentes Unidades.

Al igual que en otras ocasiones en la historia local, el Sporting Club, la más prestigiosa sociedad coruñesa, ofreció una fiesta en honor al General Delgado Serrano y a la oficialidad de la 82º División retornada, victoriosamente, del frente. Esta fiesta fue la primera que se celebró en el Parque del Sporting Club -el Leirón- tras el inicio del Alzamiento Nacional.

También aquella tarde, la Sección Femenina de Falange Española organizó, en el Teatro Rosalía Castro, un festival musical y artístico que resultó muy concurrido.

Ya por la noche, en la plaza de María Pita se celebró una multitudinaria verbena popular que contó con el concurso de diferentes Músicas que agotaron su repertorio de bailables y, como colofón, se disparó una vistosa sesión de fuegos de artificio.