Ante la buena acogida del artículo de ayer me he propuesto dedicarle un último artículo para mostrar el agradecimiento que le debemos los españoles por haber sido uno de los más valerosos guerreros contra una de las mayores lacras de España en la segunda mitad del siglo XX, la monstruosa banda terrorista ETA, que escribió una de las páginas más negras de la historia reciente de España.

Muere un héroe y provoca la alegría de proetarras e izquierdistas que lo consideraban su auténtica bestia negra. Muchas son las calumniosas acusaciones que vomitan contra su figura, señal de rabia e impotencia. El general D. Enrique Rodríguez Galindo, nacido en Granada en 1939, es el símbolo por antonomasia de la victoria operativa de las Fuerzas de Seguridad del Estado, encabezadas por la Guardia Civil, sobre la banda terrorista separatista y comunista ETA.

Durante su mando en la Comandancia de la Guardia Civil de Guipúzcoa, entre 1980 y 1995, fueron desarticulados 120 (según algunas fuentes 270) comandos etarras y detenidos 800 terroristas de ETA (según algunas fuentes 1700). En su haber se anotan grandes victorias contra la banda terrorista. Ante el literalmente se "cagaban" los asesinos etarras como fue el caso del criminal Zabarte, responsable de numerosos asesinatos.

Su extraordinaria capacidad como comandante militar, hacían de él un hombre imprescindible en la lucha antiterrorista, durante los críticos años del plomo etarras, cuando sólo él, tuvo la capacidad de enderezar una guerra que parecía perdida o imposible de ganar, hasta guiar a la Guardia Civil a la senda de la victoria operativa. Supo inculcar la "voluntad de vencer", como él mismo decía.

Sus hombres le respetaban y le querían, en su inmensa mayoría, como reflejan una multitud de testimonios. Era un líder carismático. Su sola presencia imponía respeto y confortaba el ánimo. Cuando el dejó el mando, ciertamente aún tuvieron que transcurrir bastantes años hasta la confirmación de la derrota operativa y desaparición de ETA, pero ETA estaba ya herida de muerte, gracias al general Galindo. Aunque su agonía aún fuese larga y peligrosa. Nuevas generaciones de mandos y agentes completaron la labor de D. Enrique, pero lo más difícil lo había hecho él.

Cuando Galindo tomó el mando de la lucha antiterrorista, en 1980, ETA asesinó a 127 personas. Cuando lo dejó, en 1996, ETA asesinó a 6 personas. Aún quedaba mucho dolor y sufrimiento pero lo más difícil estaba hecho.

El general Galindo sabía muy bien que la mejor forma de honrar a los casi 100 de sus hombres a los que vio caer, era derrotar al monstruo terrorista, humillar la soberbia de sus miembros, que ya creían casi logrados sus objetivos políticos en 1980. Hasta que el inspirado mando del entonces teniente coronel Galindo, cambió las cosas ese es su legado ante la historia de España.

Descanse en paz el general D. Enrique Rodríguez Galindo, el último gran soldado de la España del siglo XX.