Una de las cualidades  que deben adornar al hombre cabal es, sin duda la gratitud. Y por  esa razón los españoles  verdaderamente íntegros, no podemos olvidar que el General Pinochet fue el única Presidente   que desobedeció las órdenes de la Sinagoga de Satanás y asistió al funeral  por nuestro Caudillo. Los  ucases del Poder Supremo “sin rostro” suele ser tajantes: “Ningún de los nuestros debe estar  presente en Madrid el día del entierro de Franco. Por el contrario  máximo apoyo a la Coronación del Sucesor” Y todos obedecieron, Nunc a hubo un entierro tan concurrido del Pueblo y de gente decente, pero brillaron por su ausencia los hijos de Satanás.

 La misa de corpore insepulto la presidió un Cardenal decente. La de  la  “coronación”  la celebró un cardenal traidor a su Dios y su fe --y algo peor cuyo conocimiento el Gobierno de Franco impidió difundir en su día y yo tampoco lo haré aquí--.

Llevo siete décadas largas “proclamando” una verdad política político-social-religiosa axiomática que ni siquiera muchos de mis amigos, con ideales comunes, se atreven a reconocer. Me refiero a la realidad de un mundo gobernado, ya,   por  esa organización bimilenaria,  bautizada por San Juan Evangelista como “Sinagoga de Satanás”.

Ni aduciendo constantemente pruebas que confirma esa realidad me siguen. Pues bien  aprovechando que, mañana,  hará cuarenta y seis años que Pinochet arrojó a los gobernantes rojos de Chile, y lo liberó del nuevo Fidel Castro chileno, haré unos comentarios sobre estas dos figuras de la Historia hispánica_ Francis Franco Bahamonde y Augusto Pinochet Ugarte. Podría glosar veinte o treinta temas interesantes a cuenta de la fecha,  pero me voy a limitar a lo que me permita el espacio de un artículo.

Primer comentario:

Los dos militares dieron una patada a los rojos en su trasero, con éxito innegable. Traducido al lenguaje vulgar, ambos “le hicieron la pascua” al Poder Supremo “sin rostro” (“PSsr”), alias, Sinagoga de Satanás, cuyo plan era convertir España en el primer “satélite europeo de la URSS”  y el continente hispanoamericano  en la “segunda URSS”. Semejante doble éxito de “dos dictadores” los podía tragar, olvidar y perdonar los sionistas.

Segundo comentario: El Generalísimo no solo sería el mejor estadista de los últimos cuatrocientos años, ya era, cuando llegó al poder, el hombre con las ideas más claras  sobre en la forma de “servir al Pueblo Español”;  un genio de la táctica y de estrategia social, y por su visión de la realidad, condicionó su aceptación, a los reunidos para elegir un mando único en Salamanca conducir al Pueblo Alzado contra los criminales rojos, anarquistas, socialistas, separatistas y demás calaña si lo escogían a él, garantizarle “todo el poder” y por “el tiempo necesario para  impedir la vuelta de los asesinos al Poder”.

Pinochet, no tenía las ideas tan claras, en el fondo estaba picado del mal de “la democracia” y fue un ingenuo  creyente en dogmas inaceptables, cuando se es inteligente… entre ellas la estupidez de fiarse de la pérfida Albión. Por eso acabó desarmado  en manos de  Garzón, instrumento  del Gran Amo del Mundo  o sea al “PSsr”.

Franco murió en la cama de un hospital del pueblo rodeado de la gratitud de la inmensa mayoría de los españoles que le lloraron como a un padre. Sabía muy bien que si entregaba el poder antes de morir, el Sucesor la cagaría… como lo hizo  efectivamente cuando agonizaba Franco. ¡Que listo era el Caudillo! Lo inevitable y fatal era su “mortalidad”,--no era eterno-- aunque los españoles, hacían chistes al respecto, y confiaban en su longevidad.

Les recuerdo uno que resume el sentir general:

“— ¿Sabes que ha muerto Franco?  --¡No me digas!-- ¡Pues sí!, lo acaban de anunciar.  -- ¿Y quién ha venido? -- ¡FRANCO! -- ¡Menos mal!

Tercer comentario

Franco y Pinochet, repararon a marchas forzadas, los desastres que traen a las naciones el libertinaje y latrocinio, los crímenes y la estupidez de los demócratas, pero la Sinagoga de Satanás  destruye a velocidad supersónica, su obra. La Historia demuestra que los “dictadores llamados de derechas” levantan los países,  en todos los sentidos y le suelen traer  al Pueblo la verdadera libertad, la que permite el dinero ganado honradamente con el trabajo protegido por ellos,  mientras que los dictadores de “izquierdas” arruinan las naciones y mientras les hablar de “Libertad y Progreso, y bellezas similares, los esclavizan  y los matan de hambre,  además de hacerlo finalmente y muy pronto, a tiros. Por eso el “PSsr”,  elimina pronto a los dictadores de derechas y perpetúa durante decenas y más  decenas de años a los tiranos de la izquierda. A generales como Primo de Rivera, o Gerardo Machado se los cargaron pronto por levantar de la ruina,  a sus respectivos países, contraviniendo las intenciones de la S. de S. cuyo objetivo era provocar la miseria.

Son verdades como puños que puede comprobar cualquiera que sepa leer la Historia Española o la Universal. En mi tesis de grado, sobre el mártir de la masonería Gabriel García Moreno,  dejé bien definida la “Ley de la Historia”, ley que los historiadores suelen ignorar por completo--. Es una ley que no la he descubierto yo, lo hizo San Agustín  de Hipona,  hace  dicaseis siglos. Yo me limité a resumirla en estas palabras: “La Ley de la Historia es la guerra a muerte entre las dos ciudades, la Civitas Dei y la Civitas Terræ” y definí la Historia con estas otras: “La Historia es el ‘Balance periódico’ de la’ ‘Ley de la  Historia’…”Esta definición si me pertenece” y por eso suele decir que hay muchos “buenos historiadores” pero pocos “filósofos de la Historia”