A poco menos de cumplirse un siglo de esta gesta heroica de nuestras armas, es muy posible que a una buena parte de los españoles ni tan siquiera les suene este, por otra parte, tan sonoro topónimo.

Contemos un poco de su historia.

Tras la firma del Acta de Algeciras en 1906 por las potencias signatarias, a España se le asignó una parte del que sería el Protectorado de Marruecos, haciendo efectiva su ocupación en 1912 y en el que permanecimos como administradores hasta 1956 en que, definitivamente, lo abandonamos, logrando aquel vecino país su total independencia.

No vamos a entrar en las motivaciones de tipo político, económico y estratégico que condujeron al establecimiento de este Protectorado dividido en dos zonas, de una parte, la francesa, y de otra, la nuestra. Tampoco vamos a referirnos a la razón de nuestra participación en esta aventura, fundamentalmente provocada por la exigencia de que España recuperase una parte del prestigio internacional perdido tras el final de la guerra con los Estados Unidos y el abandono de nuestras posesiones en el Caribe y en el extremo oriente.

Incluso, vamos a obviar referir el reparto que se hizo en la asignación del territorio a administrar, correspondiéndonos a nosotros “bailar con la más fea” ya que mientras que Francia asumía la mejor parte del territorio, la más rica e incluso la menos levantisca, a nosotros nos asignaron no solo la más depauperada, sino también la más belicosa: el Rif y la Yebala, dos fuentes constantes de problemas que se llevaron por delante la vida de muchos españolitos hasta que, finalmente, en 1927, tras el desembarco de Alhucemas en 1925, zanjamos aquel problema de forma definitiva.

Sin embargo, durante los años que duró esta interminable contienda (1909-1927), tuvimos ocasión de escribir algunas de las páginas más gloriosas de nuestra historia militar reciente, aun cuando también se escribieron algunas de las más tristes y dramáticas.

La heroica defensa de la posición de Igueriben se inscriben dentro de las operaciones llevadas a cabo por el General Silvestre al frente de las tropas de la Comandancia General de Melilla en 1921, tras haberse hecho cargo del mando de esta plaza a finales de enero del año anterior.

Tras sus éxitos en la zona de la Yebala, mientras ostentó la jefatura de la Comandancia General de Ceuta, con su llegada a Melilla inició una campaña conducente a la sucesiva ocupación de las kábilas hostiles, resistentes a la presencia española en su territorio, que tenían como líder carismático a un antiguo amigo de España: Abd el-krim, cabecilla indiscutible de las tribus levantiscas y promotor del establecimiento de la República del Rif, independizándose del poder del Sultán.

Estas operaciones comenzaron saldándose con notables éxitos tácticos logrando, a principios de enero de 1921 el sometimiento de la kábila de Tensaman con la toma de Dar Drius y las sucesivas ocupaciones de Afrau el día 12, Annual el 15 e Izummar el 21 ya en la kábila de Beni Ulixech. El objetivo final, Alhucemas y con ello el fin de la campaña.

El despliegue táctico llevado a cabo por Silvestre implicó el establecimiento de un rosario de posiciones en un frente muy amplio, flexibilizado y muy profundo, con posiciones muy distantes entre sí, muchas de ellas carentes de agua, con poca capacidad de abastecimiento y falto de las columnas móviles necesarias para socorrer a cualquier posición que fuese atacada de forma aislada.

El primero de los serios reveses se produjo el 1º de junio de 1921, cuando la posición de Abarrán, fue asaltada y tomada por las kábilas hostiles.

La posición cayó caído el mismo día en que había sido consolidada. La columna de más de 1.400 hombres, al mando del Comandante Villar de Policía Indígena, acompañada por una Harka amiga se internó en la kábila de los tensamanes y tomó la posición sin incidentes ni oposición, dejándola guarnecida por menos de 300 hombres al mando del Capitán Salafranca. Sin embargo, no bien se hubo retirado el resto de la columna camino de Annual, donde se había instalado el Cuartel General de la Circunscripción, y tras haber armado a la Harka amiga, los rifeños comenzaron a atacar la posición por todos sus frentes haciendo imposible su defensa; en ese instante, la Harka considerada amiga se pasó en masa al enemigo y comenzó a masacrar la posición con las armas que el Ejército le había entregado.  

Sin embargo, este episodio tan solo constituyó el prólogo de los tristes momentos que se avecinaban.

El 7 de junio se consolidó la posición de Ingueriben, pieza clave en el entramado defensivo de Annual, así como de las posiciones "Intermedias A y B" lo que parecía indicar la firme resolución del mando de seguir avanzando más allá de la línea delimitada por el río Amekrán, asegurando, en todo caso, la gran posición de Annual.

Igueriben, distante en línea más de 6 km. de Annual, se constituyó en una especie de punta de lanza del frente, apoyada desde Annual pero, en realidad, la distancia entre ambas posiciones y la pésima orografía de la zona, la dejaban totalmente aislada, batida desde los flancos por alturas superiores, a merced de su propia suerte.

Su justificación, y por ello su toma el 7 de junio, radicó en el hecho de ser pieza vital para mantener las comunicaciones entre Annual e Izummar, así como el abastecimiento entre aquella posición, eje de todo el dispositivo táctico, y Drius.

La posición estaba guarnecida, además de por dos Compañías de “Ceriñola”, la 2ª del 1º Batallón y la 4ª del 3º; por una Sección de ametralladoras de la Compañía de Ametralladoras de Posición; una Batería ligera del mixto de Artillería; un destacamento de Policía Indígena con nueve hombres y tres soldados de Ingenieros pertenecientes a la Estación Heliográfica nº 17. En total, menos de cuatrocientos hombres.

Como dato relevante para determinar la gravedad de la situación que tuvieron que afrontar estos hombres, cabe señalar que la posición carecía de depósitos de agua y las operaciones de aguada había que realizarlas, por zonas muy batidas por el enemigo, recorriendo una distancia de cuatro kilómetros.

La primera advertencia seria sobre la posición se tuvo el 16 de junio, cuando, en las inmediaciones de Buymeyan, un convoy de aguada que se dirigía a Igueriben fue hostilizado por fuerzas enemigas, causando un total de 64 bajas, de las cuales 19 fueron muertos y el resto heridos y contusos.

El día 13 de julio, asume el mando de la posición el Comandante de Infantería Julio Benítez Benítez que se había distinguido heroicamente, con anterioridad, en la defensa de Sidi-Dris, donde logró rechazar al enemigo.

Y fue, precisamente, a partir de esta fecha cuando la posición comenzaría a ser atacada, prácticamente sin tregua, hasta su caída el 21 siguiente.

Durante estos ocho días, el calvario y los sufrimientos que tuvieron a arrostrar los defensores de aquel enclave son inenarrables.

Los ataques se sucedieron, con muy pocos instantes de calma, logrando los defensores rechazarlos con arrojo y valentía, causando innumerables bajas al enemigo. Incluso, por las noches, sufrían el incesante fuego de los “pacos”.

Cabe resaltar, volviendo un poco atrás en el tiempo, que el 12 de julio, Abd el-Krim, estuvo a tiro de cañón de Igueriben, sin embargo, el mando no permitió que se hiciese fuego contra él, aduciendo que aquello podría empeorar la situación.

Con un calor que rondaba los 40º, a partir del día 14, el Comandante Benítez prohibió realizar el servicio de aguada por el grave riesgo que ello entrañaba. El sábado 16, la posición quedó fijada por el enemigo, cercándola en todo su perímetro y fracasando todos los intentos de ayuda remitidos desde Annual, incluso la posibilidad de socorrer a los sitiados con la tan necesaria agua que ya comienza a escasear. Tan solo, con mucho valor y coraje, el Capitán Cebollino de Regulares, logra, con sus indígenas, el día 17, introducir un mermado convoy compuesto por varias acémilas, muchas de las cuales caen muertas, por tiros del enemigo, al pie de la posición.

A partir de este instante, el calor insoportable, los ataques constantes a la posición, el olor pestilente de los animales muertos al pie de la alambrada y la falta de agua, se ceban en la cada vez más exigua guarnición.

Se hace necesario recurrir a exprimir patatas con el fin de saciar la sed con su jugo, a beber la tinta guardada por los escribientes e incluso a mezclar orines con azúcar con el fin de tratar de mitigar la falta de agua.

Los gestos de valor se suceden, animados siempre por los incesantes gritos de ¡viva España! dados por el Comandante Benítez, incluso herido, y el resto de los Oficiales que enardecen a la tropa.

Los ataques se suceden utilizando granadas de mano e incluso una pieza de artillería de las que nos habían ocupado en Abarrán que no causan excesivos daños gracias a la impericia de sus servidores.

El día 18, el Comandante Benítez, ordena transmitir por heliógrafo el siguiente mensaje a Annual: “Situación comprometida, el hambre, la sed y el hedor de los muertos irresistible. Pese a todo, estamos dispuestos a todo antes que rendirnos. ¡Viva España!”, respondiendo desde la jefatura de la Circunscripción que se está preparando una fuerte columna de socorro que no logra alcanzar la posición, siendo rechazada en la jornada del 19.

El día 20, un emisario de harka intima a Benítez a la rendición, ofrecimiento que rechaza de forma enérgica; sin embargo, al día siguiente, desde Annual se transmite un mensaje a la posición en la que se autoriza a su rendición. Benítez le responde con un lacónico “los Oficiales de Igueriben mueren, pero no se rinden”. Como respuesta, se autoriza la evacuación de la guarnición.

Conocido este extremo, el Comandante Benítez arenga a los cada vez menos supervivientes: “Hijos míos, vamos a abandonar este corralito que hemos defendido como héroes por falta de víveres y municiones; ahora vamos a seguir defendiéndonos con las pocas municiones que nos quedan y terminadas estas emplead la bayoneta; yo, hijos míos, os seguiré mandando como hasta aquí he hecho”.

Luego, tras retirar la Bandera, se dirige a los Oficiales, diciéndoles: “Nunca esperé recibir orden de evacuar la posición; pero cumplimentando lo que en ella se me ordena, en este momento, y como la Tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el Mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola la oficialidad que integra está posición, pues conscientes de su deber y en cumplimiento del juramento prestado, sabremos morir como mueren los Oficiales españoles”.

Finalmente, en un gesto de máxima honradez, reparte las 15.000 pts. del fondillo de la posición entre varios soldados con la exigencia de que lo entreguen al Regimiento caso de llegar a Annual e inmediatamente ordena al Capitán de la Paz Orduña, que disparé, con espoleta cero, la doce cargas de cañón que le quedan, a la vez que, a las 14,00 horas, transmite a Annual el siguiente mensaje: “Solo quedan doce cargas de cañón, que empezamos a disparar para rechazar el asalto. Contadlos, y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros; pues moros y españoles estaremos envueltos en la posición”. Una frase que se repetiría, años después, en la Cuartel de Simancas de Gijón.

La salida de la posición constituyó una auténtica masacre.

De acuerdo con el expediente Picasso, la posición estaba defendida por 387 hombres, de los cuales tan solo lograron salvarse un Teniente -Casado Escudero- y quince Soldados. De todos ellos, el Oficial y cuatro Soldados fueron hechos prisioneros por el enemigo y los otros once lograron llegar a Annual, muriendo varios tras haber saciado su sed y fruto del agotamiento, el resto cayeron heroicamente defendiendo la posición.

Al día siguiente, 22 de julio, cae Annual comenzando el desmoronamiento de la Comandancia General de Melilla en uno de los episodios más trágicos de nuestra historia militar. Sin embargo, Igueriben constituye una de las gestas más heroicas y tal vez menos conocidas de esta campaña.

El 31 de diciembre de 1924, en resolución punlicada el 3 de enero de 1925, se concede al Comandante de Infantería D. Julio Benítez y Benítez, la Cruz Laureada de San Fernando, a título póstumo, por la heroica defensa de la posición de Igueriben. Igualmente, con fecha 13 de marzo de 1925 se concede la Cruz Laureada, también a título póstumo, al Capitán de Artillería D. Federico de la Paz Orduña por los mismos motivos.

Hay una pregunta que deberíamos hacernos, ¿qué pasaría si en lugar de ser defendida la posición por españoles lo fuera por norteamericanos? Muy fácil, lo del Álamo sería como un cuento de niños y todos estaríamos hartos de saber lo sucedido en Igueriben.

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