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Resulta un sarcasmo que el PSOE haya promulgado la Ley 52/2007 de “La Memoria Histórica” y se disponga a “mejorarla” con una nueva versión que quiere intitular como “Ley de la Memoria Democrática”. El inaudito cinismo de esta nefasta formación política, se pone de manifiesto ya desde la exposición de motivos de la infame ley:

El espíritu de reconciliación y concordia, y respeto al pluralismo y a la defensa pacífica de todas las ideas, que guio la Transición, nos permitió dotarnos de una constitución, la de 1978, que tradujo jurídicamente esa voluntad de reencuentro de los españoles, articulando un Estado social y democrático de derecho con clara vocación integradora  

Cuando es lo cierto que ese reencuentro entre los españoles ya había tenido lugar en 1975.  Y que posteriormente muchos pensaron, de buena fe, que lo consolidarían votando afirmativamente la Constitución de 1978. Pero el PSOE que hizo inviable la Segunda República, ha malogrado la Transición por su vocación cainita. Recordemos someramente que en fecha tan temprana como 1917 (el año de la Revolución Rusa) ya pretendió alterar la legalidad institucional mediante una huelga general revolucionaria cuyo objetivo confesado era derribar la monarquía. Posteriormente, en una sucesión ininterrumpida de acciones violentas con voluntad revolucionaria, hizo imposible la convivencia pacífica de los españoles. La sublevación de Jaca, la de Cuatro Vientos, y finalmente el golpe de Estado que proclamó fraudulentamente la Segunda República.

La huelga general revolucionaria de 1917

Pero ni aún así terminó con su vocación revolucionaria y cainita, pues en el momento en que ganó las elecciones “la derecha” no admitieron el resultado de las urnas y dieron un nuevo golpe de Estado en octubre de 1934. Que aunque no logró su objetivo, sentó las bases para que finalmente y mediante el pucherazo de febrero de 1936 -hoy histórica y documentalmente acreditado- se lanzara a una revolución marxista a la que por cuestión de días o semanas, “madrugó” el Alzamiento Nacional.

El objetivo de las dos leyes citadas es iniciar un proceso involucionista hacia 1931. Pero también, como objetivo secundario, está el ocultar sus responsabilidades en la guerra civil, además de negar los atroces crímenes que cometieron sus secuaces. Resulta un macabro sarcasmo que el PSOE se quiera erigir ahora en el “apóstol de las cunetas” cuando, como vamos a ver, es el responsable de las mayores atrocidades. El PSOE es una maldición bíblica para España, una verdadera pandemia, de la que si no es posible librarse y es necesario convivir con ella, hay por lo menos que vacunar al cuerpo social. Y para ello nada mejor que divulgar su pasado. En la seguridad de que si llegan a darse las circunstancias favorables, volverá a repetir su negra historia. Porque si bien es cierto que su responsabilidad es compartida con comunistas y anarquistas, no es menos cierto que por su mayor entidad y por dominar los resortes del poder, se erige como el gran responsable histórico del desastre de la guerra 1936-1939 y sus consecuencias.

…como Aznar, que de presidente del Gobierno condenó el Alzamiento Nacional, y el PP lo son de la hoy
Gil Robles, máximo exponente de la «derecha» de entonces…

Pero es preciso añadir además que esta calamidad histórica que para España es el PSOE, puede cumplir sus designios por la estulticia y la cobardía de una derecha que, en palabras del pensador tradicionalista Vázquez de Mella -y repito lo ya dicho hace unos días- “proclamando un Dios en el que no creen y una Patria a la que no aman, sólo pretenden mantener sus privilegios” y si alguien de buena fe piensa que tales palabras son excesivamente vitriólicas o injustas, habrá que recordarle la Proposición no de Ley aprobada por la Comisión Constitucional del Congreso el 20 de noviembre del 2002 -fecha elegida para mayor escarnio- por la que se condenaba “el franquismo” cuando gobernaba el PP de José María Aznar y con mayoría absoluta.

Y viene esto al caso porque cuando se sacan a relucir las atrocidades cometidas por la izquierda en general, y el PSOE en particular, durante la República y la Cruzada de Liberación Nacional, siempre hay algún acomplejado de la “derecha” que aduce aquello tan “equidistante” de que los asesinatos y excesos tuvieron lugar en ambas zonas. Esto es una falsedad que es imprescindible desmontar.

Es cierto que en los primeros días o semanas tras el Alzamiento, en zona nacional también hubo asesinatos, que fueron pocos, no porque el odio desatado desde que reinó la anarquía con la llegada al poder del Frente Popular, fuera menor en una zona que en otra, sino porque en Zona Nacional las autoridades las cortaron de raíz. Así por ejemplo en Salamanca se fusiló a unos falangistas que habían asesinado, por rencillas personales, a unos “rojos” o frente populistas. Esto no sucedió jamás en Zona Roja. Pronto las autoridades nacionales dictaron bandos según los cuales solamente podían efectuar detenciones las autoridades militares. Mientras que en Zona Roja todos los partidos políticos del Frente Popular y organizaciones sindicales tuvieron su propios centros de detención convirtiéndose sus militantes en “agentes de la autoridad” dueños de vidas y haciendas.

En la Zona Nacional en cuestión de días o semanas se terminaron los “paseos” o ejecuciones extrajudiciales… mientras que en Zona Roja duraron hasta que eran liberadas por las tropas de Franco. Este diferente comportamiento de ambas retaguardias también pudo tener su causa en el freno de la religión. Pero sin negar su posible influencia, tuvo más importancia el control, el orden y la autoridad ejercida en Zona Nacional frente a la anarquía en Zona Roja. Pues es sabido que cuando se desatan las pasiones, la religión no sirve mucho de freno en las conductas individuales y colectivas, como se demuestra en todos los países en las llamadas guerras de religión.

Pero volvamos a la diferencia entre ambas retaguardias. En Zona nacional no hubo “chekas” ni torturas, ni el latrocinio y la destrucción del patrimonio fue sistemático. Tampoco hubo profanación de cementerios y cadáveres… ni se exterminaron familias enteras. Como a continuación vamos a ver algún ejemplo.

Silla eléctrica (izqu.) y celda (dch.) entre otras muchas formas de tortura de las chekas frentepopulistas

Un capítulo aparte es el de la “represión” “franquista” al finalizar la guerra. A la vista de los terribles crímenes cometidos y de acuerdo con la legislación vigente, tras los correspondientes juicios o consejos de guerra un porcentaje no muy elevado de los que tenían delitos de sangre, pagaron con su vida, ante el pelotón de fusilamiento, los crímenes cometidos. Otros, también reos de graves delitos, fueron condenados a penas de reclusión o se les conmutó la pena de muerte por la de treinta años. Que en la mayoría de los casos, con las sucesivas reducciones, no llegaron a cumplir los diez años de privación de libertad. Siendo muchos los que extinguieron sus condenas en cinco años.

En cualquier caso en los archivos militares están las causas por las que se dictaron las condenas a muerte con el correspondiente certificado de defunción y el lugar en el que fue inhumado el cadáver. Las “cunetas” las “fosas” son una “milonga” de la propaganda de la izquierda. O mejor dicho, son una realidad pero en la Zona Roja. Que en una trasposición de responsabilidades, la izquierda achaca al bando vencedor. La mayor parte de los lugares donde se han encontrado restos corresponde a enterramientos de combatientes de ambos bandos en las zonas donde tuvieron lugar los enfrentamientos. Y en las numerosas ocasiones en que los integrantes de las llamadas “Asociaciones Para la Recuperación de la Memoria Histórica” (ARMH) disfrutando de cuantiosas subvenciones han encontrado enterramientos que han resultado corresponder a fosas comunes de víctimas ejecutadas por el bando rojo o frente populista, las han cubierto con la propia tierra extraída y con un tupido velo informativo. Tal es el caso de la fosa común en Alcalá de Henares donde parece ser que entre los restos sepultados de izquierdistas asesinados por el SIM rojo estaba el cadáver salvajemente torturado -despellejado vivo- de Andreu Nin dirigente del POUM (Partido Obrero Unificado Marxista) asesinado el 20 de junio de 1937.

Decir finalmente que en la represión posterior a la guerra pudo haber algún error, como de hecho lo puede haber y lo hay en la justicia de cualquier estado de derecho. Pero se hace preciso decir que todos los ejecutados lo fueron tras instruirse la correspondiente causa y el número de víctimas fue mucho menor que los asesinados “extrajudiciales” al terminar la Segunda Guerra Mundial en Francia e Italia, acusados de “colaboracionistas”

Y ahora hecho este preámbulo, tal vez demasiado extenso pero que se considera necesario para centrar el tema, veamos dos casos en los que se pone de manifiesto lo que hasta aquí se ha expuesto.

Asesinato de Marcelino Valentín Gamazo y de sus tres Hijos

Hoy, día 5 de agosto se cumplen 85 años del cruel asesinato de un prócer de esa idílica Segunda República que nos quiere “vender” el PSOE. Asesinato cometido por militantes socialistas y, con casi absoluta certeza, ordenado por Largo Caballero.

Marcelino Valentín Gamazo

Las víctimas fueron cuatro miembros de una misma familia: Marcelino Valentín Gamazo y sus tres hijos: José Antonio de 21 años, Francisco Javier, de 20 y Luis Gonzaga de 17 años. Esta es la crónica que debe servir para refrescar la verdadera memoria histórica, no la memoria parcial y sectaria de la que la infame ley 52/2007 y su ampliación “democrática” con la que se pretende ocultar las salvajadas cometidas por el Frente Popular, de quien la actual izquierda española es admiradora y heredera.

Marcelino Valentín Gamazo había nacido en Arechavaleta (Guipúzcoa) el 14 de agosto de 1879. Así pues, al ser asesinado, le faltaban nueve días para cumplir 57 años. Abogado de profesión, fue secretario de los colegios de abogados de Madrid en tres ocasiones. Decano de los Abogados del Estado, llegó a ser Fiscal General de la República, cargo para el que había sido nombrado por Niceto Alcalá Zamora el 16 de noviembre de 1935 a propuesta del Ministerio de Justicia, tanto por su prestigio como jurista, como por el hecho de merecer toda la confianza del Gobierno de la República. Pues no debemos olvidar que Don Niceto Alcalá Zamora había sido el primer presidente del Gobierno Provisional de la República y finalmente llegó también a la presidencia de la Segunda República Española.

Marcelino Valentín Gamazo estaba casado con Narcisa Fernández Navarro de los Paños, con la que tuvo nueve hijos. Su esposa poseía fincas en Rubielos Altos, en la provincia de Cuenca, aunque la familia vivía en Madrid donde él ejercía su profesión. Su actuación profesional más notable, en el ejercicio del cometido que le correspondía como Fiscal General de la República, fue en la causa emprendida por el Tribunal Supremo contra el socialista Francisco Largo Caballero (el llamado Lenin Español) como principal responsable -instigador y organizador- del golpe de Estado contra la “república burguesa” que la historiografía denomina “La Revolución de Octubre de 1934

El líder del PSOE, Largo caballero (a) «Lenin español» en la cárcel tras la Revolución de Octubre de 1934

En dicha causa, Valentín Gamazo había pedido para Largo Caballero, cumpliendo el cometido que le correspondía como Fiscal General de la República, una pena de 30 años de reclusión, que era la que le correspondía al ser acusado de rebelión militar. Pues la “Revolución de Octubre” había sido un alzamiento en armas contra la República que causó más de mil muertos, siendo necesario el empleo del Ejército para sofocarla. Absuelto Largo Caballero merced a las presiones ejercidas sobre el Tribunal Supremo, y muy especialmente ante el temor a la reacción de las milicias armadas del PSOE si resultaba condenado. Valentín Gamazo presentó su dimisión, por haber quedado probado en el juicio la participación y responsabilidad de Largo Caballero como instigador y organizador de la Revolución de Octubre contra la República.

Con las elecciones de febrero de 1936 y la consecuente llegada al poder del “Frente Popular” mediante un “pucherazo” -hoy definitivamente establecido en la documentación que se aporta en el libro 1936 FRAUDE Y VIOLENCIA en las elecciones del FRENTE POPULAR de Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García (Espasa 2017)- el Frente Popular, y especialmente el PSOE de Largo Caballero, ansiaba realizar la revolución bolchevique que implantara en España la “dictadura del proletariado” desquitándose del fracaso de 1934, cuando la República, en defensa de la legalidad, había sofocado la revolución mediante el empleo del Ejército, entre cuyas misiones estaba precisamente garantizar esa legalidad.

Y aunque suponga una digresión, es necesario resaltar la vocación “golpista” del PSOE, siquiera para desenmascarar la felonía que supone el intento de reivindicar hoy la “legalidad de la Segunda República” que subyace en la infame ley 52/2007. Cuando su trayectoria histórica ha sido conculcar cualquier legalidad, que no sea la que ellos se arrogan.

Pero volvamos a la memoria histórica de Marcelino Valentín Gamazo. Con los antecedentes ya apuntados, nada de extraño tiene que tras el pucherazo de febrero del 36 España entrara en un proceso pre revolucionario. En el que la violencia y la anarquía se adueñó de todo el Territorio Nacional con una permanente oleada de crímenes y huelgas, que la inexistente “autoridad” no quería o no podía atajar. El Frente Popular se aprestaba pues para dar su golpe de estado definitivo, que le permitiera derrocar a una República que denominaban “burguesa” e instaurar “la dictadura del proletariado”.

Esto no era un temor infundado de “las derechas” sino una inquietante certeza. Pues así lo había manifestado públicamente en numerosas ocasiones Largo Caballero:

Mitin en Linares el 20 de enero de 1936:

… la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.

El 10 de febrero de 1936, en el Cinema Europa, Largo Caballero insistía:

… la transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas… estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

El 1 de noviembre de 1933:

En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo. La generosidad no es arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia”. 

 “Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral, y ese período es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos”.

15 de agosto de 1933, en la Escuela de Torrelodones:

Antes de la República creí que no era posible realizar una obra socialista en la democracia burguesa. Después de veintitantos meses en el gobierno… si tenía alguna duda sobre ello, ha desaparecido. Es imposible“. (“El Socialista”, 16-8-33).

Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia’). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aun los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”. (“El Socialista”, 9-11-33)

Tras esta lectura es momento de recordar que el Alzamiento Nacional tuvo lugar a los gritos de ¡¡¡Viva España!!! ¡¡¡Viva la República!!! Y que en lo alto del Alcázar de Toledo ondeaba la bandera republicana, mientras que ninguna de las tropas y milicias que acudían desde Madrid para someter a los alzados contra el Frente Popular, llevaban la bandera tricolor. Solamente llevaban las banderas rojas de la revolución. Con la hoz y el martillo, o simplemente la bandera roja del PSOE. Todo ello muy en consonancia con la declaración recogida en “el Socialista” que se resalta en negrita.

Lógicamente, en tal situación, la media España que no se resignaba a morir en manos de los revolucionarios, tomaba sus providencias. Derechas e Izquierdas, todos, eran conscientes de que se caminaba sin posible retorno hacia una guerra civil. Por su parte el Frente Popular daba por hecho que, tras el fracaso de la Revolución de octubre, esta nueva insurrección sería la definitiva. La que le permitiría establecer por fin la dictadura del proletariado y hacer la revolución. Y para “la derecha”, lo que le esperaba en un inmediato futuro, no tenía género de duda alguna: En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo.

Y como para muestra vale un botón, decir que a todos los parques de artillería de Madrid se habían destinado “jefes de confianza” afiliados a la masonería, para facilitar el reparto de las armas depositadas en estos establecimientos a los milicianos de las diferentes organizaciones sindicales y partidos políticos del Frente Popular. Todo previsto para  cuando se produjera la nueva y definitiva insurrección armada que debería dar comienzo a la revolución.

Recién iniciada la guerra, Largo Caballero es el primero sentado con sombrero y fusil.

La única duda que hoy en día existe, es si esa nueva y definitiva “revolución proletaria” auspiciada por el PSOE, estaba preparada para el mes de octubre (fecha emblemática de la Revolución Rusa y también elegida para la insurrección armada de 1934) o iba a tener lugar en el siguiente mes de agosto para conseguir la sorpresa. Esta segunda posibilidad la avala el hecho de que, a pesar de la explosiva situación política y social, no sólo no se había dado orden de acuartelar las tropas, sino que por el contrario, se habían dado los permisos de verano en un número muy superior a la mitad de los efectivos. 

Entrega de armas a frentepopulistas en Madrid

Por otro lado estaba perfectamente organizado el reparto de las armas depositadas en los parques de artillería a los milicianos del Frente Popular. De los cuales los más numerosos y organizados, eran los socialistas de la UGT.

Pero el 18 de julio de 1936, el Alzamiento Nacional “madrugó” al Frente Popular por utilizar una expresión mejicana, tan acertada como significativa.

Pero volvamos a las vicisitudes de Marcelino Valentín Gamazo. Como ex fiscal General de la República, y por ello persona con buenos “contactos” al haber ocupado tan relevante puesto en la organización del Estado, pensó que al estallar el inevitable enfrentamiento civil, que más pronto que tarde tendría lugar, estaría más seguro en Rubielos  Altos en la casa y finca de su esposa Narcisa Fernández Navarro de los Paños, a donde se trasladó con toda su familia a principios del verano.

Pues bien, el día 5 de agosto de 1936, cuando se encontraban en el interior de la vivienda los tres hijos mayores del matrimonio, José Antonio, Francisco Javier y Luís Gonzaga Valentín Fernández,  jugando al frontón con su primo hermano Jesús María Fernández Medrano de 19 años, se presentó a media mañana en la casa un grupo de diez o doce milicianos en una camioneta requisada. Tras Penetrar en el patio de la vivienda, manifestaron que habían venido para llevarlos a Albacete a declarar. En un principio los tres hermanos se negaban a subir al camión e incluso pensaron resistirse a la “detención” haciéndoles frente con las numerosas escopetas y munición que había en la casa. Pero presentado el padre, Marcelino Valentín Gamazo, “hombre de orden” como correspondía a un notable jurista que había sido nada menos que fiscal general de la República, les ordenó que obedecieran, pues al no tener ningún cargo contra ellos, tras tomarles declaración quedarían en libertad.

Jesús Mª Fez. Medrano, con 20 años, de requeté

Jesús María Fernández Medrano, sobrino de Marcelino Valentín Gamazo, se negó a subir al vehículo con sus primos, desobedeciendo la indicación de su tío y diciendo a los milicianos que él no era de esa casa y que no se subía al camión. Tras un forcejeo verbal, y como sus primos ya se sumaban a la negativa de marcharse con los milicianos, y hacían intención de bajarse del vehículo desobedeciendo a su padre, se creó un momento de gran tensión. Y ante el temor de que hubiera más hombres en la casa, los milicianos optaron por irse sin él, no sin antes decirle: ya volveremos por ti otro día.

En cuanto se alejaron del pueblo los ataron, y tras vejarlos y torturarlos durante todo el día, los asesinaron al día siguiente en un olivar situado en el margen derecho de la carretera que va de Tébar al Picazo.

Y fueron tan canallas que los asesinaron de menor a mayor. Primero al pequeño Luis Gonzaga, de 17 años. Luego a Francisco Javier de 20. Después al mayor, José Antonio de 21 años… y finalmente al padre al que obligaron a presenciar la muerte de sus tres hijos.

Dejaron los cuatro cadáveres pudriéndose al terrible sol de agosto. Y como podía esperarse de aquellas alimañas, ni tan siquiera ejercieron la séptima de las obras corporales de la misericordia, enterrando sus cuerpos en la cuneta. Luego pararon en el Picazo a tomar unos refrescos, donde se vanagloriaron de su “hazaña”.

A alguno de los hijos debió costarle morir con los disparos de las escopetas, pues entre risotadas comentaron en el bar…. ¡estaban duros los perdigones![1]

El jefe de aquellos asesinos, de regreso a Madrid, allanó la vivienda de la familia y entre las cosas que robaron fue un traje de Marcelino Valentín Gamazo, el que había sido prócer de la República y se paseaba vestido con él jactándose de que lo había requisado porque el dueño ya no lo necesitaba.

Cuando se supo en el pueblo que habían aparecido los cuatro cuerpos tirados en un olivar, se fue a buscarlos, trayéndolos atravesados sobre caballerías y envueltos en mantas, pues ya había comenzado la descomposición de los cadáveres. Se deja a la imaginación del lector recrear la escena dantesca de la madre, y el resto de los hermanos y hermanas pequeñas, (cinco en total, pues uno de los hijos, Alfonso, ya había muerto en la infancia) ante la llegada de los cuerpos de su padre y de sus tres hermanos mayores.

Narcisa de pequeña

Fueron descargados de las caballerías en el mismo lugar de donde habían partido, y testigos presenciales de aquel momento dramático, relataron que la madre, Narcisa Fernández Navarro de los Paños, fue quitando las mantas que cubrían los cadáveres al tiempo que los nombraba uno a uno.

No derramó ni una lágrima….  pero por la palma de las manos le corría la sangre producida al clavarse las uñas.

Tres años después de finalizada la guerra, uno de los integrantes de aquel pelotón de asesinos fue localizado por casualidad en Madrid por el conductor y dueño de la camioneta requisada para cometer el delito y por ello testigo de los hechos. Al pasar por delante de un edificio en construcción, uno de los obreros se acercó a pedirle fuego. Su cara le resultó vagamente conocida, aunque sin poder precisar en dónde podía haberla visto antes. Pasados algunos días, pudo recordar aquella fisonomía. Era de uno de los milicianos que le habían requisado el camión obligándole a trasladarlos a Rubielos Altos, de donde se habían llevado a aquel hombre y a sus tres hijos a los que posteriormente habían matado. Denunciado el hecho a la policía, el sujeto fue detenido y se le formó causa por el múltiple asesinato. Tras el correspondiente juicio, fue condenado a muerte y pagó su crimen ante el pelotón de fusilamiento.

Hoy es una más de las «víctimas de la represión franquista» que ha sido elevado a los altares laicos como “mártir de la democracia” por la infame ley de la memoria histórica.

El resto de la partida de facinerosos logró eludir su responsabilidad criminal, tal vez escapando al extranjero.  Y hoy también son acogidos con amorosos brazos en el artículo 2, Reconocimiento general, de la ley 52/2007 que tras establecer en el punto uno el carácter radicalmente injusto de todas las condenas dice en el punto tres: «Así mismo se reconoce y declara la injusticia que supuso el exilio de muchos españoles durante la Guerra Civil y la Dictadura».

También pudiera ser que el resto de la partida de milicianos no escaparan al extranjero, permaneciendo en alguna de las grandes ciudades españolas como había hecho el único que pagó con la vida su culpa. Y donde al no ser descubiertos, llevarían una vida normal, incluso alcanzando un notable progreso social en la pujante “España franquista” que se redimía de un atraso de siglos.

Pudiera ser incluso que sus descendientes sean hoy votantes de Podemos, Izquierda Unida o el PSOE. Y que si sus ancestros asesinaron a mansalva a cualquier español tildado de “fascista”, por el hecho de no seguir dócilmente las consignas de su ideología marxista, ir a misa o ser “ricos”, hoy los descendientes de las víctimas vuelven a ser fusilados -por ahora solamente a salivazos-  con la infame ley 52/2007 y de nuevo perseguidos socialmente bajo la misma acusación de “fascistas”.

Precisamente uno de los objetivos de la ley 52/2007, además de revertir el desenlace de la Cruzada, es ocultar el pasado asesino del Frente Popular, desviando sus culpas sobre las víctimas.

Epílogo

Cuando el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República, la abuela de Jesús María Fernández Medrano, el único que salvó la vida aquel aciago 5 de agosto de 1936, lloraba desconsoladamente.

Ante ello, Marcelino Valentín Gamazo, el preclaro jurista que tan solo tres años después llegaría a ostentar nada menos que el cargo de Fiscal General de la República, le decía: ¡¡¡Por Dios Señora!!! ¡¡¡No se preocupe!!!…. parece mentira que usted, que tiene mundo, que ha vivido en la República Argentina, tenga esa prevención a un régimen político tan válido como cualquier otro.

A lo que Mercedes Moreno Vílchez, (madre de Amelia Medrano Moreno, consuegra de Marcelino Valentín Gamazo) le respondía:

-Sí Marcelino, si me preocupo, que en España la república es quemar iglesias, matar curas y monjas y asesinar a personas de orden.

Y Marcelino Valentín Gamazo le respondía: ¡¡¡Por Dios señora, pero que cosas tiene usted!!! Acompañando la exclamación con un expresivo gesto de indulgencia, ante los temores de aquella señora ya entrada en años.

Se dice que ante la inminencia de la muerte, los recuerdos de toda una vida acuden en tropel a la mente, con inusitada viveza de la memoria. ¿Recordó Marcelino Valentín Gamazo, antes de ser asesinado, aquella conversación que había mantenido tan solo seis años antes?

Si todavía tenía alguna esperanza, sin duda se disipó cuando la camioneta se detuvo en aquel solitario y apartado paraje, y cuando aquellos abyectos asesinos los bajaron del camión atados, cual reses que van al matadero. Muy posiblemente entre mofas -baste recordar los posteriores y jocosos comentarios en el Picazo- obligándoles a internarse unos metros en el olivar, mientras preparaban las escopetas cargadas con postas.

Estela funeraria colocada posteriormente por la familia en el lugar de los asesinatos

Según el relato del conductor del camión, que estaba presente, y luego fue el principal testigo de cargo en el juicio habido contra el único que pagó con su vida el crimen cometido, el padre pidió que le disparasen primero a él. Bien fuera para no presenciar la muerte de sus hijos, o tal vez con la esperanza de que con su muerte tuvieran suficiente y respetaran la vida de sus hijos. Esta petición, en lugar de moverlos a compasión, fue precisamente la que les dio la idea para la crueldad suprema. Procediendo a darles muerte en orden inverso a sus edades. Empezando por el más pequeño y finalizando con el padre, al que obligaron así a presenciar la muerte de sus tres hijos.

¡¡¡Cuántas veces le oí decir a mi padre a lo largo de su vida!!! Si mis primos hubieran sabido lo que les esperaba, no se habrían subido tan dócilmente al camión. Porque mi tío no era valiente, pero mis primos si… y  en la casa había más de siete escopetas y abundante munición. Les hubiéramos hecho frente, aunque luego hubiésemos tenido que huir tratando de llegar a Zona Nacional.

Una consideración final.

Todo parece indicar que entre los milicianos socialistas pertenecientes al pueblo de La Jara que cometieron el cuádruple asesinato, figuraba alguno llegado expresamente desde Madrid. La larga mano del “Lenín Español” había tomado sus providencias para hacerle pagar, al  que fuera Fiscal General de la República, la osadía de acusarlo en la causa que se había seguido contra él. Acusación ejercida en defensa de la República. “En Defensa de la República” se llama precisamente un pequeño librito en el que con profusión de datos y fotografías, se documenta la insurrección armada contra la legalidad republicana promovida por el PSOE y la Esquerra catalana.

Y es que el PSOE ha sido, es, y será, una maldición bíblica para España. Hizo inviable la Segunda República, que podía haber servido para superar un atraso multisecular y las nefastas consecuencias con que las sangrientas guerras dinásticas que habían ensangrentado España y enconando su convivencia de los españoles. Ahora, con el sectarismo revanchista de su infame ley de la memoria histórica, harán fracasar la pretendida concordia de la Transición. Concordia en la que nunca creyeron y por todos los medios han intentado evitar. Aunque al principio pudiera parecer lo contrario, pues guiados por el vil aforismo de “Lame la mano que no puedas morder” ocultaron el rencor inextinguible que anida en sus corazones.

Hoy, considerándose ya suficientemente fuertes, se han quitado la careta.

Buscan un nuevo enfrentamiento que lograrán, a corto o largo plazo; profanación del Valle de los Caídos incluida, monumento señero de la reconciliación nacional, y ello tras la exhumación-profanación del cuerpo embalsamado de Francisco Franco. Tal vez es eso precisamente lo que busca el PSOE, como buscó la guerra en 1936. Ahora buscan de nuevo el enfrentamiento, ilusionados con el refrán que dice “a la tercera va la vencida”, pero  sin reparar en ese otro que dice “no hay dos sin tres”,

Exhumación-profanación sepultura Francisco Franco

En cualquier caso serán responsables de las consecuencias, por haber desoído las palabras de Gutiérrez Mellado -un icono para la izquierda “progresista”- quien vaticinó que “el futuro de la democracia pasaba por el respeto a la figura de Franco”.

Por nuestra parte debemos ser conscientes de que la mejor forma pacífica, de evitar que una vez más el PSOE consiga sus propósitos cainitas, es apercibir del peligro a los españoles divulgando su negra historia.

Y en eso debemos incidir. En el relato de una memoria histórica veraz, como la narrada. Frente a la espuria memoria histórica que pretende imponer la infame ley 52/2007.

Se dijo al principio que no era comparable la violencia desatada en la Zona Roja con la que pudo darse en los primeros días en la Zona Nacional, y que desde luego entre esas diferencias estaba el que en Zona Nacional no se aniquilaron familias enteras. Y como para muestra vale un botón, traemos también aquí el caso de la familia Arizcun de notables similitudes con la familia Valentín Gamazo. El padre, Alejandro Arizcun Moreno, era también un notable jurista, abogado y notario. Tenía 56 años, al igual que Marcelino Valentín Gamazo al que le faltaban nueve días para cumplir 57 cuando fue asesinado. Junto al padre fueron asesinados en Paracuellos del Jarama ¡¡¡sus cuatro hijos!!! Ramón, Francisco, Luis y Carlos Arizcun Quereda. El pequeño, Carlos, tenía tan sólo 17 años -un niño- como Luis, el menor de los Valentín Gamazo. El delito de Alejandro Arizcun Moreno era ser afiliado o cotizante de Acción Popular y ser “gente de misa” motivo suficiente para ser asesinado junto a sus cuatro hijos. Esa es la idílica República y el seráfico Frente Popular que reivindica la infame ley 52/2007 de “la Memoria Histórica” y que pretende ampliarse con la abyecta ley de “Memoria Democrática”.

Y no está tampoco de más recordar, ya que el Frente Popular actualmente en el Gobierno de España, tiene tanto empeño en impulsar las Asociaciones de la Memoria Histórica que los pasados días dos y tres de este mes también se cumplieron los 85 años de los asesinatos de La Mola en Mahón (Menorca).

El PSOE ha abierto la caja de los truenos con sus leyes sectarias y cainitas, ha desenterrado el hacha de guerra. Y el que siembra vientos recoge tempestades. De nada ha servido la deseada concordia de la Transición.  Al principio fingieron desear esa concordia llevados del vil aforismo “lame la mano que no puedas morder”. Hoy, sintiéndose suficientemente fuertes clavan sus ponzoñosos dientes en la mano que de forma tan generosa, como por lo que se ve imprudente, se les tendió.

[1] En esta zona de la provincia de Cuenca se llama “perdigones” a los pollos de la perdiz.