El año pasado fue el 80 aniversario de la derrota del Frente Popular, tan falsificado por la izquierda y mal comprendido por gran parte de la derecha. Y el años próximo será el 90 aniversario de la llegada de la república,  tan mal analizada o falsificada a su vez por la gran mayoría de los historiadores de un lado o del otro. En ocho años, el país vivió el fin de un régimen, otros dos regímenes y el comienzo de un cuarto, con una guerra civil entre medias.  Curiosamente fue el mes de abril la fecha clave de los sucesos. El 14 de abril de 1931 se implantó la república; el  8 de abril de 1936 la destitución de Alcalá-Zamora completaba la destrucción de la república y el asentamiento del nuevo régimen de frente popular; y el 1 de abril de 1939 se daba por finalizada la guerra civil, con la victoria  del cuarto  régimen, que duraría hasta 1977 o 1978, según se prefiera.

Un dato muy digno de análisis  es que la república intentó imponerse mediante un golpe militar, que fracasó en diciembre de 1930… no obstante lo cual, los golpistas estaban en el poder solo cuatro meses después. E octubre de 1934 un frente popular de facto intentó destruir la república con una insurrección armada en octubre de 1934, y volvió a fracasar… y solo dieciséis meses después los golpistas estaban en el poder mediante un fraude electoral. Ambos golpes debieron deslegitimar a sus autores, pero los deslegitimados resultaron quienes les habían vencido. Esta repetición tan llamativa nos remite a la situación actual de golpe de estado permanente ante el cual las instituciones parecen sentirse deslegitimadas para actuar.

Con motivo del aniversario del Frente Popular publiqué un estudio aportando nuevas claves para entender aquel régimen. El libro consiguió enseguida tres ediciones, pero su difusión fue paralizada por el coronavirus. Y de cara al aniversario de la república he publicado otro estudio en gran medida novedoso, ambos sobre cuestiones que debieran estar agotadas hace tiempo, pero que nunca han sido abordadas con suficiente objetividad, y por ello tanto un régimen como el otro se presentan a los españoles actuales envueltos en nubes de equívocos, de análisis insuficientes  o de abiertas falsedades de los memoriadores. El de la república va por la segunda edición y conforme se vayan superando los efectos del virus, es de esperar que alcance muchas más. Porque la historia debe servir de algo, entre otras cosas, como decía Cicerón, para no persistir en una infancia manipulable por los demagogos y totalitarios. Como, precisamente, ocurre hoy. En frase de una célebre tragedia griega, “Los muertos matan a los vivos”.