Desde finales del pasado año 2020, cuando empezaron a cumplirse los 45 años de la muerte de D. Francisco Franco Bahamonde (Caudillo de España desde que toma las riendas de “La Cruzada de Liberación Nacional”, citando al entonces Obispo de Pamplona y posteriormente Arzobispo de Valencia, Mons. D. Marcelino Olaechea, hasta su muerte el 20 de noviembre de 1975) y muy especialmente desde mediados de enero de este año 2021, cuando era yo el que acababa de cumplir, Gracias a Dios, 45 años, muchos buenos amigos, compañeros de profesión y lectores, tanto de El Correo de España como de los análisis publicados para La Fundación Nacional Francisco Franco, y que saben de mi interés por el estudio de la profunda vida religiosa del Caudillo, empezaron a pedirme con cierta insistencia que iniciara una serie de artículos que pudieran servir para que, Dios mediante, al menos se reconocieran las Virtudes Heroicas del Caudillo, como hombre de Dios, hombre de Fe, hijo de la Iglesia y Defensor de la Unidad Católica de España en el marco de la Cristiandad.

Reconozco que no era una idea que me desagradara, es más la veía como un proyecto santo y justo, incluso como parte de un proyecto mucho más amplio que pudiera reforzar otro de similares características que tengo entre manos:

El Reconocimiento por parte de la Iglesia de las Virtudes Heroicas y de Santidad a Nuestra Reina Isabel La Católica.

Sin embargo, había algo que, sin saber exactamente qué era, me retenía, como cuando uno tiene en mente dar un paso relativo a la Vocación, ya sea ésta matrimonial o religiosa célibe, pero hay algo que le retiene en ese momento y después se disipa sin saber exactamente cómo y después pasado el tiempo lo comprende.

Eso me sucedió hace escasos días. Llegué a comprender que el momento apropiado para dar comienzo a esta serie de artículos, que muestren las Virtudes Heroicas de nuestro Caudillo (el mejor gobernante y “monarca” que jamás haya tenido España junto a los Reyes Católicos, y tras los cuales deberíamos remontarnos a los emperadores Adriano y Trajano, Generales de Hispania como Franco) debía ser tras una Festividad Solemne que, para el Caudillo, y para España, era fundamental:

El Sagrado Corazón de Jesús, al que él, y la misma España, están Consagrados para toda la eternidad, pase lo que pase, como sucede con el Bautismo o con el Orden Sacerdotal.

A este momento sobresaliente, que pudimos Celebrar el pasado día 11 de junio, se han unido unos acontecimientos vergonzosos, y carentes de honor, que exigen justicia y reparación:

El incremento constante de las críticas a la persona y el gobierno de D. Francisco Franco, procedentes no sólo de sus enemigos abiertos y declarados (hecho esperable) sino también de aquellos “pérfidos y solapados” que, bajo la apariencia de una camisa azul, una boina roja, una estampa de San Josemaría o un alzacuellos diocesano, se autoproclaman antifranquistas o más puristas, hijos de la Iglesia y españoles que el propio Franco.

Ahora es el momento de mostrar a todos estos sinvergüenzas, aprovechados, ingratos, traidores, agentes provocadores o todo a la vez, que no le llegan al Caudillo a la suela del zapato en ninguno de los aspectos de la persona, el aspecto, mérito y Virtud más importante del Caudillo:

El de católico, como España lo es. Qué nuestro Señor y Rey, y Rey del Caudillo, Jesucristo, Nos Asista en esta Empresa.