Estamos –insisto- en condiciones de reconocer y aceptar el fracaso de la Falange, desde la filosofía ascética del fracaso, frente  a la dominante y embriagadora filosofía del éxito, porque hay una positiva filosofía del fracaso, de raíz cristiana, frente a una negativa filosofía del éxito,  de signo  materialista.

 

Jaspers, Sartre, Lacroix y Ortega ven el fracaso como necesario y fascinante. Naufragar no es ahogarse, dice Ortega, mientras que Lacroix eleva el fracaso a característica de la realidad humana, que fracasa esencial y fundamentalmente[1]; que debe distinguir entre experimentar el fracaso y sucumbir en él; que permite descubrir la alegría dentro del fracaso; que no tiene por qué agotar la esperanza; que es aceptación y superación de lo trágico; que se remonta sobre el escepticismo y el nihilismo [2]. Así lo ha visto Julián Marías, que nos alecciona con este descubrimiento político y filosófico: lo verdaderamente importante no es lo que se consigue, sino lo que se propone [3].

 

A propósito de la película Surcos y de la novela La Colmena (ambas de 1951), Eduardo Haro Tecglen, que se caracteriza de rojo típico, escribía en El País, hace dos años,  que la disconformidad social de Cela, Torrente y Nieves Conde, que eran falangistas, procedía del ensueño de aquella revolución traicionada antes de comenzar, devorada y digerida por el Movimiento [4].

 

Y el mismo Haro, en seguida, cuando, a la vista del juicio anterior,  alguien le advierte risueñamente que se está aproximando a la Falange auténtica, añade:

 

No defiendo ninguna Falange. Creo que tantos idealistas y tantos socialistas nacionales e internacionales se quedaron truncados y engañados. Y no la revolución, sino las revoluciones, están siempre pendientes. A veces se ganan y es peor. Lo digo por la vuestra, pero también por la soviética y no hablemos de la mejicana o de la cubana  [5].

 

Otra cita me viene a la memoria, a este propósito:

 

Si la propuesta capital de José Antonio fue la síntesis y particularmente la síntesis de derecha e izquierda, hay que admitir su fracaso; pero en la estela de ese fracaso estamos viviendo, como vivimos de las resultas de tantos fracasos admirables  [6].

 

Esto lo escribía yo, hace ya quince años (1986), en el quincuagésimo aniversario del fusilamiento de José Antonio, que, como es sabido, fue fusilado por la izquierda y por la derecha[7].

 

Del fracaso de la Falange, de la confusión de las falanges,  hay que salvar a José Antonio, como arquetipo humano y como ideación política; como persona egregia (tal vez el cerebro más prometedor de la Europa contemporánea, según Unamuno[8]), modelo para todo  un tiempo, con una palabra egregia (una de las bellas prosas del siglo XX), al servicio de una conducta y de un pensamiento egregios.

 

Así lo proponía yo en aquella ocasión:

 

Ya es tiempo de liberar a José Antonio de su secuestro. Ya es hora de transferirlo a todos los españoles, como patrimonio general, sin manipulaciones, sin ataduras históricas, para una nueva confrontación en libertad, que nos pueda dar el valor actual de su pensamiento, la dimensión de su persona[9].

 

En la sintonía diferencial  de lo joseantoniano y lo falangista, en 1999, en el espacio abierto de Internet, que se escapa al dominio de nuestros censores, Ernesto Milá se pregunta:

 

¿Es posible en 1999 un movimiento político que no utilice el nombre de Falange, pero que esté imbuido del espíritu joseantoniano? ¿Es autónomo el pensamiento de José Antonio en relación a su obra, la Falange? Tengo claro que si la Falange quiere ser operativa en 1999 debe renunciar -en aras de la operatividad- a algunas de sus características exteriores, incluso el nombre. Tengo claro que habría que extraer lo esencial y lo que conserva actualidad en el pensamiento joseantoniano para alumbrar un nuevo movimiento político, en el que una aportación joseantoniana depurada se funda con otras aportaciones anteriores o posteriores e incluso que aun están por nacer[10].

 

Ya el hecho de que estemos aquí reunidos, en el siglo XXI, para hablar de la presencia de José Antonio es un hecho definitorio. Creo en la virtud de la reunión. Hay un misterio evangélico que infunde optimismo esencial, emanado de la promesa de Jesús en Cafarnaun: Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos  [11]

 

La virtud de la reunión traduce la máxima evangélica, enseñándonos que, si nos reunimos en nombre de algo, allí está ese algo, sea la Verdad, la Libertad, la Belleza, el Amor, la Amistad, la Inteligencia o el Decoro. Hay, pues, que creer en la virtud de la reunión, porque es bueno el simple hecho de reunirse y, más aún, es bueno en si mismo reunirse en nombre de lo bueno.

 

Esta misma reunión es una prueba de la virtualidad de lo joseantoniano hoy. Hace dos años, llenábamos un cine de barrio de Madrid para ver el vídeo Descubriendo a José Antonio y, de paso, cantar Cara el Sol. Allí estaban desde la quinceañera camisa azul, postulante para ayuda de la Falange,  hasta el nonagenario Manolo Valdés, amigo personal y camarada de José Antonio. En 1996, nos reunimos una cincuentena para repetir la cena de  José Antonio en el Mesón del Segoviano. En 1997, abarrotamos el salón de actos del Ateneo para presentar el libro Sobre José Antonio. Más de cien nos  reunimos en febrero 1998,  junto a lo que fue el cine Europa, para volver a cantar Cara el Sol.  Desde 1993, año a año, nos reunimos en la Mesa del 29 de octubre. Otros se reúnen bajo otros techos o en foros de Internet, donde se leen correos como este: Soy un chico afiliado a FE-JONS, tengo 16 años y soy de un pueblo de Granada. Lo primero, me gustaría conseguir una camisa azul (lo llevo intentando año y medio) Un abrazo y ¡Arriba España! Gonzalo Moreno Muñoz. Y, en este año,  ya van tres mañanas de domingo en cines de la Gran Vía. Ahora mismo, en esta Plataforma, nos estamos reuniendo gentes plurales para proyectar, con el debido decoro, el centenario de José Antonio y salir de las catacumbas o de los armarios bien entendidos, en el año 2003.

 

En la llamada diáspora azul , dispersión recoleta de la comunidad mística, capilares minorías se reúnen para comer, para cantar, para hablar, para estudiar, para discutir en nombre de José Antonio, y son, según  el verso de Panero, alegres e invisibles como el agua en la pradera [12].

 

 

 

 

[1] ANGEL L. PRIETO DE PAULA, “La escritura del fracaso”, en “Babelia” (diario “El Pais”), Madrid, 24 de noviembre de 2001: “Igual que UNAMUNO, en el cierre de uno de los sonetos de su Rosario..., el sujeto sabe que “toda vida a la postre es un fracaso”.

[2] JEAN LACROIX, “El revés”, 1964.

[3] JULIAN MARIAS, “Lo que se lleva dentro”, en “ABC” (diario), Madrid, 7 de abril de 2001.

[4] EDUARDO HARO TECGLEN, “1945-1951”, en “Babelia” (“El País”), Madrid,  16 de enero de1999.

[5] IDEM , correo electrónico a Ismael Medina, Madrid, 29 enero 1999

[6] ENRIQUE DE AGUINAGA, “Sin ataduras”, en “ABC” (diario), Madrid, 20 de noviembre de 1986.

[7] IDEM, “También la derecha ha fusilado a José Antonio”, conferencia, en “Fuerza Nueva”, Madrid, 4 de abril de 1974.

[8] MIGUEL DE UNAMUNO, carta al escritor argentino Lisardo de la Torre, 14 de agosto de 1936. “Lo he seguido con atención, puedo asegurar a usted que se trata de un cerebro privilegiado, tal vez el más prometedor de la Europa contemporánea. Le funciona perfectamente la cabeza”

[9] ENRIQUE DE AGUINAGA, o.c.

[10] ERNESTO MILA, correo electrónico, 30 de enero de 1999.

[11] MATEO, 19.20.

[12] LEOPOLDO PANERO , "Canto personal", Cultura Hispánica, Madrid, 1953, p. 121.