A la una y media de la  tarde del sábado día 3 de septiembre de 1955, el Jefe del Estado, Francisco Franco, acompañado de su esposa, Carmen Polo, llegaba al salto de Los Peares en Orense, donde confluían los ríos Miño y Sil.  En otros automóviles iban el jefe y segundo jefe de su Casa Militar, teniente general Franco Salgado y contraalmirante Nieto Antúnez, respectivamente; ministro de Marina, almirante Moreno, y sus respectivas esposas.

En el túnel de Los Peares fue recibido por los ministros de Obras Públicas, conde de Vallellano; de Industria, señor Planell Riera, y del Aire, teniente general González Gallarza; capitán general del Departamento Marítimo de El Ferrol, almirante Regalado; cardenal arzobispo de Santiago, doctor Quiroga Palacios; gobernadores civiles de las cuatro provincias gallegas, gobernador militar de Lugo; presidente de la Diputación; general jefe de la IV Zona de la Guardia Civil, y otras autoridades y personalidades, así como el presidente y el vicepresidente del Consejo de Administración de FENOSA,  Pedro Barrié de la Maza y  Marcelino Blanco de la Peña, respectivamente.

Llegados de distintos puntos de la provincia, numerosos afiliados a las Falanges Juveniles de Franco y falangistas, recibieron al Caudillo con vítores, aclamaciones y aplausos.

Tras de ser saludado por las autoridades y personalidades, el Caudillo con el ministro de Obras Públicas y el señor Barrié de la Maza, llegó hasta la sala de generadores, en donde, ante un altar levantado al efecto, el cardenal Quiroga Palacios, revestido de capa y provisto de báculo, bendijo las amplias naves, ayudado por el canciller del Obispado. Después, el Generalísimo puso en marcha el tercer grupo de esta estación hidroeléctrica, con cuya ceremonia quedaba inaugurado el Salto de Los Peares.

El Caudillo Franco recorrió otras salas, escuchando las explicaciones que le daban el ministro de Obras Públicas y el director gerente de FENOSA, Benigno Quiroga. Seguidamente Franco llego a una zona de la central donde se exponían diversas maquetas y planos, dibujos y grabados, de lo que sería la continuación del salto de los Peares con la próxima construcción del Salto de Belesar.

El conde de Vallellano y el señor Barrié de la Maza explicaron al Caudillo el desarrollo de las maquetas, que indicaban cómo habría de quedar el nuevo pueblo lucense de Puerto Marín, ya que el actual, como otras aldeas y parroquias de la zona, serian anegadas por el futuro embalse de Belesar, que sería  construido también en el rio Miño y que se encontraba proyectado en las maquetas que visionó el Jefe del Estado. Este recabó datos de cómo se realizaría el traslado del pueblo con algunas construcciones de gran valor histórico y arqueológica. Pedro Barrié de la Maza informó al Generalíismo Franco de que serían desmontadas y numeradas las piedras, una a una, para posteriormente ser llevadas a la nueva ubicación del pueblo. 

1955 El Caudillo escucha las explicaciones del director gerente de FENOSA, Benigno Quiroga, con motivo de la inauguración  del salto de Los Peares.

El Caudillo se mostró muy complacido, continuando su visita por las diferentes instalaciones del salto. Bajó hasta las mismas turbinas y siguió a la primera planta,

A continuación, en un automóvil, marchó a la subestación de maniobra, enclavada  doscientos metros más arriba del salto de Los Peares. Esta subestación disponía de dos  distribuciones, una de 132.000 voltios y la otra de 20.000. Ante la subestación se concentraron también numerosos falangistas y vecinos de los pueblos limítrofes, que  ovacionaron al Caudillo con gran entusiasmo.

A primera hora de la tarde, el Generalísimo compartió con las autoridades y personalidades en un almuerzo ofrecido por FENOSA.

Finalizado el almuerzo, el Caudillo abandonó el comedor de la empresa acompañado de su esposa, séquito, ministros y personalidades. Se despidió de las autoridades provinciales, y subiendo a su automóvil, se dirigió por la carretera de Orense, con dirección al Monasterio de Osera.

Varias centurias de las Falanges Juveniles de Franco, llegadas de Lugo y su provincia, le tributaron una despedida apoteósica, a la que el Caudillo contestó, saludando repetidas veces brazo en alto.

La presa que había inaugurado el jefe del Estado tenía como características principales: paramento de aguas arriba, vertical; paramento de aguas abajo, estribos, talud 72'50 por 100; paramento de aguas abajo, vertedero, talud 75 por 100; desarrollo de la coronación, 261 metros; volumen de excavaciones, 110.000 metros cúbicos; volumen de hormigón, 440.000 metros cúbicos; cota del lecho del río, Í04 metros; cota del vértice del perfil triangular, 194 metros; cota de coronación 196'50, y cota de desagüe, 114 metros.

España acometía de forma extraordinaria, con valentía e imaginación el aprovechamiento de energía sacada de las corrientes fluviales 

El embalse creado por la presa de Los Peares tenía las siguientes características: capacidad total, 182 millones de metros cúbicos; superficie, 600 hectáreas; longitud de la cola, 24 kilómetros; energía almacenada, 29 millones de Kwa.; superficie total de la cuenca vertiente. 4.442 kilómetros; caída media del río, 110 metros cúbicos por segundo, y producción total, 450 millones de Kwa.

La central había  sido construida mediante una estructura de hormigón armado en la que se habían empleado unas 600 toneladas métricas de hierro. Y su bóveda era de material cerámico, de 15 centímetros de espesor, completamente diáfana y, por tanto, de gran belleza. La central estaba dotada de siete compresores, con una potencia total de 900 caballos.

1955 El Caudillo contempla el embalse del salto de Los Peares.

Con tres grupos  de 62.400 Kwa., cada uno, la central de Los Peares se convertía en la mayor central de España que entraba en servicio, con una potencia de 87.200 Kwa. y una producción anual de 450 millones.

Desde Los Peares, el Jefe del Estado y su esposa, Carmen Polo de Franco, acompañados del jefe de su casa militar y esposa, del segundo jefe de la casa civil, se dirigieron al impresionante monasterio de Osera, enclavado dentro del municipio orensano de Cea y popularmente conocido como el  Escorial de Galicia. Ante el monasterio se había congregado un enorme gentío que recibió con grandes aplausos al Jefe del Estado  mientras repicaban las campanas del monasterio y se disparaban numerosas bombas de palenque.

A la puerta del monasterio esperaban al Jefe del Estado el gobernador civil de la provincia, señor Albert Rodríguez, que había llegado minutos antes procedente de Los Peares; gobernador militar, general Tapia; prior de la Comunidad cisterciense del monasterio P. Ernesto Chazalón; presidentes de la Diputación y de la Audiencia; subjefe provincial del Movimiento; alcaldes de Orense y de Ribadavia y otras autoridades y representaciones.

El Caudillo llegó a las cinco y media de la tarde, saludando  al prior y a las autoridades. A continuación el padre Ernesto Chazalón, prior del Monasterio,  dirigió al Jefe del Estado unas palabras de salutación y bienvenida. Seguidamente el Generalísimo y su esposa, con el prior y demás personalidades se dirigieron a la iglesia del monasterio ante cuyo altar mayor oraron unos instantes.

Después y escuchando las explicaciones del padre Chazalon recorrieron diversas partes del monasterio  admirando la iglesia  del mismo con la  capilla originaria que databa de la fecha de fundación del monasterio en 1127; la sala capitular  o sacristía en la que destacaban varias columnas  del último periodo ojival; la escalera monumental o de honor de estilo escurialense; el calefactorio solárium y antiguo oratorio; los tres claustros denominados patio de caballeros, patio, de los pináculos y patio de los medallones. El Jefe de Estado y su esposa también escucharon las explicaciones del monje Juan María Vázquez Rey.

En 1552, un pavoroso  incendio había destruido  casi toda la obra románica y ojival del monasterio. En el siglo XIX Osera, sufriría  un largo periodo de abandono  con motivo de la desamortización de Mendizábal, durante la cual desaparecieron muy valiosas piedras.

Con la llegada en 1921 de monseñor Cerviño a la diócesis de Orense, este se empeñó en que la orden del Císter habitase de nuevo el monasterio. En 1929 monjes cistercienses llegaron a  Osera. El monasterio, prácticamente en ruinas, fue devuelto a la orden en 1930. Los monjes  se acomodaron en la única zona habitable que era la casa del párroco y una pequeña escuela construida adosada a la fachada del monasterio en el siglo XVIII para la formación de niños pobres. Desde ese instante comenzaron las obras de  reconstrucción, que sufrirían un gran parón con la llegada al poder del gobierno de la II república y la posterior guerra de Liberación Española 1936-39.  

El impresionante monasterio de Osera.

El Generalísimo Franco pudo comprobar las obras realizadas, que descubrieron nuevas ventanas románicas, especialmente en la iglesia, y en otras partes del monasterio donde se habían reconstruido ya varios  tejados. Ese año de 1955 se  invertirían  noventa mil pesetas para disminuir la gran humedad que tenían algunas zonas, restaurando varias de sus pinturas que se encontraban muy dañadas. Las restauraciones se realizaron  bajo la dirección de los arquitectos de Bellas Artes, señores Vidal y Pons, del comisario del Patrimonio Artístico Regional, señor Chamoso Lamas y del monje José María Vázquez, que se  encargaría de la restauración de la torre norte. Hasta su muerte, acaecida en 1993, el monje José María Vázquez, tendría un papel fundamental en la restauración total de esa joya arquitectónica, orgullo de Orense y de España entera que representa el Escorial Gallego: el monasterio de Osera.

En una zona del propio monasterio, el Tribunal Tutelar de Menores, tenía establecido un reformatorio, que el Caudillo también recorrió, entre los aplausos  y  canciones de los internos. Al final de la visita el Generalísimo firmó en el libro de honor y  prometió a los monjes la completa ayuda del Estado.

Su promesa se cumpliría, restaurándose en los años siguientes el torreón sureste, el Claustro de los Pináculos, el Claustro de los Caballeros, la biblioteca, el noviciado, la sala capitular y los dormitorios.  

En 1968 dio comienzo la restauración de  la iglesia, que finalizaría  en 1973. Se unificaron las ventanas del Patio de los Pináculos y sus contrafuertes, construyéndose una moderna hospedería dotada de todos los servicios.  También fue retirado el retablo barroco situado en la capilla mayor, dejando a la vista su arquitectura  y el coro bajo de la nave central.

Muerto ya el Caudillo de España, en 1977, se reconstruyó la bóveda gótica del refectorio, recuperando el monasterio su dignidad de Abadía.