Tras ser reconocido, en 1581, Felipe II como Rey de Portugal, por las Cortes de Tomar, el Tratado de Tordesillas, firmado entre España y Portugal en 1495, dejó de ser de aplicación al estar unidas, bajo un mismo monarca, las coronas de los dos reinos ibéricos. Sin embargo, tras el levantamiento portugués en la llamada Guerra de la Restauración (1640), el país vecino recuperó su independencia y, con ello, la exigencia de la devolución de las posesiones que, con anterioridad, habían pertenecido a la corona lusa.

Sin embargo, las ansias expansivas de los portugueses no se quedaron en la recuperación de sus viejas posesiones ya que, en 1680 una flota de aquella nacionalidad, compuesta por dos navíos, dos bergantines y otros buques menores y embarcando un contingente de infantería y artillería, se dirige a la desembocadura del Río de la Plata, con el fin de extender los intereses comerciales brasileños en aquel territorio.

Tras su llegada, se posesionan de la isla de San Gabriel y fundan la Colonia de Sacramento. En agosto de ese mismo año, una fuerza española, asalta la Colonia que queda bajo el poder de España.

Tras sucesivas devoluciones a los portugueses por medio de los Tratados “Provisional de Lisboa” (1681), “Utrech” (1713) y “París” (1763), la Colonia de Sacramento es recuperada por las tropas españolas en 1705 y 1750, hasta que, en 1777, estando nuevamente en manos de Portugal y como consecuencia de unos incidentes habidos el año anterior en los que varios barcos españoles son atacados por los portugueses, el Rey Carlos III remite a la zona una expedición militar que toma definitivamente la colonia.

Consecuencia de estas acciones, el 1 de octubre de 1777, se firma, entre España y Portugal, el “Tratado de San Ildefonso” para delimitar las fronteras de la América meridional y, al año siguiente, el 11 de marzo de 1778, el “Tratado de El Pardo” de amistad y cooperación entre ambas naciones, mediante los cuales la Corona portuguesa cede a España las islas de Annobón y de Fernando Poo, en la Guinea ecuatorial.   

Ese mismo año, el 17 de abril de 1778, parte de Montevideo una expedición española, al frente del Brigadier González de Andrade, Conde de Argelejos, contando como segundo en el mando con el Coronel Joaquín Primo de Rivera, integrada por dos fragatas -“Nuestra Señora de la Soledad” y “Nuestra Señora de la Concepción”- y un paquebote -el “Santiago”-, embarcando una fuerza militar que, tras varios retrasos, provocados de forma intencionada por los portugueses, se posesiona del territorio en octubre siguiente. Sin embargo, consecuencia de las enfermedades tropicales que diezman a los expedicionarios y ante el total abandono por parte de la metrópoli, dos años después, la expedición abandona la zona tras haberse posesionado formalmente del territorio.

En los años siguientes, se enviaron nuevas expediciones a la zona sin que se hiciese efectiva y permanente la presencia de España hasta que, con la llegada del siglo XIX y los sucesos acaecidos en España, se pierde el interés por aquellos territorios.

Desde principios del siglo XIX, pese a la oposición de los indígenas, los ingleses comenzaron a establecerse en la zona, llegando a ocupar la isla de Fernando Poo, trasladando incluso a un grupo de misioneros baptistas. A partir de 1827, los británicos establecen en la isla una base de operaciones, fundando Port Clarence -luego Santa Isabel-, llegando en 1839 a ofertar a España la compra del territorio, circunstancia esta que produjo malestar en la opinión pública española, lo que evitó su venta.

Entre 1840 y 1842, los ingleses pierden interés por la zona, abandonando su base, momento en el que el Gobierno español comienza a mostrar nuevamente interés por su recuperación. 

En diciembre de 1842, España envía a la zona, en calidad de Delegado Regio, al Capitán de Fragata Juan José Lerena y Barry quien, a bordo del bergantín “Nervión”, de 201 tn. de desplazamiento y armado con dieciséis piezas de artillería -en este buque, por estas fechas, se hallaba embarcado como Guardiamarina Casto Méndez Núñez, participando en la expedición-, que llega a Fernando Poo en febrero del año siguiente, ocupando la isla y eliminando de ella todo vestigio británico.

Merced a sus buenas gestiones diplomáticas, El Capitán de Fragata Lerena -inventor de un telégrafo óptico, instalando la línea entre Madrid y Aranjuez-, logra la adhesión a España de la isla de Corisco, así como de las Elobeyes (grande y chico), que no formaban parte de los territorios cedidos por los portugueses. Igualmente, consigue posesionarse de un amplio territorio costero en el estuario del Río Muni que, más tarde, formaría la Guinea continental española y el Gabón francés, ocupado por los galos en 1843 y que, de acuerdo con el Tratado de 1777, correspondía a España, dando los primeros pasos para la organización administrativa y política del territorio.

Finalmente, en 1858, siendo presidente del gobierno Leopoldo O’Donnell, se envía una expedición militar a los territorios de la Guinea, con el fin de hacer efectiva en ellos la presencia de España, ocupándolos de forma definitiva.

La expedición, al frente del Capitán de Fragata Carlos Chacón y Michelena, estaba integrada por el vapor “Vasco Núñez de Balboa” (1856), de 1.221 tn., armado con dos cañones lisos de 200 mm. y cuatro rayados de 160; el bergantín “Gravina” (1851), armado con dieciséis cañones; la goleta “Cartagenera” (1851), armada con ocho caños de 18 libras y dos de 12, y la urca “Santa María” (1850), con un desplazamiento de 1.000 tn. y armada con cuatro cañones, que parte de Cádiz en octubre de 1857, arribando a Fernando Poo el 23 de mayo de 1858, con efectivos del Cuerpo de Infantería de Marina que son los primeros en hacer efectiva la presencia militar y, por tanto, la de España en aquellos territorios de forma definitiva.

La labor política y militar llevada a cabo por el Capitán de Fragata Chacón es impresionante, contactando con el elemento indígena que acepta la soberanía de España, sentando las bases para la permanencia española en la colonia. 

También consigue la sumisión de una importante franja del territorio costero, cuya soberanía española se niegan a aceptar los franceses, pese a todo, comienza la colonización española en la zona continental.

Al año siguiente, 1859, es comisionada a la región la urca “Niña” (1851), armada con cuatro cañones, que transporta a un Oficial y a 25 Infantes de Marina que se establecen, como unidad de guarnición en aquellos territorios, alojándose en la urca, al no disponer de acuartelamiento de tipo alguno ni edificio acondicionado al efecto en tierra.

Poco a poco, la fuerza de Infantería de Marina destacada en el territorio se va incrementando, alcanzando la entidad de una Compañía, pasando a desplegarse en otros puntos de la colonia, tal es el caso de Elobey, donde en mayo de 1885 es remitido un destacamento del Cuerpo.

Hay que señalar que desde la fecha de llegada del Capitán de Fragata Chacón, los infantes de Marina, entre los que comienza a contarse con personal indígena, parte de él procedente de Cuba, apoyados más tarde, por una Compañía del Ejército de Tierra, asumieron todas las funciones de control, vigilancia y seguridad de la colonia, algunas de carácter especialmente comprometido, hasta que, en 1907, se crea la llamada Policía Indígena que, al año siguiente, se transforma en la Guardia Colonial.

Consecuencia del Tratado, firmado entre España y Francia el 27 de junio de 1900 y ratificado el 22 de marzo de 1901 (Gaceta del 30 siguiente), sobre la delimitación de las posesiones de ambos países en el Africa Occidental (Costa del Sahara y Golfo de Guinea), en su artículo 4º se establecen los límites de los territorios de ambas potencias en la Guinea.

En ese mismo año, a bordo del Cañonero “General Concha” -que escribiría, con la sangre de su dotación, una heroica gesta en junio de 1913, en el contexto de las operaciones en el norte de Africa-, parte, con dirección al territorio continental de Guinea una expedición integrada por personal de la Compañía de Infantería de Marina de Guinea, con base en Fernando Poo, al frente del Teniente de Infantería de Marina Alejandro Jacquetot, un Alférez y 50 Infantes de Marina que son los encargados de realizar el relevo de la guarnición de Bata, hasta entonces en poder de los franceses, siendo este contingente de Infantes de Marina, llegado al continente, los que se posesionan formalmente e izan la Enseña Nacional en aquel territorio el 30 de junio de 1902. 

A partir de ese instante, en un territorio que por derecho propio nos correspondía y cuyos límites, al igual que sucederá años más tarde en el Protectorado de Marruecos, habían sido alterados, de forma consciente e intencionada por los franceses en perjuicio nuestro, España se verá en el deber de convertirlo en una región habitable, toda vez que los galos, además de esquilmar la zona no habían construido nada de interés que mereciese ser conservado. También en esta tarea de colonización participó activamente la gloriosa Infantería de Marina.

De esta suerte, personal de la Compañía de Infantería de Marina de Guinea, realiza, durante estos años, frecuentes expediciones con el fin de reconocer los territorios de titularidad española, estableciendo contacto con los indígenas, llevando el mensaje colonizador de España y, en ocasiones, devolviendo el orden en algunas zonas levantiscas.  

En 1907, se ordena la supresión de la Compañía de Infantería de Marina destacada en aquellos territorios dando paso a la creación de la Guardia Colonial a la que sirve de embrión. Sin embargo, en 1914 con el estallido de la I Guerra Mundial, la Infantería de Marina regresa a los territorios guineanos para garantizar el orden y vigilancia de las fronteras, especialmente la de Camerún, consecuencia de los alemanes que, huyendo de los ingleses, se internan en territorio guineano. 

Este nuevo contingente, procedente de Larache, estaba integrado por el Comandante Manuel Jiménez Pidal, tres Capitanes, cuatro Tenientes, tres Médicos, seis Sargentos, siete Practicantes, doce Cabos, tres Cornetas, un Tambor y 129 Infantes de Marina que, de nuevo, contribuyen a garantizar la seguridad en el territorio.

Sirvan estas líneas como emocionado recuerdo a las fuerzas de la gloriosa Infantería de Marina que llevaron el nombre de España, con honor y valentía, a aquel lejano territorio del Africa española, contribuyendo impecablemente a su colonización.