De Franco se ha escrito y dicho todo, desde la suma loa a la más infecta denigración: No es un personaje anodino. En esto coincidimos todos. Yo estaría dispuesto a admitir muchas críticas puesto que algunas las he formulado en vida de él, así como a reconocer, a efectos dialécticos, sus posibles errores.

Creo que con el tiempo sobrenadarán los juicios no militantes ni sectarios, ni ridiculamente personalistas, como los de Madariaga, como ejemplo ilustre, pues también cabe lo egregio en la ridiculez. A pesar de la proximidad, hoy ya nadie se atreve a negar su patriotismo y sólo se le ataca en este sentido negando e insultando a España y a la misma idea de la Patria. Bien, esto también pasará y los autores cainitas engrosarán el capítulo enterrado de los fanáticos malnacidos.

Escribo para españoles normales, piensen y sientan como yo, o todo lo contrario. En esta tónica, creo es indiscutible que Franco creyó y pretendió siempre servir a España, a todos sus pueblos y a todas sus gentes. No discutamos ahora si lo consiguió o no.

Pero él quiso hacerlo y su Razón o Norma suprema fue el Bien del País y de todos sus habitantes. Su patriotismo no tuvo mediatización ni calificativo alguno: él no fue militante ni sectario en nada, y mucho menos de sí mismo. La única militancia a la cual estuvo adscrito y a su completo servicio fue España y los españoles, estuviera equivocado o acertado en el cómo y el modo. Muy secundariamente, fue monárquico que es, a mi entender, el summum del agnosticismo apolítico, y perfectamente compatible con su españolismo militante.

Creo que a mí, en mi insignificante pequeñez, me toleraba porque a través de algunos libros, en especial por mi ensayo—conferencia "La lucha por la industrialización de España", que comentó muy elogiosamente en un Consejo de Ministros, según me dijo uno de sus miembros, vio a un hombre que ponía a España por encima de todo partidismo político. Quizá por esto pude desarrollar ideas, tesis, e, incluso, críticas al sistema. Con toda seguridad, fue su patriotismo sincero y profundo, su gran identificación con España y su pueblo, una de las razones o bases de tan multitudinarias adhesiones a su persona y política, silenciando o subordinando discrepancias o disconformidades.

Le conviniera o no, él hizo y propugnó lo que entendía era útil y beneficioso para España. Y para ello le sirvió a maravilla su antidoctrinarismo básico, en forma opuesta a como los militantes y sectarios de una ideología política —liberales, conservadores, marxistas, demo-cristianos o anarquistas— son esclavos de sus doctrinas y las anteponen al Bien Común. Y en el mejor de los casos les ocultan, engañan o confunden para elegir el camino: al fin y al cabo, la pasión doctrinaria y su militancia, es la más vehemente y ofuscante, pues les lleva a la falsedad de identificar su ideología con lo más conveniente para el País y para todos.

Franco, hombre libre de pasiones políticas, fue auténticamente libre para intentar elegir lo mejor, y lo consiguió en la mayoría de los casos. Constituyen ejemplos- cimeros, su hábil trayectoria zigzagueante —cínica, si queréis— para mantener a España alejada; de la Segunda Guerra Mundial: y los frutos esplendorosos de su templado y conservador reformismo socio-económico.

Ambas políticas las decidió y ejecutó en contra de los deseos y sentimientos, radicales y enfermizos, del pueblo español, así como probablemente de sus intereses personales. Otro ejemplo, lo constituye su monarquismo, tan antisiglo Veinte y personalmente  nefasto para él y los suyos.

Llevar a falangistas y requetés a la aceptación de la Restauración fue un prodigio de tesón, de habilidad, de paciencia y de astucia. ¿Lo hizo por acendradas convicciones, irrazonadas, de monarquismo? Creo que no, y sí sólo porque creyó que era lo mejor para España. Aún a sabiendas —no creo que nadie pueda albergar la vil convicción de haberle engañado— de que la Monarquía supondría el desmontaje del franquismo institucional. Y lo hizo, a pesar de un amor propio explicable y de unas conveniencias lícitas, que pudieran tentarle, incluso, con esa coronación. Por puro y desinteresado patriotismo.

Lo cual no quiere decir —reitero— que pudo haberse equivocado. Su patriotismo era tanto más admirable, porque estoy convencido de que conocía lo suficiente al pueblo para ser profundamente pesimista, con toda la razón, claro está.

Amar la perfección tiene escaso mérito, y mucho el trabajar por la pobre antropología del pueblo español: Servirle, potenciarle, amarle a pesar de... Por otra parte, si pesimista en cuanto a la etnia, peor era su dictamen sobre la gea.

Y a pesar de ello se afanó en la posible restauración, mediante pantanos y regadíos, comunicaciones, repoblación, viviendas, electrificación, nuevas industrias, etc., etc. Situado en las condiciones malas, propias de un País secundario y aún disminuido por la guerra civil y la victoria de las democracias parlamentarias, supo hacer respetar a España y mantuvo su dignidad sin claudicar ni mendigar jamás.

Los celtíberos, por nuestras pasiones políticas, seremos malos jueces, pero ¿a que no encontráis un sólo extranjero (descontados los marxistas, claro) que no reconozca el patriotismo de Franco y los grandes servicios prestados a España y los españoles?

Su trayectoria encuentra paralelo y antecedente en los gobernantes del XVIII francés nacionalistas como un Colbert, pero muy en especial en los reyes borbónicos de España: Felipe V, Fernando VI y Carlos III. Es en aquel clima de patriotas ilustrados, de restauración y desarrollo, de entrega al Bien Público concebido como potenciación del Estado y del bienestar de los españoles, donde hallamos la progenie política de Franco. Recuerdo que en mis clases en la Escuela de Periodismo y en trabajos sueltos, propuse la etiqueta de "carlotercismo" para identificar al régimen de Franco, a pesar de que a él no le gustara nada la definición... quizá por el volterianismo de algunos Ministros del Rey Cazador.

Por cierto que coincidía en la apreciación Buero Vallejo, quien utilizó frases e ideas de su ciclo dieciochesco para un sutil y ambivalente halago al Régimen, que le fue muy rentable en sus relaciones con la Censura y los Ministros de Información, así como para los éxitos oficiales que obtuvo. El modernismo progresista y unificador del Estado Nacional de Felipe V, la potenciación marítima y exterior de Fernando VI, y sobre todo la figura benéfica, incansable, caminera, industrializadora, reformista... del gran Rey Carlos III, constituyen el zócalo y antecedente inmediato del largo reinado de Franco. En resumen, respeto y admiro a Franco —acallando discrepancias— porque fue siempre un patriota, un gran español...

Del llibro de JOSÉ Mª FONTANA - FRANCO. Radiografía del personaje para sus contemporáneos