En el año 1509, Juan de Velasco, obispo que fue de Calahorra y La Calzada, obtenía del papa Julio II autorización para edificar un convento en la población riojana de Casalarreina: el 10 de abril de 1514 se ponía la primera piedra, aunque el prelado no llegaría a ver el convento funcionando, al fallecer en marzo de 1520 en Castroverde de Cerrato. El obispo hizo testamento en el monasterio de La Estrella el 22 de abril de 1519, donde ordena que, una vez pagadas las diversas mandas, su dinero se gaste: “en acabar el monasterio de Nuestra Señora de la Piedad que yo hago en el lugar de Casalarreina”.

El 22 de octubre de 1522 los testamentarios del Obispo, Antonio de Xaque y el licenciado Ibarra, entregaban el convento, aun sin acabar, a Íñigo Fernández de Velasco, Condestable de Castilla, y a su mujer, María de Tobar. Éstos lo cederían a su sobrina Isabel de Velasco para que instaurase allí un monasterio de monjas dominicas. Isabel añadiría, de su propio pecunio, ocho millones de maravedís a la dotación. Para 1524 el edificio estaba casi terminado.

Iglesia gótica isabelina y hospedería

El templo es de una sola nave en forma de “T”, con capillas-nicho, intercomunicadas, coro alto y sotocoro. Dispone de siete retablos, donde destaca el del altar mayor, realizado en 1620 por el arquitecto de Valladolid Juan de Garay. Las pinturas policromadas son de Juan de Lumbier y Pedro de Fuentes, nacidos ambos en Tudela. Las esculturas se atribuyen a los navarros Juan de Biniés y Pedro Martínez.

La portada-retablo de entrada a la iglesia la atribuyen al taller burgalés de Felipe Virgany y a sus ayudantes: Juan de Balmaseda, Cristóbal de Forcia y Juan de Cabreros. La portada representa al Hombre Antiguo (Adán: paganismo) salvado por el Hombre Nuevo (Cristo: cristianismo). Hay en este conjunto arquitectónico muchos símbolos de ambos mundos.

En su tímpano, representación de la Piedad, y en el segundo cuerpo de la Última Cena, el Camino del Calvario, el Prendimiento, la Flagelación y la Resurrección. Cubierta de crucerías estrelladas con combados rectos. Ingreso en el tercer tramo, protegido por un pórtico en templete, cubierto con una cúpula sobre pechinas. Columnas decoradas de forma profusa en motivos vegetales y figuras humanas. En el centro del crucero, sepulcro de Juan Fernández de Velasco, en mármol desprovisto de decoración. A los pies, amplio coro alto, con sillería integrada por cincuenta asientos altos y veintiocho bajos, plateresca, del siglo XVI. Adosada a la cabecera, la sacristía, que comunica con la Sala Capitular.

La hospedería actual está situada en el antiguo monasterio del siglo XVI. Edificio construido en piedra de sillería y destacados ornamentos: entre los que sobresalen las techumbres de madera. Dispone de 15 grandes habitaciones totalmente equipadas, que a su vez cuentan con cuartos de baño provistos de grandes jacuzzi y originales elementos decorativos.

El claustro, el convento y la huerta

El claustro actúa como elemento para ordenar los diferentes espacios, cohesionándolos todos a su alrededor: cuadrado, con corredores abovedados de crucería, de cinco tramos por lado. Los arcos están apoyados hacia el exterior en pilares y hacia el interior sobre ménsulas adornadas con berza, vides, rosetas, animales y hombrecillos desnudos. Sobre este claustro bajo está el alto, con techumbre de madera.

Desde 1594 el convento ha estado habitado por Monjas Dominicas Contemplativas; en la actualidad son doce. Tiene 5.000 metros cuadrados de cubierta, con 30 celdas, amplias dependencias para usos múltiples y una grandiosa galería o corredor de más de 60 metros de larga. Este convento tiene 8 portadas platerescas, 20 lienzos del s. XVII, esculturas como la Virgen con el Niño, en alabastro policromado de estilo gótico (segunda mitad del s. XV), piezas de orfebrería y 28 grandes libros cantorales en pergamino y papel de los siglos XVI-XVII.

La huerta monacal tiene tres hectáreas. Está vallada y corre por ella un arroyo caudaloso. En su superficie hay una pequeña ermita, que usan como lugar de oración de las monjas. Don Pelayo de la Mata, Marqués de Vargas, era el propietario de la huerta, que ha cedido a la comunidad religiosa. La casa familiar de los Vargas en Casalarreina la están rehabilitando ahora con la intención de convertirla en un destacado centro cultural y gastronómico de referencia en la región. Esperan finalizar la primera fase a finales de este mismo año; en la segunda rehabilitarán el patio de labranza, y han contratado, además, a una especialista en Archivística para clasificar todos los documentos con valor histórico de la familia Vargas.

En todo caso, no se olviden de recorrer la población y el entorno de Casalarreina. Hay mucho que ver y disfrutar.

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Gps: 42°32′49″N 2°54′48″OCoordenadas: 42°3