Si La Coruña tuvo un acto de relevante significado histórico, plasticidad y elegante puesta en escena, demostrando la categoría y el señorío coruñés, al menos hasta la llegada al gobierno municipal de la malvada “podemía”, representada en este caso por la sectaria Marea que tiñó de negro oscurantismo, cual mancha de infame chapapote, durante cuatro interminables años, la vida de nuestra ciudad, este acto fue la tradicional Función del Voto.

Durante muchos años, el primer domingo del agosto coruñés, mes en que se celebran las fiestas mayores de la ciudad en honor a la heroína Mayor Fernández de la Cámara y Pita -María Pita-, estuvo íntimamente asociado a la renovación del Voto de la ciudad a su Patrona, Nuestra Señora del Rosario, en recuerdo de aquel que hicieran en mayo de 1589 un grupo de coruñeses, impetrando la divina protección de Nuestra Señora, con motivo del asedio de un fuerte contingente inglés bajo el mando del Almirante Drake y del General Norris, en una de las acciones llevadas a cabo por lo que se conoce como la “Contra Armada” de la que, lamentablemente, hablan muy pocos libros de texto y cuyo relato, del todo desgraciado para la armas británicas, se ha ocultado de forma consciente e intencionada al conocimiento general e incluso, y esto es lo más penoso, al conocimiento de nuestros compatriotas que ignoran que si la Gran Armada que el Rey D. Felipe II envió contra la Reina de los ingleses en 1588, constituyó un desastre, mucho peor fue el resultado de la “Contra Armada” remitida por los británicos a nuestras costas, al año siguiente, como represalia.

La Función del Voto, presentada por el primer regidor de la ciudad, se ha caracterizado siempre por la vistosidad y el colorido que rodea a esta celebración cívico-religiosa. La Guardia Municipal vestida con el uniforme de gran gala, los Heraldos, Maceros y Timbaleros de la ciudad, acompañando a la Corporación, bajo mazas, y al Pendón de La Coruña, han participado, año tras año, en este acto que forma parte de la tradición más inveterada de la ciudad, una costumbre arraigada en el alma coruñesa desde aquel lejano mes de mayo 1589.

Incluso, cuando, no hace muchos años, siendo Alcalde de La Coruña Francisco Vázquez, se trasladó esta celebración al domingo más próximo al 8 de mayo, fecha en la que históricamente tiene su origen el Voto presentado por la ciudad ante la imagen de Nuestra Señora del Rosario, su vistosidad se vio notablemente incrementada con el aporte de la nueva uniformidad de gran gala de la Policía Local, vistiendo uniformes de la Milicia Urbana (1762) y de la Milicia Honrada (1808).   

Pero volvamos la vista atrás y situémonos en aquellos años finales de la década de los 80 del siglo XVI, en los que España estaba en guerra contra Inglaterra. El antecedente del episodio histórico que dio origen al Voto se encuentra cuando en 1588, desde el puerto de Lisboa, parte la Gran Amada, a las órdenes de Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, tras la muerte de D. Alvaro de Bazán.

Hechos a la mar, consecuencia de las malas condiciones meteorológicas, la Armada tuvo que refugiarse en el puerto de La Coruña, del que zarpa nuevamente el viernes, 22 de julio de 1588, compuesta por un total 23 Galeones, 43 Naves, 26 Urcas, 4 Galeazas, 4 Galeras, 20 Pataches, 10 Zabras, 11 Carabelas y 10 Falúas, con sus respectivas dotaciones, cinco Tercios de Infantería de Marina y aprovisionamientos y pertrechos logísticos.

Concluida la “Jornada de Inglaterra”, menos desastrosa desde el punto de vista naval de lo que las siempre interesadas crónicas inglesas nos relatan, en octubre de ese mismo año regresan al puerto coruñés los Galeones “San Juan”, de 1.050 t., y “San Bernardo” de 352 t.; así como la Nao “San Bartolomé” de 976 t.; la Urca “Sansón” de 500 t. y las Galeras “Princesa”, “Diana” y “Palomino”, que se refugian al abrigo de la bahía.

El Galeón “San Juan”, uno de los buques que combatió con mayor brío y bravura en aquella jornada y nave almiranta general de la Escuadra, en el que navegaba el segundo jefe de la Armada, Juan Martínez de Recalde, había sido construido en Portugal en 1586 y disponía de un total de 46 piezas de artillería de bronce y en él, es muy probable, que navegase el gran dramaturgo Félix Lope de Vega y Carpio, que se enroló, según se trasluce en alguna de sus obras, como “gente de guerra” o lo que es lo mismo, personal de los Tercios de Infantería adscritos a la Real Armada, el origen de nuestra gloriosa Infantería de Marina.

Volviendo a La Coruña de aquellos días, tras la llegada de los buques al abrigo de la bahía coruñesa, se procedió a iniciar su reparación, dar descanso a las dotaciones y evacuar a los heridos y enfermos, entre ellos al insigne Recalde que fue trasladado al antiguo hospital de Mareantes, donde hoy se encuentra la Parroquia Castrense de San Andrés, falleciendo días después.

Los meses siguientes transcurrieron con relativa tranquilidad, adoptando la ciudad una serie de medidas conducentes a mejorar las defensas de la plaza cara a un eventual ataque de represalia, precisamente contra los dos puertos -primero La Coruña y después Lisboa- que vieron zarpar a la Gran Armada.

Maria_Pita

Paralelamente, los ingleses envalentonados por una pretendida victoria que exageraron hasta límites, como siempre, sorprendentes y con la pretensión de explotar el éxito, organizaron una Armada con el fin de atacar aquellos puertos donde se encontrasen nuestros buques retornados de la expedición a Inglaterra, castigar a las plazas que alojaron a la Gran Armada y propiciar un levantamiento en Portugal contra el Rey D. Felipe II, apoyando las aspiraciones de Antonio de Portugal, Prior de Crato.

Finalmente, aquellas sospechas se hicieron realidad y así, cuando el día 4 de mayo de 1589, se avistaron las velas de la Escuadra inglesa, La Coruña se aprestó para la defensa. Los buques surtos en la bahía establecieron un arco, apoyando uno de sus extremos en el Castillo de San Antón que, afortunadamente y aun sin concluir sus obras, pudo hacer fuego con su artillería, contribuyendo notablemente a evitar que los atacantes desembarcasen dentro de la plaza, teniendo que hacerlo, en número de 10.000 hombres, en las proximidades de Oza, fuera de los límites de la ciudad.

Previamente, algunos de los cañones de a bordo, especialmente los del Galeón “San Bernardo” que se hallaba en carena en la ciudad, fueron desembarcados para mejor defender las murallas de la ciudad y los Infantes de Marina de los Tercios embarcados pusieron pie a tierra para contribuir a convertirla en inexpugnable, no en vano el Ejército inglés jamás pudo acceder al interior de la parte alta de la ciudad, defendida por no más de 1.500 españoles, perdiendo gran cantidad de hombres y teniendo que regresar a sus buques para levar anclas, soltar velas y poner rumbo a Lisboa, otro de los episodios más adversos para Drake y su gente y del que tampoco habla mucho la historia.

Por tanto, en aquellas murallas coruñesas del siglo XVI, con el Marqués de Cerralbo -Capitán General de Galicia- al frente, seguido por la escasa guarnición de la plaza y algunas compañías que pudieron acceder desde las zonas limítrofes; con los coruñeses, sin distinción de edad, sexo y condición, con María Pita a la cabeza y con otras mujeres casi anónimas, como Inés De Ben, y con los Infantes de Marina de los Tercios embarcados, sin olvidar a los barcos de la Real Armada surtos en las aguas de la bahía, defendieron con honor y bravura una Coruña que peligraba para la Corona española y que pudo llegar a convertirse en un antecedente de Gibraltar en el noroeste español.

Afortunadamente, no fue así y en La Coruña, como en el resto de Galicia, ondea, cada día, la gloriosa enseña rojo y gualda y, eso, en buena medida, se le debe al pueblo coruñés, a sus soldados, a los Infantes de Marina de las dotaciones vueltas de la Gran Armada y ¿por qué dudarlo?, a la intercesión de la Santísima Virgen del Rosario, por ello, cada año, llegado el mes de agosto, la ciudad se postraba -ahora lo hace en mayo- de nuevo ante la imagen de la Virgen para renovar su Voto.

Historiando un poco este Voto que se renueva anualmente, fue el 8 de mayo de aquel año de 1589, cuando un grupo de coruñeses, viendo que la suerte estaba echada, volvieron sus ojos a la Galeona, Nuestra Señora del Rosario, aquella bajo cuya advocación y protección se había puesto, en 1571, la Escuadra que, al mando de D. Juan de Austria, batió a los turcos en Lepanto, la “más alta ocasión que vieron los siglos” y, desde entonces, con muy pocos paréntesis, llegado el primer domingo de agosto -hoy se celebra el más próximo al 8 de mayo-, la ciudad renueva su Voto ante la imagen de su Patrona.

Resta señalar que, pese a la notable contribución de la Armada y de la Infantería de Marina, a la defensa de La Coruña en aquella heroica gesta, tan solo en dos ocasiones, que nosotros recordemos, esta participación se plasmó en un homenaje de gratitud a nuestras fuerzas navales, siendo el más importante el celebrado el domingo 5 de agosto de 1973.

Aquel día, primer domingo de la llamada “Semana Grande”, se celebró, junto a la tradicional Función del Voto, un acto popular de homenaje a la Armada, en cuyo transcurso, en la Avenida de la Marina, se inauguró un monolito en el que destacan las Armas de nuestra Real Armada.

En los días inmediatamente anteriores, arribó al puerto coruñés una representación de Unidades navales integrada por el Crucero “Canarias” (C-21), buque insignia de la Flota; el Destructor “Oquendo” (D-41); las Fragatas modernizadas “Vicente Yáñez Pinzón” (F-41) y Legazpi (F-42) y los Dragaminas “Nalón” (M-21), “Tajo” (M-31) y “Odiel” (M-42), todos ellos provenientes de la vecina Base Naval de Ferrol.

Aquel domingo, la plaza de María Pita -la heroína popular por antonomasia de aquellos hechos acaecidos en el siglo XVI-, se convirtió en magno patio de armas, donde se celebró la solemne Función del Voto, a modo de Misa de campaña, que estuvo presidida por el Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, contando con la presencia del Ministro de Marina, Almirante Baturone Colombo, quien presidió el resto de los actos.

El pueblo de La Coruña y los forasteros que abarrotaban la ciudad, se volcaron, llenando las avenidas de Montoto -calle que recuerda al Capitán Lorenzo Montoto, uno de los defensores de la ciudad en las jornadas de mayo de 1589-, la Marina y Cantones para presenciar los actos que se celebraron, como previamente había sucedido en la plaza de María Pita durante la Función del Voto.

Las Autoridades asistieron, en la avenida de la Marina, a la inauguración de un monolito en honor a la Armada Española, a la que siguió un vistoso desfile militar en el que participaron, una Compañía de desembarco de la Flota, con Bandera, Banda, Escuadra de Gastadores y Música; dos Compañías del Cuartel de Instrucción de Marinería del Ferrol; una Compañía del Tercio del Norte de Infantería de Marina y otra del Regimiento de Infantería Aerotransportable “Isabel la Católica nº 29”, con guarnición por aquel entonces en la plaza de La Coruña.

Si lo actos celebrados en las calles coruñesas resultaron muy concurridos, igual sucedió con las visitas realizadas a los buques surtos en el puerto que recibieron cientos de visitantes en sus jornadas de puertas abiertas.

Para finalizar, hay que señalar con tristeza que, como hemos dicho, desde la llegada de la “podemía” al gobierno municipal en el año 2015, representada por la indigna Marea, la renovación del Voto, presentado anualmente por el Alcalde, dejó de contar con la participación del Ayuntamiento, eliminándola del calendario festivo coruñés por tratarse de un acto, de una parte religioso, y de otra, reivindicador de una de las gestas gloriosas de la Historia de España, gestas que, como todo lo que reivindica las glorias de nuestra Patria, estos miserables odian a muerte.

Este año, por causa de la invasión del “chinovirus”, su celebración pasó prácticamente desapercibida, a la espera de que, cuando todo vuelva a la situación normal, se celebre con la misma solemnidad y suntuosidad de antaño por tratarse de un acto que forma parte de la tradición más inveterada de La Coruña.