Lejos de haberse pretendido la, por otra parte, ilógica erradicación de la cultura catalana, el Franquismo, ya desde su advenimiento, ha impulsado unas políticas dirigidas a la preservación de las manifestaciones culturales propias de la región, en cuanto que integrantes de la cultura nacional española.

En amplios sectores de la sociedad, sobre todo los individuos menos peritos en la historia, es ampliamente desconocido el hecho de haberse iniciado con el Franquismo, en ciertos ámbitos incluso en los primeros años que siguieron la victoria del Bando Nacional, unas políticas de protección y difusión del folclore catalán, y que incluye las festividades, los bailes y danzas —entre los cuales las sardanas; recuerden que, dos decenios más tarde, el tema belga que se convertiría en una de las canciones tópicas de España de la mano de Manolo Escobar, alude a esta danza en uno de sus versos—, la música, o también los populares castellers (en la localidad tarraconense de Valls —de honda raigambre carlista— se habían levantado castellers para celebrar la victoria de Franco en la guerra).

Cuarenta años de gobierno nacionalista/separatista en Cataluña han hecho extender la —totalmente infundada— idea de una supuesta discriminación de la cultura catalana. Para este objeto el separatismo se ha servido de la constante injerencia en el sistema de enseñanza pública de la región, en que se ha ofrecido una versión totalmente distorsionada de la historia, que no se basa en los avances en esta ciencia, y que, por tanto, no constituye sino un relato propagandístico y de adoctrinamiento en el separatismo y el socialismo.

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Más allá del aspecto folclórico, el Franquismo —y en la línea de las políticas anteriormente citadas— impulsó, por primera vez en la historia de Cataluña, medidas destinadas al fomento de la investigación de la historia medieval y moderna de dicha región, convirtiéndose la época franquista en el período en que más avances se han producido en el campo de la ciencia histórica centrada en el ámbito de Cataluña.

El Franquismo fue crucial, tal como hemos adelantado, para la historiografía catalana en general, debido a la renovación (la más importante de la historia) a la que se ha asistido en el período en cuestión, y de la mano de historiadores como Jaume Vicenç Vives; historiador conocido por la introducción en Cataluña de los logros alcanzados por la denominada Escuela de los Anales, la escuela predominante en esta ciencia (también en la actualidad).

Otro aspecto, no por ridículo y fácil de comprobar menos extendido, es la supuesta persecución de la lengua catalana y su uso. Tal como han demostrado historiadores como Pío Moa, no cabe hablar de persecución del empleo del catalán más allá de los primeros años de la Posguerra. Como recordarán muchos catalanes escolarizados durante el Franquismo —la época en que por primera vez en la historia de España la totalidad de la población ha tenido acceso a la educación (por cierto, de calidad), tanto primaria y secundaria como postobligatoria y universitaria (con un 500 % de aumento de los estudiantes universitarios en los setenta con respecto a la década anterior, según Stanley Payne) —, en los centros de la región se enseñaba en catalán.

Lo infundado de la supuesta discriminación del catalán lo prueba también el hecho (que además da cuenta del grado de libertad durante el Franquismo), es la enorme proliferación de la producción de música en catalán en la década de los 1960, con el surgimiento del movimiento de la Nova Cançó, y del que provienen los artistas más grandes en lengua catalana, entre los cuales están Joan Manuel Serrat, o el talentoso artista valenciano Ovidi Montllor (que ha publicado todas sus obras maestras —insisto, en catalán— hasta el año 1975, y que ya fue olvidado con la llegada del criminal Pujol, y tras la suspensión de su contrato con BMG-Ariola, por parte de los últimos). A la música en catalán durante el Franquismo se dedicará un artículo aparte. 

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