El extremeño (estremeñu) es una variedad lingüística vernácula de uso no oficial, cuyos rasgos se han dado en la Extremadura leonesa, en la actual Comunidad Autónoma de Extremadura y algunas comarcas limítrofes con el sur de la provincia de Salamanca. Tiene continuidad dialectal con el asturleonés y también con el castellano meridional.

No debe confundirse con “castúo”, que incluye la mayor parte de dialectos hablados en Extremadura; tampoco con el “fala”, dialectos de tres pueblos del valle de Jálama; y tampoco con el portugués “rayano”, subdialecto del portugués alentejano.

No hay datos claros sobre el número de hablantes y es difícil definir unos límites geográficos para la lengua, aunque el área donde los rasgos son más diferenciados del castellano corresponde al noroeste de la provincia de Cáceres, sin incluir la fala del valle de Jálama, variedad lingüística distinta.

Tampoco existe consenso entre los lingüistas de que el extremeño sea una lengua. Hay expertos que rechazan rotundamente la idea de que exista una lengua extremeña propia en la actualidad, aunque si hay evidencias lingüísticas en el pasado.

También recibe el nombre de castúo, a pesar de ser éste un término creado por el poeta Luis Chamizo en la década de los 20, del pasado siglo. Dicho término puede llevar a confusión; la palabra carecía de sentido lingüístico y designaba únicamente al labrador extremeño castizo. Con el tiempo, algunos autores han llamado así al castellano de tránsito con el leonés hablado en el sur de Extremadura, aunque el vocablo se emplea para designar las hablas tradicionales de Extremadura en general, sean éstas más o menos similares al castellano.

Algunos organismos internacionales reconocen el extremeño como una lengua, en cambio no existe consenso entre la comunidad científica sobre que el extremeño sea una lengua diferenciada del castellano, ni siquiera dentro de la propia región extremeña.

Estas son las opiniones de algunos expertos. El catedrático de Historia de la Lengua Española Antonio Salvador Plans niega la idea de que el extremeño sea una lengua en la actualidad; Antonio Viudas Camarasa, catedrático de la Universidad de Extremadura, lo considera un dialecto; Manuel Alvar, un habla de tránsito; lo mismo que Alonso Zamora Vicente; José Antonio González Salgado, un habla regional castellana, mientras que otros filólogos ven rasgos de una variante idiomática que estaba presente en el pasado. El filólogo estadounidense Aurelio Macedonio Espinosa (1907-2004), presentó y defendió su tesis doctoral: Arcaísmos dialectales: conservación de «s» y «z» sonoras en Cáceres y Salamanca, calificado por el jurado, entre ellos Menéndez Pidal, como sobresaliente, como una de las principales obras filológicas del idioma extremeño.​

La ONU identifica al extremeño como una lengua, dentro de la lista negra, por el peligro que corre de desaparecer, y solicita al Gobierno de Extremadura que sea reconocido para su preservación cultural en su Estatuto de Autonomía, ya que la UNESCO y el Consejo de Europa, mediante el Tratado CELR, obligan a promoverlo y protegerlo del resto de los idiomas de la región. La UNESCO lo reconoce como variedad lingüística del diasistema asturleonés en el Atlas de las Lenguas en Peligro del Mundo (2009).

En varios foros internacionales sobre lenguas minoritarias o amenazadas, los expertos respaldaron al extremeño como una lengua, en la que el Órgano de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura (OSCEC Estremaúra) resaltó que el extremeño es la forma de comunicación que vienen utilizando desde hace siglos. Allí compartió espacio como una lengua vernácula más junto al occitano, el provenzal, el romaní o el gaélico, entre otras.

Desde enero de 2020 el extremeño es reconocido por el Consejo de Europa, que lo incluye en la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales, siendo la primera vez que una instancia europea la sitúa al mismo nivel que otras lenguas como el gallego, el euskera o el catalán.

Hoy se habla al norte de la provincia de Cáceres, en las comarcas de Sierra de Gata, Las Hurdes, lugares de Tierra de Alcántara, en Tierra de Coria, Granadilla, Garrovillas, Ceclavín y en las comarcas salmantinas de la Sierra de Francia, El Rebollar, sur de Ciudad Rodrigo y de Béjar. La lengua también está presente en la Tierra de Plasencia (Serradilla o Malpartida de Plasencia, Valle del Ambroz y localidades del Valle del Jerte como Piornal, Rebollar o El Torno y de la Vera como Guijo de Santa Bárbara, y en Berzocana y Madroñera). Fuera de la Comunidad Autónoma, en la Sierra de Aracena, Valle del Guadiato, Valle de los Pedroches, sur de la provincia de Ávila y comarcas de Castilla-La Mancha colindantes con Extremadura: Valle de Alcudia, La Jara, La Campana de Oropesa y el oeste de la comarca de Torrijos.

Las estadísticas conocidas sobre el número de hablantes son antiguas y poco fiables: algunos miles  de mayores que conservan rasgos dialectales pueden relacionarse con el histórico dialecto asturleonés. Esta lengua tiende a perderse entre las nuevas generaciones, como pasa con otras variedades minoritarias de España y de toda Europa. La edad media de sus hablantes supera los 60 años, permaneciendo relegado al mundo rural.

El extremeño, como variante lingüística del idioma asturleonés, aunque con sus propias características intrínsecas, no debe confundirse con el español extremeño, el español hablado en Extremadura.

Tras la unión de los reinos de León y de Castilla en 1230, el castellano sustituyó poco a poco al latín como lengua oficial relegando así al asturleonés, al considerarlo indicativo de pobreza e ignorancia de aquellos que lo hablaban. Sólo en Asturias la gente era consciente de hablar una lengua diferenciada del castellano. Pero incluso allí sólo algunos autores lo usaban en sus escritos.

El término Nueva Extremadura surgió durante la colonización española de América y fue el nombre de tres zonas geográficas en el nuevo continente, aportando palabras propias de Extremadura, como asina o mesmo, entre otras muchas, que pueden reconocerse en determinadas zonas de Hispanoamérica.​

En el siglo XIX se produce el primer intento serio de escribir en extremeño, tras Vicente Barrantes, aparece el poeta José María Gabriel y Galán; nacido en Salamanca y que vivió la mayor parte de su vida en el norte de Cáceres. Escribió en una variante local del extremeño, lleno de restos dialectales, pero siempre en castellano y en la forma castellana de escribir, y escribiendo la mayoría de sus obras en castellano.

Nos despedimos con la poesía extremeña de José María Gabriel y Galán:

           Sibarita

   ¡A mí n’amás me gusta

que dali gustu al cuerpo!

Si yo juera bien rico

jacía n’amás eso:

Jechalmi güenas siestas

embajo de los fresnos;

jaltarmi de gazpachos

con güevos y poleos;

cascalmi güenos fritis

con bolas y pimientos,

mercal un güen caballo;

tenel un jornalero

que tó me lo jiciera,

pa estalmi yo bien quieto,

andal, bien jateao,

jechal cá instante medio,

fumal de nuevi perras

y andalmi de paseo

lo mesmo que los médicos…

   Si yo juera bien rico

jacía n’amás eso.

¡Que a mí n’amás me gusta

que dali gustu al cuerpo!