El rey Jaime I el Conquistador fallece en Valencia tras una agitada vida de conquistas, también en el aspecto amoroso. Contrajo matrimonio dos veces: la primera con Leonor, hija de Alfonso VIII de Castilla, a la que repudiaría en 1229, a causa del parentesco entre ambos, ya que los dos consortes eran bisnietos de Alfonso VII. De esta unión vino al mundo Alfonso, que murió en 1260. Después, el monarca, contrajo matrimonio con Violante, hija de Andrés II de Hungría, que le dio nueve descendientes: cuatro varones y cinco mujeres.

Además de estas mujeres, aparecen en la vida de este activo rey, otras damas. Era mujeriego, hom de fembres, como su padre. Según sus cronistas, ya cuando era jovencito descubrieron sus veleidades amatorias, catalogándole como de gran gallardía y de gran virilidad, lo que le permitía elegir compañía femenina sin gran esfuerzo.

Una de las primeras amantes atribuidas al rey aragonés fue una pariente: Elo Álvarez, cuando sólo tenía 16 años; después la condesa Aurembiaix de Urgel, cuando el rey tenía 20 años, quien en su infancia había sido asignada como prometida. Con esta dama suscribiría un contrato de concubinato en 1238, entre cuyos acuerdos figuraban disposiciones para lograr el condado de Urgel. Este mismo año aparece una nueva conquista de Jaime I, Teresa Gil de Vidaurre, viuda de Sancho Pérez de Lodosa, perteneciente a una noble familia navarra. Relación que se prolongaría muchos años y que había comenzado tras la separación del soberano de su primera esposa.

Cuentan que, una noche, Jaime se introdujo en los aposentos de Teresa y como ésta se resistiera a sus pretensiones, le promete hacerla su esposa, a cambio de sus favores. El rey nunca reconoció esta condición de esposa, si bien Teresa sería tenida de facto como reina de Aragón; algunos autores llegaron a admitir un posible matrimonio morganático del rey aragonés.

Lo cierto es que Teresa tuvo siempre un gran ascendiente sobre Jaime I, del que recibió los castillos de Xérica y Ayerbe, que pasaron a los hijos habidos de esta relación.

Pero el bravo conquistador aragonés mantuvo otras relaciones amorosas que se encuentran bien documentadas gracias a las espléndidas donaciones del monarca.

En vida de su esposa Violante de Hungría, estableció relaciones con Blanca de Antillón, perteneciente a la nobleza aragonesa, a quien cedió sus derechos del castillo de Castro en 1241, que más tarde pasaría al hijo de ambos, Fernando Sancho de Castro.

Igualmente conoció a Berenguela Fernández, a la que donó la baronía de Ixar, que recibiría después el hijo de ambos, Pedro. Y a Guillerma de Cabrera, con quien no tuvo descendencia.

Jaime I vuelve al lado de Teresa a la muerte de Violante, hasta que, cansado de que aquella le recordara continuamente su promesa de matrimonio, inicia, el año 1265, gestiones para separarse de ella, alegando que ésta padecía de lepra. En realidad, lo que sucedió fue la presencia en su vida de Berenguela Alonso, prima de Alfonso X, y que deseaba casarse con ella.

Conseguida la separación de Teresa, que ingresa en un convento, el rey Jaime se une a Berenguela en 1266, pese a que el papa Clemente IV prohíbe sus relaciones. Ignorando las amonestaciones papales, el rey aragonés sigue junto a Berenguela hasta la muerte de ésta, en 1272.

Cuando el rey era ya sexagenario, solicita otra vez al papa su separación de Teresa, al conocer a otra bella dama, la noble Sibila de Saga. Pero tampoco se casaría con Sibila, aunque la colmara de regalos.

La enorme fertilidad del rey conquistador, si bien asegura la continuidad del reino, estuvo a punto de romper la unidad del mismo, como ya conocemos por la Historia.

Para que luego digan de los Borbones…; hay cosas, como afirma un dicho popular: … que no tiene enmienda.