Antes de hablar de este fenómeno social que tuvo lugar en España una vez finalizada la guerra civil, debemos saber el significado de la palabra. El origen del estraperlo está vinculado a un escándalo político. Se introdujo un juego de ruleta eléctrica de la marca Straperlo, inventada por Daniel Strauss-Perle-Lowann. Lo juego de azar estaban prohibidos en España. Sin embargo, en 1934, vario políticos utilizaron su influencia para que esta ruleta eléctrica se explotara el casino de San Sebastián, a cambio de unas suculentas compensaciones económicas. Los políticos implicados eran Alejandro Lerroux, Juan Pich y Pon, Aurelio Lerroux, Miguel Galante y el periodista Santiago Vinardell. El escándalo salió a la luz en 1935. El presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, le pidió a Lerroux, presidente del gobierno, que dimitiera. El caso llegó a las Cortes y estas votaron a favor de la culpabilidad de los acusados, lo que supuso el derrumbe del Partido Radical. Aquel escándalo supuso que la palabra estraperlo quedara en el vocabulario popular como sinónimo de chanchullo, intriga o mercado negro.

 

Finalizada la guerra civil el estraperlo fue el pan nuestro de cada día. Por eso una de las proclamas del Gobierno de Franco decía: “La guerra no se ha ganado para dejar enriquecer ilegítimamente a unos pocos”.

Durante los primeros quince días, después de terminar la guerra, la abundancia de comestibles era tan grande que nadie pasó hambre en Barcelona. Sin embargo, las reservas comenzaron a agotarse y se volvió a una situación similar a los últimos meses de la guerra. Esta abundancia era debida a la llegada de donativos de otras zonas de España; a la que llevó el Servicio de Asistencia a las Poblaciones Liberadas; y los depósitos de abastecimientos que tenían el gobierno de la República, la Generalitat y el gobierno de Euskadi instalados en Barcelona. Los donativos llegaron de Palencia, Burgos, Teruel, Zaragoza, Navarra, Vizcaya, Guipúzcoa, Galicia, León, Sevilla, Córdoba y Huelva.

La llegada de nuevos comestibles y el racionamiento hizo que muchos se las ingeniara para conseguir productos de primera necesidad, almacenarlos y venderlos a precios mucho más elevados. Hecha la ley, hecha la trampa. Así ha sido siempre. Las necesidades de un población hace que algunos se las ingenia para ganar dinero de la desgracia de los demás. Por eso los ayuntamientos y el Gobierno central pusieron manos a la obra para minimizar el estraperlo. El general gobernador de Barcelona, Eliseo Álvarez Arenas, con respecto al estraperlo, el 28 de febrero de 1939, dio a conocer la siguiente nota:

Con alguna frecuencia llegan hasta mi autoridad quejas anónimas sobre precios abusivos a que se expenden los artículos de primera necesidad y algunos otros que sin poderse considerar como tales son precisos para la vida familiar normal. No es este el mejor procedimiento para contribuir de un modo patriótico a la más rápida normalidad en tales aspectos de la vida en esta capital: el emplear el anónimo implica una cobarde acción o un deseo de sembrar el descontento e intranquilidad en todos.

Las quejas o denuncias de todas clases han de ser formuladas con valentía, facilitando los datos necesarios para la debida comprobación, sin lo que no es posible proceder con arreglo a la más estricta justicia e imponer las sanciones que los hechos merezcan. Es mi deseo proceder con toda energía a la corrección de esos hechos, por ello invito a todos los vecinos de esta Capital a que se presten con su intervención noble y patriótica a cooperar en asunto de tanto interés, procurado documentarse bien para que sus quejas resulten de fácil comprobación.

Días antes de esta nota, el 18 de febrero, el ayuntamiento de Barcelona publicaba esta otra:

Aquel comerciante al detalle que, habiendo adquirido mercancías en el Mercado Central de Pescado o en el Central de Frutas y Verduras, en el Matadero o en un almacén al por mayor, se dedique luego a venderlo clandestinamente entre sus amistades a precio superior al de tasa y no lo ofrezca al público, sin distinción, en el puesto del Mercado correspondiente o en el establecimiento, aparte de ser puesto a disposición de la autoridad militar, verá anulada su concesión en el Mercado o clausurado su establecimiento. Los que introduzcan en la capital clandestinamente carnes sacrificadas en los mataderos de las poblaciones de los alrededores sin cumplir los trámites establecidos en las Ordenanzas Municipales, para venderla luego subrepticiamente, sufrirán asimismo el rigor de la Ley.

El sustituto de Álvarez Arenas, González Oliveros, el 20 de julio de 1939, respecto al estraperlo, dio a conocer la siguiente declaración:

Llegan a este Gobierno Civil numerosas quejas, por desgracias bien justificadas, respecto a precios abusivos y maniobras ilegales e inmorales para encarecerlos. Se advierte al público que sin su colaboración será prácticamente imposible cortar estos intolerables abusos. La guerra no se ha ganado para dejar enriquecer ilegítimamente a unos pocos.

A primeros de agosto el Gobernador civil expresaba a la prensa su rechazo “al incalificable proceder de algunos agricultores de la provincia, que ocultan los productos de la tierra para aumentar los precios de los mismos, elevando el costo de la vida.

En el mes de octubre la situación del estraperlo era asfixiante por el gobierno central. Por ello se comenzaron a tomar medidas. La primera la llevó a cabo la Jefatura Provincial de FET y de las JONS, en la que solicitaba...

A jerarquías y afiliados para fiscalizar la vida entera del comercio, evitando que todo productor, transportista o comerciante retraiga del mercado o eleve caprichosamente los precios de las mercancías, ya que las cosechas recientes, francamente buenas y en alguno productos extraordinarias, no justifican en modo algo el actual estado de cosas que los malvados quieren imponer (…) Contra los que tratan de desacreditar la política del Gobierno y establecer la inmoralidad como norma de conducta ha de reaccionar vigorosamente la FET y de las JONS.

El Gobierno central, de la mano de Ramón Serrano Suñer, el 21 de octubre de 1930 hizo saber que...

El Gobierno, que conoce la realidad aguda del problema de abastos [...] procederá con el máximo rigor a la imposición de sanciones por los graves abusos que se cometen por especuladores, acaparadores y en general por todos los culpables de la alteración del precio de las cosas y del encarecimiento de la vida.

Las sanciones no se hicieron espera y, así, el Boletín Oficial del Estado, de 3 de noviembre de 1939, publicó las que se aplicarían por hurto de mercancías, retención de productos fabricados y elevación abusiva de precios. Estas sanciones establecían que si el acaparamiento se realizara con ánimo de perturbar el normal desarrollo de la economía nacional, la pena personal será de reclusión mayor a muerte y una multa del décuplo del valor de los géneros acaparados. La Vanguardia, a lo largo de 1939, publicó que se habían detenido 170 personas y que de ellas, a 120 se les habían impuesto multas.

La relación de estas detenciones y las multas impuestas es la siguiente: estraperlo por aceite, 86 detenidos y 28 de ellos mutilados con un total de 15.500 pesetas; estraperlo para pan, 4 detenidos y mutilados con un total de 13.500 pesetas; estraperlo para leche, 8 detenidos y mutilados con un total de 4.350 pesetas; estraperlo por azúcar, 12 detenidos y 9 de ellos mutilados con un total de 13.750 pesetas; estraperlo para café, 8 detenidos y 2 de ellos mutilados con un total de 700 pesetas; estraperlo para carne, 7 detenidos y mutilados con un total de 3.350 pesetas; estraperlo para huevos, 14 detenidos y 4 de ellos mutilados con un total de 5.900 pesetas; estraperlo para otros productos -patatas, llantas de sardinas, embutidos, arroz, judías, verdura, queso, fruta, etc., 35 detenidos y 54 mutilados con un total de 253.825 pesetas. En total se recaudaron 310.875 pesetas.

Un ejemplo de este detenciones es la que se produjo en el mes de octubre de 1939. El Gobierno informó que...

Se ha descubierto una organización integrada por hombres y mujeres que habían logrado acaparar 30.00 litros de aceite que vendían a diez y doce pesetas el litro. Los detenidos [...] son diez. Uno de ellos utilizaba el uniforme de aviación, fingiéndose oficial de dicha arma, para transportar el aceite y entrarlo en la ciudad. Este sujeto se valía de este ardid para convencer a los encargados de los controles que la mercancía estaba destinada a la Intendencia del Ejército. El jefe de la citada banda se llama Domingo Segimón Cisa.

A pesar de todas estas medidas represoras, difícilmente podían acabar con el estraperlo. El motivo es sencillo. No había constancia de quien lo hacía y, por tanto, no se podía sancionar a un desconocido. El fin del estraperlo llegó cuando el abastecimiento de comestibles se normalizó y así ya nadie pudo especular con la comida de los demás.