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  1. El Alcalde de La Coruña Alfonso Molina, ofrece el bastón de alcalde al Jefe del Estado Generalísimo Franco, a su llegada al palacio Municipal para presidir la cena de gala en su honor que le ofreció la corporación municipal.

En la noche del día tres de septiembre de 1955, el ayuntamiento de La Coruña, presidido por el alcalde Alfonso Molina, ofreció una cena de gala en el palacio municipal al Jefe del Estado, Generalísimo Francisco Franco. El Caudillo, acompañado de su esposa, Carmen Polo,  llegó a la plaza de María Pita cuando  en el reloj del gran edificio de estilo francés daban las diez y media de la noche. Miles de personas ocupaban la plaza de María Pita y las calles contiguas. La llegada del Jefe del Estado se anunció con el disparo de bombas de palenque.

En la puerta principal del consistorio esperaban al Jefe del Estado  la corporación municipal al completo, así como los ministros de asuntos exteriores Alberto Martín Artajo; de marina almirante Regalado, y de educación nacional Joaquín Ruíz Jiménez junto a las primeras autoridades militares y civiles de la provincia. El Generalísimo Franco, que vestía uniforme de gala de capitán general del ejército de Tierra, fue recibido a los acordes del himno nacional que interpretó la Banda municipal de música de La Coruña, dirigida por Rodrigo A. de Santiago. 

El Alcalde Molina ofreció al Generalísimo Franco el bastón de alcalde. El vestíbulo del palacio municipal ofrecía un aspecto deslumbrante, donde destacaba una fuente luminosa instalada al efecto. La guardia municipal en  uniforme de  gran gala, formaba la guardia de honor. Entre los numerosos reposteros destacaba uno con el Víctor del Caudillo de España.    El Generalísimo Franco, al que precedían un grupo de gaiteros, maceros, heraldos, timbaleros, pregoneros y ujieres, inauguró esa noche, de forma oficial, la gran escalera de honor del propio palacio municipal  dotada de una artística e impresionante vidriera que la remataba en el techo, descubriendo una placa con la siguiente inscripción: “En el día de hoy, 3 de septiembre de 1955, fue bendecida e inaugurada esta escalera de honor con  la gracia de Dios, por S. E. el Jefe del Estado Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde con su esposa la excelentísima señora Doña Carmen Polo de Franco”.

Tras ello el Caudillo, su esposa, autoridades e invitados, se dirigieron  a los salones donde  se serviría la cena de gala. El primero en entrar en el salón fue el Caudillo de España, que daba el brazo a la esposa del ministro de asuntos exteriores. Tras él, el alcalde de La Coruña, que ofreció su brazo a la esposa del Generalísimo Doña Carmen Polo de Franco y de seguido los ministros y demás autoridades e invitados. 

Durante la cena, la orquesta sinfónica municipal amenizó la velada con obras de Enrique Granados y W, Amadeus Mozart. La Corporación municipal ofreció a doña Carmen Polo de Franco como recuerdo del acto un artístico presente. También fueron obsequiadas las demás damas que asistieron a la cena.

Escalera de honor del palacio Municipal de La Coruña, inaugurada por el Caudillo de España Francisco Franco, el día tres de septiembre de 1955. Foto tomada en 2014.

Finalizada la cena los invitados pasaron al salón de sesiones donde se sirvió café y tuvo lugar un selecto programa musical donde actuaron  la Banda Municipal de La Coruña junto a la Coral polifónica “El Eco”, que interpretaron las danzas guerreras del príncipe Igor de Borodin; el pianista coruñés Rafael Vázquez Sebastián,  que recordó obras de Manuel de Falla, Federico Chopin e Isaac Albéniz; la cantante coruñesa María Luisa Nache, que interpretó dos arias de las óperas  “La Forza del Destino” y “Madame Butterfly;  el coro gallego “Cantigas da Terra” y el director del grupo artístico “La Farándula“, Luis Iglesias de Souza, que recitó un poema de José María Pemán y un fragmento de su zarzuela “La Noche de San Juan”.

Entretanto en la plaza de María Pita se celebraba una fiesta popular con la actuación de bandas de música y agrupaciones artísticas y folklóricas.

Poco después el Generalísimo y doña Carmen Polo  hicieron aparición en el balcón principal del Ayuntamiento con objeta de presenciar una extraordinaria y vistosísima sesión de fuegos de artificio especialmente preparada en su honor.

La multitud que seguía en la plaza de María Pita saludó la presencia del Caudillo con renovadas manifestaciones de entusiasmo y repetidas pruebas de adhesión al Jefe del Estado. El Caudillo y esposa hubieron de corresponder complacidos a las clamorosas manifestaciones populares.

A la una y cinco de la madrugada que finalizó la sesión de fuegos de artificio, el Jefe del Estado y su esposa se despidieron de todas las autoridades e invitados y regresaron al Pazo de Meirás.

Antes de su marcha el Caudillo de España Francisco Franco, rogó al alcalde de La Coruña que trasmitiese a la corporación municipal y a todos los vecinos coruñeses su más calurosa felicitación por el éxito de organización de la comida y la suntuosa magnificencia del marco de la escalera de honor y decorado de los salones; a los obreros  que intervinieron en la puesta  a punto de la hermosa entrad del vestíbulo del palacio municipal y a los coruñeses por las demostraciones de cariño y afecto que le habían dedicado. El alcalde Molina, le reiteró la lealtad de los coruñeses hacia su ilustre paisano, el primero de los españoles, el glorioso Caudillo de España, con encendido fervor patriótico.     

  

Una espectacular panorámica del Palacio Municipal de la Coruña, engalanado y magníficamente iluminado,  en una de aquellas  noches veraniegas en que se celebró en sus salones la cena de gala en honor del Jefe de Estado y su esposa, y que abarcaron  el periodo de 1946 a1975.

Al aparecer en el exterior del palacio municipal, el Jefe del Estado y esposa, el homenaje popular que les tributaron los miles de ciudadanos que se habían dado cita en la plaza de María Pita, fue verdaderamente apoteósico.  El vehículo donde iban el Generalísimo y su esposa  inició el regreso hacia Meirás a marcha lenta al impedir el paso del vehículo la muchedumbre agolpada en el trayecto.

Por las avenidas de  Montoto, Marina y los Cantones, el público, congregado a uno y otro lado de la calzada, aplaudió con emoción al Jefe del Estado y a su esposa, que correspondían, a las pruebas de adhesión y afecto. Estas no cesarían hasta que el coche del Caudillo y su espectacular escolta salieron de la ciudad.

La fiesta, con una noche inigualable de temperatura, continuó en la plaza de María Pita con las actuaciones de dos orquestas que animaron el ambiente hasta bien entrada la madrugada.

Aquella escalera de Honor y su espectacular vidriera tuvo su origen en un pleno municipal celebrado a  finales de octubre de1949, donde se tomó el acuerdo de iniciar una propuesta para construir en el palacio municipal una escalera de Honor, una vidriera artística y un patio, completando de esa forma la elegancia y suntuosidad del exquisito palacio Municipal, inaugurado en 1918, y de forma oficial en 1927 por los Reyes de España Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

El presupuesto para la realización del proyecto de la escalera de honor, vidriera, revestimientos de paredes, huecos y vanos, aprobados en 1951, ascendió a  1.810.949,48 pesetas. El arquitecto municipal  se haría cargo de dirigir la obra en sus facetas de cantería y revestimiento de paredes y huecos al aprobar su construcción el pleno municipal en sesión de 29 de octubre de 1954.  

Para la realización de la vidriera se abrió un concurso público al que concurrieron las empresas  Sociedad Anónima La Veneciana de Madrid, Vidrieras de Arte SA de Bilbao, Unión Cristalera SRC de La Coruña y la Sociedad Maumejean Hermanos Vidrieras artísticas SA de Madrid. Tras una exhaustiva valoración, en el mes de mayo de 1955, se adjudicó la realización de la misma  a la Sociedad Maumejean Vidrieras artísticas de Madrid, en la cantidad de 257.758 pesetas, como cubierta de la escalera de honor.

Años después en 1969, la propia empresa Maumejean, ganaría un nuevo concurso y sería la encargada de colocar otras vidrieras, más pequeñas, en los 16 huecos de la escalera de honor.

En el año de 2007, un gobierno municipal indigno, compuesto por socialistas y separatistas del Bloque nacionalista gallego, presidido por Javier Losada, amparado en la maldita ley de la memoria histórica, hizo desaparecer de tal escalera la elegante placa dorada, rematada con el escudo de España,  que recordaba la inauguración de la misma por parte de Caudillo de España Francisco Franco.

Al igual que, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo,  arrancó del salón de sesiones una genial talla de madera obra del excelente tallista húngaro Ladislao Estern, y dibujada por el pintor coruñés José Ramón, que  recordaba la primera visita de Franco a La Coruña como jefe de estado, en junio de 1939, hurtándole al pueblo de La Coruña y a España entera, unas obras de arte singulares e inigualables.

La furia canallesca e iconoclasta la remató en 2019, con la inestimable ayuda de los concejales socialistas y del Bloque nacionalista gallego, la infame y sectaria marea de odioso recuerdo, antes de perderse en el olvido, al aprobar la desaparición de la gran vidriera,  que remataba el techo de esa gran escalera de honor de nuestro palacio Municipal, del águila de San Juan, sustituyéndola en un principio por el escudo actual de España, aunque se llegó a barajar la posibilidad de colocar el escudo de Galicia.

La obra de sustitución del escudo fue  adjudicada  a la empresa de Madrid Maumejean Vidrieras Artísticas, la misma empresa que había realizado y colocado la vidriera en 1955.

Al llegar a La Coruña, los técnicos de la empresa comprobaron que los anclajes de toda la pieza estaban muy deteriorados, mucho de ellos rotos. Varias piezas de la misma estaban fracturadas. Maumejean Vidrieras Artísticas informó al gobierno municipal del mal estado de la vidriera y que había que proceder a su total restauración, algo que no se contemplaba en el presupuesto original de desmontaje, sustitución del escudo y reposición de la misma a su lugar,  que ascendía a  60.500 euros.

Talla en madera sobre dibujo que se hallaba situada en el respaldo de uno de los sillones del salón de sesiones del palacio municipal de La Coruña, y que recordaba la primara visita a La Coruña como jefe de estado de Francisco Franco en 1939. Fue retirada por un equipo de gobierno formado por socialistas y separatistas gallegos en 2007.

Aquel presupuesto se realizó sin ningún estudio previo, sin poder la empresa valorar lo que podía costar el desmontaje y restauración, además  de la sustitución  del escudo del Aguilar de San Juan por el escudo de España, en vigor desde 1981 -algo que en principio afectaba a trece paneles-,  pues nunca le  permitieron  comprobar su estado.

No hubo un informe previo de los arquitectos. No  hubo dictamen de Bellas Artes de la Xunta de Galicia, al estar considerada  la vidriera un bien protegido que databa de 1955. Una vidriera cuyo valor se eleva a más de seiscientos mil Euros. Todo quedó en manos de la jefe de Servicio municipal, realizándose el asunto a las bravas con absoluto secretismo, dejadez y maldad.

Ante ello la empresa, tras desmontarla y llevársela a  Madrid,  se negó a restaurarla en ese presupuesto al comprobar su gran deterioro.

El ayuntamiento fue dando largas a la empresa Maumejean, aduciendo que tenía que llevar a un pleno extraordinario, un modificativo de crédito para acometer su restauración. A pesar de que el gobierno municipal socialista, por escrito, reconoció a la empresa, que estaban de acuerdo en que ellos no habían tenido la oportunidad,  antes de su desmontaje, de visualizarla, a fin de conocer sus carencias y defectos y poder valorar de esa forma la cuantía de los trabajos. Pero al ser un presupuesto cerrado de 60.500 euros, no hubo lugar a ello.  Ante ello la empresa que trasladaría las piezas de la vidriera a sus talleres de Madrid, se negó a realizar los trabajos de restauración. Pero mantuvo las piezas del águila de San Juan, a pesar que desde el gobierno municipal le dieron orden de destruirlas.

Espectacular y artística vidriera que techaba la escalera de honor del palacio Municipal de la Coruña. La maldad, el odio y la sinrazón marxista se la han llevado por delante.

Hace unos meses, la sectaria alcaldesa de La Coruña la socialista Inés Rey,  obligó a la empresa con malos modos, a devolver la vidriera. La empresa madrileña trasladó los paneles a La Coruña, quedando  almacenados en un lugar del tercer piso del Ayuntamiento, tras recibir la orden de introducir las piezas por una puerta lateral del palacio municipal,  realizando la operación con el máximo secreto. 

A día de hoy, y van ya tres años, el techo de la escalera de honor del Ayuntamiento de La Coruña está completamente destrozado, tapado con unas lonas y la gran escalera de honor sigue cerrada. La vidriera un bien, propiedad de todos los coruñeses, no ha sido repuesta en su lugar. Y lo que te rondaré morena. Y el partido Popular coruñés tan solicito en pedir, junto al equipo de gobierno municipal socialista y sus aliados, la expropiación de la casa Cornide en la ciudad Vieja  a sus propietarios la familia Franco, en este caso ni está, ni se le espera, Como siempre, cobardemente, de perfil.

Algún día, no muy lejano, habrá que pedir responsabilidades penales y civiles a tantos talibanes izquierdosos que se llevaron por la vía del medio, -gracias a las veleidades de aquel tontiloco malvado, corrupto, apellidado Zapatero, junto a la actual labor de ese chulo de bolera, vanidoso, psicópata, matón de sauna barata, traidor a España, mentiroso, manipulador, vil y despreciable, amigo de filo terroristas y separatistas, e insignificante político,  Sánchez “alias Antonio”-,  escudos, estatuas, vidrieras, propiedad todas ellas del pueblo español, de un valor artístico e histórico único  y de incalculable cuantía económica, entre ellos al impresentable ex alcalde de la marea coruñesa, Ferreiro y su equipo de gobierno, y a la actual alcaldesita de pitiminí, la socialista Inés Rey y su escudero, el tragaldabas, y no precisamente de comida, de la sierra de Outes.  

Qué ejemplo de tolerancia dio en su largo mandato, un socialista español, el recordado alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, que no participó para nada en esa burda y  peligrosa maniobra de intentar borrar una parte fundamental y trascendental de la historia de nuestra querida España.

Por cierto, el  Jefe del Estado, Generalísimo Francisco Franco, cenó durante muchos veranos, en el ayuntamiento de La Coruña, en un salón que  tenía en lugar preferente el escudo de la II República Española, sin que a Franco le entrase ninguna furia iconoclasta contra aquel escudo, que permaneció intacto en su sitio hasta el día de la fecha.