Teruel es, entre otras cosas,   un recuerdo premiado con un “Cavia”.

Para a mí también  ese nombre es evocador. Va inseparablemente unido a uno de mis seres queridos inolvidables. Han pasado ochenta y cinco años desde que sus manos me sostenían para que aprendiera a montar en bicicleta, y  de aquellos viajes a Villoldo, agarrado a la espalda de tio Paulino, cuando él iba a visita a su novia,  meses antes de que estallara el alzamiento y de que yo me fuera a Santander de vacaciones,  o de oírle -- acurrucado en una manta--  mientras él, cuando araba cantaba para mí y lo hacía como lo haría, Pepe Blanco, Farina o Juanito Valderrama. Cantaba como los ángeles, y gracias a ese don,  propagaba la falange  y amenizó la vida a sus compañeros en el frente hasta que murió. Me cont-o un compañero de trinchera que quedó con la sonrisa en los labios. Lo mataron cuando acudía a  suplir al compañero caído,   que  tenía la ametralladora. Se ve que los rojos,  la tenían localizada y enfilada.

 Se había librado de la mili porque ser el último varón que quedaba en casa de mi abuela, viuda, pero el 18 de julio de 1936 le dijo: --“Madre  ahí se quedan las nías en la era,  yo me  voy ya, con Pío, sin esperar a que nos llamen”. Y a sus veintidós años, se iba a Palencia y,  de ahí,  al norte de la provincia con el tercer batallón de falangistas palentinos. Para impedir que los rojos de la Naval de Reinosa o los mineros de Barruelo bajarán a tomar la capital de la provincia. Un año de espera hasta recibir la orden de tomar Santander en agosto del 37;  no les dejan entrar en la capital y,  desde Torrelavega –Franco quiere dejar ese honor a los italianos --parten para terminar la guerra del Norte a reconquistar Asturias  “para los cuarenta años de “auténtica libertad”.  Lo consiguen en menos de un mes: el 21 de octubre de 1937 ha terminado la guerra del Norte. Y toman el barco hacia Bilbao para descansar en Pamplona

Liquidada toda la resistencia en el Norte les dan unos días de permiso y luego, vuelta a Pamplona camino de Teruel,  a reconquistar la única capital de provincia que consiguieron tomar los rojos. Me imagino que el padre de García Trapiello hizo el mismo o parecido recorrido a partir de Asturias, con el descanso que les dieron en noviembre y luego  el frente de Teruel. Los falangistas castellanos tuvieron este recorrido:  Teruel, Maestrazgo, batalla del Ebro –25 de julio al 16 de noviembre-- 

desde Monzón hacia Artesa de Segre  hacia el norte de Barcelona para terminar en Vich la batalla de Cataluña.   De allí pasaron al frente Toledo donde les cogió la Victoria final.  Una “excursión” de treinta y dos meses y catorce días.

Yo no tuve la suerte Trapiello y poder volver a mis dos tíos falangistas --voluntarios de primera hora-- pues los dos serían heroicos “caídos” por Dios y por España, aunque no ignoraban a lo que se exponían, pero era una generación única de héroes que ya no se ha repetido. Creo que la desgracia de España fue que los verdaderos falangistas murieron en los campos de batalla y los “en chufados” que sobrevivieron engendraron estas generaciones de cobardes y traidores que nos dieron “rojos”, hijos de ministro, y lo mismo comunistas  “hijos de papa». Por eso se preguntan muchos ¿vale la pena morir por España para que luego se aprovechen los canallas? ¿Ante la situación de nuestra Patria, hoy,  será posible otra generación de héroes que se decida a salvarla? ¡Lo dudo! La lección ha sido  desastrosa.

Aunque no volví a ver a mis tíos, sé mucho de ellos como verán luego y por qué.

En mí tiempo de Ejecutivo y constantes viajes, cierto dia,  en un hotel de alma de Palma de Mallorca estaba tomando una  copa en el bar del Hotel, antes de acostarme --como era costumbre muy habitual entre quienes pasamos media vida en los hoteles. Estaba escuchando lo que hablaban a mi lado,  cuando alguien mentó Teruel y a los falangistas que  allí luchaban entre los que estaban su padre… y aproveché para comentar que allí, en la zona “Peña de muela”,  había muerto mi tío el día que cumplía 24 años, en la madrugada del 1º de enero de 1938. Me cortó para preguntarme: ¿Cómo se llamaba tu tio? – Paulino Antolín Aparicio, ¿Por qué lo quieres saber? – Porque comprobaré si es verdad,… tengo el libro de toda la campaña del tercer batallón de falangistas de Castilla,  escrito por su Jefe, y en él aparecen los nombre de todos los caídos, cada día y con su nombre apellidos- Aparecerá, el nombre de tu tío ese día.

Le había dado mi tarjeta y cuando llegó a su casa consultó el libro y comprobó que era cierto y  lo que se le ocurrió fue (no se había fijado que yo vivía en Gavá, no en Palma de Mallorca) llamar a mi teléfono para decirme que era cierto… Lógicamente a las tanta de la mañana, en Gavá  cogió el teléfono  mi mujer…y no entendió nada cuando oyó decirle que “su marido que tenía razón pues aparece el nombre de Paulino el 1 de enero como fallecido…”

Bastantes años después, en Mora de Ebro, dando una charla   me encontré  con un oyente que tenía el libro  buscado inútilmente desde Palma.  (“DIARIO DE OPERACIONES  del 3er. Batallón de Palencia y 5ª Bandera de Navarra  de Falange Española T. y de las JONS” escrito por el    Teniente coronel de caballería Julio García Fernández)  Me lo prestó y lo fotocopié.

Los palentino que empezaron la guerra en el norte de Palencia la  terminaron en el frente de Toledo a donde los enviaron después de acabar la reconquista de Cataluña para la libertad, en Vich, y  Castellgalí, el 13 de marzo de 1939…terminarla en Orgaz y Urda. 

Me gustaría que los lectores “pudieran disponer de ese libro que es un verdadero tesoro, pues narra día a día todas las “novedades” de esos dos años, ocho meses y trece días, de la vida de unos héroes en su lucha contra los hijos de Satanás. Les adjunto  el párrafo con el que el teniente coronel presenta la narración (adjunto va el escaneado)        

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