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Corrían los primeros meses del año 1979 cuando el “Equipo de Investigación” de mi periódico (yo era director del “El Imparcial”) descubrió un “affaire” que afectaba directamente a la presidencia del gobierno y que tenía que ver con el “Banco Cantábrico”. Según la documentación conseguida por mis redactores la Moncloa había abierto una cuenta secreta en dicho banco que estaba a nombre de Alberto Aza, a la sazón Director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno y Aurelio Delgado a quien todos llamaban “Lito” y era cuñado de Adolfo Suárez y eso era, cuando menos una “corruptela”, ya que era dinero oficial (creo recordar que eran 67 millones de pesetas). Naturalmente, y con toda la documentación de la cuenta visada por el abogado del periódico, “El Imparcial” salió a la mañana siguiente con un titular explosivo: “ESCÁNDALO EN LAS ALTURAS. Desaparecen de la Presidencia del Gobierno 67 millones de pesetas”… y acompañando a la información dos fotografías de los firmantes de la cuenta.

Aquello provocó de inmediato un terremoto político, ya que la Oposición aprovechó para atacar a Suárez, que ya no vivía sus mejores horas. La reacción de Suárez no se hizo esperar e inundó los medios periodísticos de “desmentidos” furibundos y poniéndome a mí a los pies de los caballos y anunciando querellas a “gó-gó”.

En esa situación un día, extrañamente, un alto cargo de RTVE me invitó a comer en Prado del Rey y yo acepté creyendo que íbamos a hablar de la crítica feroz que le estábamos haciendo a la programación partidista de TVE. Pero, cuál no sería mi sorpresa cuando nada más sentarnos a la mesa me planteo frontalmente el tema de la cuenta secreta del Banco y el ruego de poner fin de inmediato a la campaña (según él Adolfo estaba que se subía por las paredes porque las elecciones estaban ya a la vista y eso le podía costar caro en las urnas). Yo me limité a ofrecerle las páginas del periódico para que dieran su versión de los hechos. Sin embargo, su reacción fue muy distinta, en un momento dado se levantó, se acercó a un sillón que había en el comedor, cogió un maletín verde, se acerco a donde yo estaba y sin más lo abrió y dijo: “Merino, déjate de ostias, aquí hay 30 millones de pesetas, cógelos y corta tu campaña hoy mismo. Quien tú sabes te lo agradecerá”.

¡Dios, y ya estábamos en democracia!