Agustín de Foxá denominó a Rumania como país de frontera y punta de Europa y de ahí vinieron en 1937 Ionel Mota y Vasile Marin  según sus propias declaraciones “porque en España se ametrallaba la faz de Cristo y se bamboleaba el fundamento cristiano del mundo. ¿Podíamos permanecer impasibles? ¿No es un gran triunfo espiritual para la vida futura haber caído en defensa de Cristo? Así he comprendido el deber de mi vida ¡He amado a Cristo y he marchado feliz a la muerte por él!”

Mota y Marín no vinieron a España y murieron en el frente para sumarse a una guerra civil, a la que eran ajenos, porque no eran españoles; vinieron como defensores de la Cruz, porque eran cristianos, porque querían una Europa de fe y de cultura cristianas, fiel a sus raíces.

Así, se incorporaron a la 21 compañía de la VI Bandera de la Legion para dar señales de vida y de muerte. Necesitaban el martirio para que la Cruz continuase erguida y su estirpe dacioromana no sucumbiera a la barbarie.

“Yo juro delante de Dios, delante de vuestro sacrificio por Cristo y la Legión, alejar de mí todos los placeres del mundo y por la resurrección de nuestro pueblo estar siempre dispuesto a morir. Lo juro.” Estas son palabras que Mota dejó escritas en su testamento.

Hoy una Cruz en Majadahonda aviva nuestra memoria y nos hace reflexionar sobre la necesidad de perseverar en la defensa de de Dios y de la Patria, de mantenerse en la idea sublime del sacrificio por ideales superiores hoy en crisis en una Europa donde impera el relativismo moral que hace estragos en nuestra sociedad.

Por ello hoy un grupo de personas venidas desde Rumanía acompañadas de un reducido grupo de españoles se les recordará en una sencilla ceremonia religiosa , rito ortodoxo, para recordar a los valientes rumanos.

¿Es esto un acto fascista?, eso dicen los de Público y los de Podemos en Majadahonda. No, no lo es, es un acto de recuerdo, homenaje y respeto; pero si así lo declaran, evidentemente yo me declaro fascista.

¡Por Cristo Rey!

¡Viva Rumanía!

¡Arriba España!