Un examen de los diversos significados de estos términos hace ver, pronto y a primera vista un tal caos que, según muchos observadores, aquellos vocablos han perdido cualquier valor como etiquetas calificativas de actitudes ideológicas, culturales o morales.

      A pesar del talento, de la cultura y de la proyección publicitaria de muchos de los que desde hace tiempo así piensan, “derecha” e “izquierda” continúan entre tantas palabras de uso corriente y, se diría, indispensable para quienes procedan habitualmente a análisis ideológicos.

       Este hecho parece demostrar que, en el centro de ellas, hay algo sustancioso y auténticamente expresivo. Hasta de insubstituible, al menos mientras el uso común no consagre otros vocablos que los sustituyan.

       Tengo el propósito de analizar aquí ese “algo de sustancioso”, para ver con los lectores si mi modo de sentirlo corresponde al de ellos y al del público en general. Lo haré muy brevemente, dadas las limitaciones naturales de este trabajo.

       En política, la izquierda es el sector del espectro político que defiende la igualdad social y el igualitarismo, frecuentemente en contraposición a las jerarquías entre individuos. En el centro del pensamiento izquierdista está una preocupación por aquellos miembros de la sociedad que se consideran desafortunados o en desventaja respecto a otros, y la idea de que existen jerarquías injustas que deben ser abolidas.

       El término “izquierda” se utilizó por primera vez para referirse al republicanismo, el renacimiento de la democracia durante la Revolución francesa y el liberalismo clásico. Después comenzó a aplicarse al socialismo, el comunismo, la socialdemocracia y varias formas de anarquismo. También se asocia a los movimientos por los derechos civiles, el movimiento contra la guerra y al ecologismo.

       El término izquierda política, como el de derecha política, tiene su origen histórico en la votación que tuvo lugar el 28 de agosto de 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución francesa en la que se discutía la propuesta de un artículo de la nueva Constitución en la que se establecía el veto absoluto del rey a las leyes aprobadas por la futura Asamblea Legislativa. Los diputados que estaban a favor de la propuesta, que suponía el mantenimiento de hecho del poder absoluto del monarca, estaban situados a la derecha del presidente de la Asamblea. Los que estaban en contra, y defendían que el rey solo tuviera derecho a un veto suspensivo y limitado en el tiempo poniendo por tanto la soberanía nacional por encima de la autoridad real, situados a la izquierda del presidente.

       Esta manera de sentarse se trasladó a la Asamblea Legislativa, que se reunió por primera vez el 1 de octubre de 1791. Los diputados sentados a la derecha pertenecían a los portavoces republicanos de la gran burguesía. En el centro figuraban diputados independientes, carentes de programa político definido. A la izquierda diputados que representaban a la pequeña burguesía y al pueblo llano.

       Así, el término “izquierda” quedó asociado a las opciones políticas que propugnaban el cambio político y social, mientras que el término “derecha” quedó asociado a las que se oponían a dichos cambios.

      Analizaremos ahora las transformaciones sociales que se vivieron durante finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX que facilitaron el nacimiento de la izquierda. Entre las que destacan las promovidas de la Revolución Francesa y la Independencia de los Estados Unidos, que hicieron a ciertos valores como la igualdad, la libertad y la fraternidad (¿a que suena y huele?) dejaran de ser solamente conceptos teóricos o filosóficos para convertirse en la base sobre la que se redactaron las leyes de las nuevas constituciones para una sociedad más igualitaria.

       Otra trasformación fue la sustitución de la aristocracia por la burguesía como clase dominante, contribuyendo al declive de las monarquías absolutas y remplazadas por la instauración del capitalismo.

       Por último, la revolución industrial supuso una evolución en la sociedad imparable, ya que se empleaban a hombres, mujeres o niños, sin importar su edad o sus aptitudes, en jornadas laborales excesivas y con sueldos muy bajos. A esto hubo que añadir que la emigración masiva procedente del campo llevó a la saturación de las ciudades, provocando que muchos trabajadores vivieran en malas condiciones por causa de la falta de espacio. Situación que provocó que los trabajadores comenzaran a reivindicar la mejora de sus condiciones laborales, estructurándose organizaciones predecesoras de los sindicatos que promovían medidas de protesta como huelgas o colectas de firmas.

       Estos hechos marcaron el nacimiento del movimiento obrero, que se fue expandiendo por Europa hasta la creación en 1864 de la Asociación Internacional de los Trabajadores (Primera Internacional), la cual agrupaba los crecientes movimientos obreros de todos los países.

       En este contexto, durante la primera mitad del siglo XIX aparecieron diversos autores, que propusieron una serie de reformas para paliar las desigualdades sociales, entre las que destacaba la organización del trabajo por medio de cooperativas o la obtención de derechos colectivos tales como seguros sociales o educación pública. No se oponían a la propiedad privada ni a la industrialización, y alegaban que la riqueza de cada persona debería ser fruto de su trabajo y no derivada de privilegios. Eran críticos con instituciones herméticas y dominantes en la época como las religiones o el patriarcado, de las que afirmaban que restaban libertad al ser humano, y también comenzaron a plantear la emancipación de la mujer. Estos pensadores fueron encuadrados posteriormente en el seno del Socialismo utópico.

       En este ambiente, Marx y Engels, recogieron algunas de esas ideas, para plantear el denominado Socialismo científico, rechazando la reconciliación de clases que propugnaban los utópicos y promoviendo la lucha de clases como medio para instaurar un nuevo sistema político en el que el proletariado conquistara el poder. Las bases de su pensamiento las expusieron en El Manifiesto Comunista en 1848 y las ampliaron notablemente en El Capital, publicado en 1867.

       Así nació la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1864, con las distintas interpretaciones sobre la conquista de la igualdad social, que pronto dieron lugar grandes tendencias de la izquierda y que surgieron en la época, cuya evolución fue notablemente diferente entre sí, siendo en multitud de aspectos antagónica.  

       De ellos destaca el Anarquismo, nombre dado a cualquier filosofía política o social que llame a la oposición y la abolición del Estado, entendido como monopolio de la fuerza, y por extensión también al rechazo del gobierno político o de la autoridad social impuesta por la fuerza sobre el individuo, por considerarlos innecesarios o nocivos.

       También el Socialismo o sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes. El socialismo implica, por tanto, una planificación y una organización colectiva consciente de la vida social y económica. No obstante, hay muchos tipos de socialismo y no existe una definición única que las englobe a todas, siendo la propiedad social el elemento común compartido por sus diversas formas cuyo objetivo es sortear las ineficiencias y crisis tradicionalmente asociadas con la acumulación de capital y el sistema de ganancias en el capitalismo.

       Es destacable el Comunismo, como sistema político y modo de organización socioeconómica, caracterizado por la propiedad en común de los medios de producción, así como por la inexistencia de clases sociales y de un Estado.

       Otra versión socialista peculiar de países altamente desarrollados, de carácter europeísta, es la Socialdemocracia, que nació en rechazo al modelo bolchevique de Lenin y su negación de los valores de la democracia liberal. Es una ideología política, social y económica, que busca apoyar las intervenciones económicas y sociales para promover la justicia social en el marco de una economía capitalista, así como un régimen de política que implica un compromiso con la democracia representativa, medidas para la redistribución del ingreso y regulación de la economía en las disposiciones de interés general y estado de bienestar. La socialdemocracia tiene como objetivo crear las condiciones para que el capitalismo conduzca a mayores resultados democráticos, igualitarios y solidarios.

       Por último, hablaremos del Populismo izquierdoso o ideología política que combina política de izquierda con elementos y retórica propios de quienes pretenden atraerse a las clases populares. Es, pues, una ideología política que divide a la sociedad en dos entes homogéneos y antagonistas: el pueblo y las élites, argumentando que la política debe ser la expresión de la voluntad general del primero. La retórica de populismo de izquierda a menudo consta de sentimientos antielitistas, oposición al sistema y hablar para la “gente”.

       Todas estas tendencias tienen como base filosófica del marxismo una acérrima oposición a todas las religiones, algo que se puede resumir con su famosa frase “la religión es el opio del pueblo”, lo que causo que muchos lo ligaran al agnosticismo y al ateísmo. 

       En cuanto al término “derechas” es el segmento del espectro político que cree que determinados órdenes sociales y jerarquías son inevitables, naturales o deseables, apoyándose por lo general sobre la naturaleza humana, el derecho natural, la economía o la tradición. Estas jerarquías son vistas por la derecha como producto natural de la competencia en las economías de mercado o simplemente como una consecuencia inevitable de las diferencias en la personalidad de los individuos.

       No existe una definición unívoca de derecha aunque dadas un conjunto de dicotomías como el individualismo frente a colectivismo, confesionalidad frente a laicismo, propiedad privada frente a propiedad pública de ciertas actividades económicas, igualdad de oportunidades frente a igualdad de resultados, tradicionalismo frente a reformismo social, conservadurismo frente a progresismo, la derecha se decanta estadísticamente por las primeras componentes de cada una de ellas en mayor proporción que la izquierda.          

       Actualmente, el discurso político de la mayor parte de fuerzas de derecha habla favorablemente de la riqueza a través de la libre competencia.

       El término derecha política tiene muchas connotaciones e ideas conflictivas en la actualidad. ​ Engloba por tanto a corrientes ideológicas muy diversas, cuya separación puede ser tajante, aunque también pueden ser compatibles, que ante todo busquen el mantenimiento del orden social establecido.

       El término “derecha” político, como hemos dicho anteriormente tiene su origen formal en la votación que tuvo lugar el 11 de septiembre de 1789 en la Asamblea surgida de la Revolución Francesa.

       El significado de la derecha varía según las sociedades, las épocas históricas y los sistemas e ideologías políticas. En las democracias liberales, la derecha política se opone al socialismo y la socialdemocracia. Los partidos de derecha incluyen conservadores, demócratas cristianos, liberales clásicos y nacionalistas. Normalmente suele dividirse la derecha en estos cinco tipos: moderada, reaccionaria, extrema, nacional y nueva.

       En política, se denomina conservadurismo al conjunto de doctrinas, corrientes, opiniones y posiciones, generalmente de centroderecha y derecha, que favorecen las tradiciones​ y que son adversas a los cambios políticos, sociales o económicos radicales, oponiéndose al progresismo. En lo social, los conservadores defienden valores familiares y religiosos. En la actualidad en el conservadurismo político coexisten diversas posturas sobre lo económico. A la fusión con un cierto liberalismo se la denomina comúnmente como liberalismo conservador.

      Inversamente, se ha alegado que el conservadurismo moderno a menudo se disuelve en una forma de liberalismo, encarando la paradoja de que, lo que es llamado conservadurismo, en un sentido importante, no es conservadurismo. En su compromiso con el progreso, la derecha persigue prosperidad económica y poder nacional a desmedro de las preocupaciones tradicionales por la autoridad y la comunidad, perdiendo de vista algunos puntos centrales de la visión conservadora: autoridad, deber y sentido de lugar, lo que lleva a pensar que estos son tiempos para ser conservador.

       Otra aceptación de derechas es el liberalismo económico o pensamiento económico del liberalismo, que promueve la libertad económica y está en contra de la intervención del Estado en la Economía, surgió en Europa y fue desarrollada durante la Ilustración desde finales del siglo XVIII como una reacción a la intervención de los estados en materias económicas. Este pensamiento fue llamado librecambismo y fue de gran importancia para el pensamiento económico moderno, pues planteaba que era necesario reducir las barreras a la producción y el comercio. Teoría que está en las antípodas del socialismo.

       Existen las “derechas” anticomunistas, que son la corriente ideológica históricamente opuesta de manera activa al comunismo. Después de la Segunda Guerra Mundial, el comunismo se convirtió en un fenómeno global y el anticomunismo se convirtió en una parte integral de las políticas internas y externas de los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. El conservadurismo en la era de la posguerra abandonó sus raíces monárquicas y aristocráticas, centrándose en cambio en el patriotismo, los valores religiosos y el nacionalismo.

       Otro término empleado parta denominar las “derechas” es el de nacionalismo o ideología y movimiento sociopolítico que ha surgido junto con el concepto moderno de nación por el sentimiento nacionalista, y es un principio político que sostiene que debe haber congruencia entre la unidad nacional y la política, o dicho con otras palabras el nacionalismo es una teoría de legitimidad política que prescribe los límites étnicos no deben contraponerse a los políticos. Existiendo dos grandes corrientes: una que define la nación como una comunidad humana que detenta la soberanía sobre un determinado territorio buscando siempre la autodeterminación nacional, y otra que define la nación sin tener en cuenta la cuestión de la soberanía buscando impulsar la supremacía sobre otras.

       También existe una nueva derecha enmarcada en un “populismo”, con una ideología política que combina la derecha política con retórica y temas populistas. Esta nueva derecha es una ideología política que al igual que el populismo de izquierdas divide a la sociedad en dos entes homogéneos y antagonistas. La retórica a menudo consiste en sentimientos antielitistas, oposición al establishment y hablar acerca de las masas.

       En Europa el populismo de derecha es una expresión que se usa para describir a grupos, políticos y partidos políticos generalmente conocidos por su oposición a la inmigración, principalmente del mundo islámico y en la mayoría de los casos tiene una postura euroescéptica. ​ El populismo de derecha en el mundo occidental está generalmente, aunque no exclusivamente, asociado con ideologías como el neonacionalismo, la antiglobalización, el nativismo, ​ el proteccionismo y la oposición a la inmigración.

      Actualmente también tenemos a la democracia cistina que busca aplicar los principios del cristianismo a las políticas públicas. Prácticamente es considerada de derechas en asuntos morales, económicos y culturales y de izquierda en temas laborales.

       La derecha es muy extensa, con gran cantidad de ideologías políticas variadas y diferentes, que no permiten un tratamiento homogéneo, ya que abarcan un espectro muy amplio, tanto en lo social como en lo político, con gran cantidad de ideologías políticas: desde posturas liberales y laicas a actitudes religiosas integristas, desde el apoyo firme a Israel a la crítica de raíz antisemita, desde posturas nacionalistas a otras globalizadoras. La derecha moderada es conocida por coincidir en su crítica al multiculturalismo y al relativismo moral, su defensa de la democracia liberal y de la civilización occidental. En los países de tradición judeocristiana, la derecha moderada también se caracteriza por su defensa de los preceptos judíos o cristianos, si bien suelen asumir con naturalidad la separación entre Iglesia y Estado.

     Por mi parte quiero dejar claro con firmeza mi postura esencial, afirmando que no me considero hombre de derechas ni de izquierdas, sino que me proclamo español y católico, sí, en ese orden, porque primero nací en España y después fui bautizado. Consiguientemente, como católico creo que el poder viene de Dios y no del pueblo soberano que ejerciendo su derecho y votando por mayoría elige y controla a sus gobernantes. Eso es una patraña y, como dice Gil de Pisa, fruto de la democracia o doctrina del Diablo, o ¿es que, porque una mayoría vote que Dios no existe, Éste deja de existir?

    Seamos sensatos y consecuentes, como españoles debemos querer lo mejor para España. Si a los regímenes políticos se les ha de juzgar por sus frutos, con la vivencia que nos dan los 40 años transcurridos desde la implantación de los partidos políticos y la democracia en España, hagamos balance, no ya de lo alcanzado: la malversación, la estafa, el robo, el cohecho, la defraudación, el desfalco, el soborno…, paro, crisis económica, social y moral, enfrenamientos ideológicos, educación manipulada,  juventud sin horizonte ni futuro, descalabro político, reducción de la clase media y de la natalidad, asfixia por impuestos, imposición de leyes inicuas y contra natura, descomposición de las familias…, sino de lo que, bajo el signo de la democracia liberal, ha perdido la Patria: su soberanía, su idiosincrasia, su ser, sus valores y tradiciones, su catolicidad y su hispanidad…, y si no ponemos remedio inmediato, perderá su unidad territorial. Podemos llegar a la conclusión que no podría concebirse un sistema más dañino para los intereses de España y para el bienestar y el progreso de los españoles.

   Acordémonos del consejo de Franco en el mensaje de fin de año, 1959: “Si fueron tantos los sacrificios que nuestra Nación necesitó para que la Patria se salvase, no podía abandonársela de nuevo a aquellos viejos sistemas que la venían aniquilando. Y ningún camino más fácil ni más recto, para este primero y básico objetivo, que la desaparición del anárquico sistema liberal, cuya consecuencia insoslayable e inevitable es la atomización del cuerpo social y su sustitución por un sistema de organización político-social basado y estructurado sobre las unidades o entidades naturales de convivencia.”