En las últimas horas parece que el llamado Miguel Azpeitia, indigno cura del pueblo vizcaíno que siempre se ha llamado Lemona, (que no Lemoa, basta ya de absurdos nombres inventados hace 4 días por los nacionalistas), parece que rectifica y ahora pide perdón a las víctimas del terrorismo, después de que el obispo de Bilbao, Mario Iceta, le haya suspendido de sus funciones.

Este sacerdote había hecho unas declaraciones en un documental, justificando abiertamente la violencia terrorista etarra, que según él, era una guerra entre dos naciones, una de las cuales, la española, quería conquistar a la vasca, y ésta sólo se defendía de la represión.

Cuando le recordaron el atentado del 14 de mayo de 1981, en Lemona, en el que murieron los agentes de la Guardia Civil, Juan José Olalla de la Flor y Manuel Sánchez Borallo, llegó a decir que se llevaron su merecido los guardias, aunque sea una pena que haya muertes.

Este hombre es una más de las tristes evidencias de lo bajo que ha caído la Iglesia en España y concretamente en Vascongadas, antaño tierra tan entrañablemente española, católica y carlista. Hoy poco queda allí de ese pasado entrañable, y en lugar de ello, Vascongadas es un desierto moral y un vacío espiritual, como lo es Cataluña. Y eso que nos dicen desde el inicuo poder que ETA "fue derrotada". Pues si llega a ganar....

Más le vale a este sacerdote arrepentirse y hacer penitencia de verdad, ya que está escrito que el pecado contra el Espíritu Santo, nunca se perdonará. O sea, decir públicamente que lo que está bien está mal y viceversa. Nosotros, las personas de bien, recordaremos siempre a los agentes Olalla y Sánchez, muertos al hacer explosión una bomba, al paso de su vehículo, cerca de Lemona, ese fatídico 14 de mayo. A ellos y a todas las víctimas del terrorismo .

Ojalá la Iglesia en Vascongadas y Cataluña, arrasada por el nacionalismo, vuelva a ser lo que fue. Y lo mismo la Iglesia de toda España, hoy arrodillada ante el gobierno del PSOE y esperando el nuevo cierre total de las iglesias, que todo indica que volverán a obedecer perrunamente. Reaccionen antes de que sea tarde, señores obispos.