A mediados del me de diciembre de 195, el Acorzado Alfonso XIII regresaba a su base de El Ferrol, tras navegar por la ría de Vigo. Una vez en tierra, el contador del buque, Felipe Franco,  al estar cercano el sorteo extraordinario de Navidad a celebrar en Madrid el día 22, acudió, en compañía del Teniente de Navío Rafael de las Heras, a una administración de lotería, en el centro de la ciudad, con intención de adquirir varios décimos de dicho sorteo,  a fin de que la dotación del buque pudiese participar en él.

Tras visualizar varios números, que el lotero le mostró, se decidió por comprar, animado por el teniente de navío De las Heras, cuarenta décimos de los números 48.685 y 20.712, que una vez llegado al acorazado convertiría  en participaciones que oscilaron entre las cincuenta pesetas y los cincuenta céntimos de peseta, que repartiría entre jefes, oficiales, suboficiales, cabos y marineros, distribuyendo también varias de las participaciones entre jefes, oficiales, y suboficiales de otros buques y dependencias de la Armada y en el Cuartel de Infantería de Marina, y con algunos vecinos de El Ferrol, que guardaban relación con el buque y  la propia Armada.

Los décimos, si salían premiados,  supondrían un premio de seis millones de pesetas. Por ello se guardaron en  la caja fuerte del Alfonso XIII. Es curioso como la diosa fortuna estaba aliada desde principio con la tripulación del Alfonso XIII. Los mandos del buque quisieron comprar los décimos en una administración de Vigo, algo que no pudieron hacer al no poder saltar a tierra.    

El Crucero Alfonso XIII era parte de un plan para la Armada Española, diseñado en  1907, coincidiendo con la llegada a la presidencia del Gobierno de Don Antonio Maura, junto a su ministro de Marina, el almirante, el sevillano José  Ferrándiz y Niño. Ante la postración de España, en materia naval, tras el desastre de 1898, en que las dos escuadras españolas fueron derrotadas y pulverizadas en Santiago de Cuba y Cavite. Con la pérdida de las últimas colonias, Cuba, Filipinas, Puerto Rico y la isla de Guam, la Armada y por ende la Nación se encontraban en un estado catatónico. De aquella potencia naval nada había quedado. Y a pesar de la buena voluntad del presidente del consejo de Ministros Francisco Silvela, que ya  en 1903 había intentado, tras ordenar números desguaces de unidades, preparar un proyecto de modernización y creación de nuevas unidades para nuestra Armada, todo cayó en saco roto. Y en el olvido.

Por ello Maura y Ferrándiz acometieron sin vacilaciones y con seriedad, un plan para la construcción de nuevas unidades, a fin de dotar a  la  Armada del material que precisaba y del que estaba huérfana. Ambos presentaron  ante la Cortes Españolas, el día uno de junio de ese año de 1907,  un ambicioso plan que se conocería como Plan Maura-Ferrándiz, de construcción de  3 acorazados tipo dreadnought, bautizados de esa forma por ser el HMS Dreadnought, un buque de la Real Armada Inglesa, el primero construido de aquellos modernos acorazados monocalibre; 4 cañoneros, 3 destructores, 24 torpederos, 10 guardacostas,  además de la modernización, habilitación y defensa de los arsenales y puertos de Ferrol, Cádiz, San Fernando y Cartagena, la construcción de un dique seco en Ferrol capaz de recibir acorazados de hasta 20.000 toneladas, y otras mejoras. Las Cortes darían su consentimiento  el 27 de noviembre de dicho año a la nueva ley, que sería  promulgada el 7 de enero de 1908.

  1. La infanta Isabel de Borbón preside la botadura del Acorzado Alfonso XIII.

 

Los tres acorazados, que llevarían los nombres de España, Alfonso XIII y Jaime I, serían construidos en El Ferrol y su coste se elevaría a unos 130 millones de pesetas.

La idea de construir aquellos tres acorzados se fraguó en una reunión celebrada a primeros de abril de 1907, en Cartagena, entre el Rey Alfonso XIII y su homónimo ingles Eduardo VII, que llegó al puerto español, a bordo del yate Real Victoria y Alberto, al que escoltaban seis acorazados, cinco cruceros, dos destructores y un aviso. Don Alfonso llego a Cartagena  a bordo del yate Giralda, acompañado por el acorazado Pelayo, la fragata Numancia, y los cruceros Extremadura, Lepanto y Princesa de Asturias.

En aquella reunión entre reyes, en la que también participarían el almirante Ferrándiz y Lord Fisher, el gran impulsor y valedor de la construcción de los acorazados clase Dreadnought  para al Royal Marine, España se decidió a firmar un convenio con Inglaterra de mutua colaboración para la modernización de la Armada con la construcción en España de tres acorazados de esa clase Dreadnought.

En abril de 1909 se publicarían las bases del concurso de construcción, que se iniciaría a partir del mes de agosto de ese mismo año.

Al concurso se presentaron cinco empresas. Una con sede en Bilbao, formada por conocidas empresas nacionales como Altos Hornos de Vizcaya, Duro-Felguera y  compañía Trasatlántica, apoyadas por bancos como el de Bilbao, Vizcaya, Español de Crédito. También participaban en aquella unión empresarial, las firmas británicas Vickers Amstrong, Parsons y Thornycroft. Estas empresas y entidades bancarias constituirían el día 18 de agosto la Sociedad Española de Construcción Naval (SECN) con un capital de 20 millones de pesetas, tres días antes abrirse la plicas de concurso para la construcción de los Acorazados.

Otra empresa licitante se formó a través de la unión de Astilleros del Nervión, la también bilbaína, fabricante de acero, San Francisco del Desierto, Fábrica de Mieres, Fábrica de Artillería de Trubia y compañía inglesa William Beardmore. Completaban los licitantes  para hacerse con la construcción, un grupo de origen francés, el  alemán Krupp y el astillero Italiano Ansaldo. Alemanes e italianos se retirarían, antes de darse  a conocer los resultados del concurso, que al final se lo llevaría la Sociedad Española de Construcción Naval, quien se encargaría   de la construcción, en los astilleros de El Ferrol, de los tres Acorazados, que serían los primeros y últimos acorazados monocalibre construidos en España.

El cinco de diciembre de 1909 se colocó la quilla del Acorazado Alfonso XIII, con su gemelo España, que daría nombre  a la serie,  ya en construcción.

Cuatro años después, a las dos y cuarenta y cinco de la tarde del día 7 de mayo de 1913, se verificó la botadura del nuevo acorazado Alfonso XIII en el Arsenal de El Ferrol. Momentos antes, el obispo de Sion bendijo el nuevo buque. El presidente de la. Sociedad Española de Construcción Naval, conde de Zubiría, entregó a la infanta Isabel una artística y valiosa hacha, obra del eminente escultor Mariano Benlliure, que llevaba en la base los nombres de Lepanto y Sorrento. En el mango las efigies de Juan de Austria y Roger de Lauria, completándose con un medallón de Rey Alfonso XIII y la figura de un joven guerrero sosteniendo con su brazo derecho el filo del acero. En la mano izquierda llevaba una corona y el codo  de ese brazo  era el pico del hacha.

Con ella cortó Su Alteza Real una cinta con los colores de la bandera española sujeta a  una mesa de caoba inmediata al acorazado y que simulaba sujetarlo en el momento en que iniciaba un movimiento hacia el mar. En ese instante la infanta estrelló contra la proa del barco una botella, la cual estaba sujeta al buque por una cinta adornada con flores. Fue un momento de intensa emoción, El Alfonso XII se deslizó majestuosamente sobre la grada y cayó en el agua de la ría ferrolana con maravillosa precisión. En la concurrencia se produjo un loco entusiasmo, con estruendosos vivas a España, al rey y a la infanta Isabel, mientras sonaban las sirenas de todos los barcos surtos en la bahía y la banda de música  de Infantería de Marina interpretaba el Himno Nacional.

Finalizada la botadura se sirvió un espléndido lunch para 600 invitados en la sala de gálibos del Arsenal, que se hallaba adornada espléndidamente. La Infanta Isabel fue obsequiada con un artístico búcaro, lleno de claveles, obra también de Benlliure, decorado con un grupo de niños que sostenían el escudo de España.

Durante el momento de la botadura del Alfonso XIII hizo un vuelo sobre la bahía el aviador francés Poumet, uno de aquellos pioneros de la aviación, siendo aplaudido por el público con mucho entusiasmo. Al querer aterrizar en un campo, chocó en unos alambres del telégrafo, quedando el aparato destrozado y sufriendo el aviador algunas lesiones en  las piernas. La gran jornada se cerró con un paseo por el Cantón, verbena musical y una gran sesión de fuegos de artificio. La noche anterior a la botadura del nuevo buque, en el teatro Jofre hubo una función de gala, presidida por la Infanta Isabel de Borbón y el ministro de Marina, Sr Jimeno y   donde participaron las bandas de música  de Infantería de Marina y del Regimiento de Infantería Zamora.

 

  1. El Acorazado Alfonso XIII se desliza hacia el mar el día de su botadura,

 

Los nuevos Acorazados españoles, diseñados por la firma Vickers Ltd, tenían una elegante y vistosa línea, Su cubierta era corrida, con el puente de mando situado en el primer tercio de la proa. En el centro del buque  una sola chimenea  vertical.  A popa llevaban un pequeño puente auxiliar, dos mástiles en trípode y un pequeño espolón con balconcillo.

 

Estas eran sus características: 139,9 m de eslora máxima, 24 m de manga, 12,74 m de puntal, 7,7 m de calado, 13.150 toneladas de desplazamiento en lastre, 15.700 toneladas de desplazamiento normal y 16.450 toneladas a plena carga.

 

Su armamento era en 8 cañones Vickers de 305 mm 50 calibres, montados en 4 torres dobles blindadas a nivel de cubierta, las más lejanas entre si colocadas sobre la línea de crujía, una a proa y otra a popa, y las otras dos desplazadas de crujía, la de proa hacia estribor y la de popa hacia babor. Funcionaban hidráulicamente, y cada una tenía una dotación de 34 hombres. Cada cañón podía disparar cinco clases de proyectiles: perforante, semiperforante, alto explosivo, granada de metralla, y de ejercicio, tenía un ritmo de fuego de un disparo por minuto, y su alcance máximo era de 21.500 metros.

 

Además llevaba 20 cañones Vickers de 101,6 mm 50 calibres, 10 por banda en casamatas bajo cubierta. Su alcance máximo era de 9.000 m y el ritmo de fuego podía llegar a los 12 disparos por minuto. También contaban con 2 montajes Skoda de 47 mm situados sobre las torres de proa y popa respectivamente; 2 de desembarco de 70 mm; y 2 ametralladoras Maxim. Los telémetros iban colocados en las cofas de cada uno de los mástiles protegidos por una coraza de 25 mm. 6 proyectores de 75 cm de diámetro, dos en cada puente, uno en cada palo debajo de la cofa.

 

Su propulsión la conformaban 12 calderas Yarrow de carbón dispuestas en 4 cámaras, 4 turbinas Parsons, 4 hélices, y una potencia de 15.500 C.V. a tiro normal y 26.000 C.V. a tiro forzado. La capacidad de combustible era de 1.985 toneladas de carbón. Su velocidad máxima era de 19,5 nudos.

 

El blindaje del Alfonso XIII era de 23 cm en el centro de la faja baja, 15 cm en la media y 7,5 cm en faja el alta, que disminuía hacia los extremos 10 cm en proa y 5 cm en popa. En las torres era de 25 cm, y en la artillería secundaria de 75 mm.  La cubierta de protección variaba de 25 a 50 mm.

 

El acorazado Alfonso XIII fue entregado a la Armada el 16 de agosto de 1915. Sus primeras misiones, fueron de vigilancia de las costas españolas durante la Primera Guerra Mundial.

 

La dotación estaba compuesta por 850 hombres. La Marinería se integraba en 10 brigadas, 8 de marineros y artilleros y dos de fogoneros.

 

Artillería del Acorazado Alfonso XIII.

 

Los Oficiales del Cuerpo General y Cuerpos Patentados eran: 1 Capitán de navío. 1 Capitán de fragata. 2 Capitanes de corbeta.10 Tenientes de navío. 9 Alféreces de navío.1 Médico de primera.1 Médico de segunda. 1 Contador de Navío.1 Primer Capellán.1 Oficial maquinista de primera. 2 oficiales maquinistas de segunda. Los Suboficiales y Maestres eran: 1 Primer Contramaestre. 5 contramaestres segundos. 4 maestres de marinería.1 primer condestable.10 condestables segundos. 8 maestres de artillería.1 maestre radiotelegrafista. 6 primeros maquinistas. 8 maquinistas segundos.10 maquinistas terceros.16 operarios mecánicos.1 primer practicante.1 practicante segundo. 2 maestros carpinteros. 2 maestros armeros. 1 maestro buzo. 1 maestro panadero. 4 ajustadores de artillería. 4 torpedistas electricistas. 2 escribientes. La Marinería y especialistas la conformaban: 24 cabos de Marinería. 32 marineros especialistas. 139 marineros de primera, 117 marineros de segunda. 64 cabos de artillería. 2 cabos telegrafistas. 2 marineros telegrafistas. 2 cabos electricistas. 14 marineros electricistas. 1 marinero calafate. 2 cabos armeros. 1 sastre. 1 zapatero. 2 barberos. 3 panaderos. 2 despenseros. 4 cornetas. 2 tambores. 1 cocinero. 21 cabos fogoneros. 45 fogoneros de primera y 74 fogoneros de segunda.

A las ocho y media del día 22 de diciembre se abrió el salón de actos de la Casa de la Moneda para dar comienzo al sorteo extraordinario de Navidad de aquel año de 1915.  Minutos después, todo el local se llenó de gente que quería presenciarlo en directo.

Alrededor de las diez de la mañana los niños de San Ildefonso, elegantemente ataviados con uniforme azul y botones dorados en la chaqueta,  cantaron un premio de 70.000 pesetas, que correspondió al 26.568. Y poco después uno de 90.000. A las once salió el tercer premio que correspondió al 5.704 y tocó íntegramente en Burgos. El segundo salió a la una y veinticinco de la tarde. Correspondió al 1.778, premiado con tres millones de pesetas, íntegramente jugado en Barcelona.

Pasaban unos minutos de las dos de la tarde cuando la pareja de niños del colegio de San Ildefonso cantaban el número 48685, que sería agraciado con el premio gordo del sorteo, de 6.000.000 millones de pesetas.

Dotación del Acorazado Alfonso XIII.

 

Tan pronto se conoció la noticia la alegría invadió las calles de la ciudad departamental. El Alfonso XIII recibió tan grata noticia, a través del Crucero Carlos V, quien la había recibido del Acorazado España, quien a su vez se la habían comunicado desde la estación radiotelegráfica de la Armada en Madrid.

El marinero centinela del portalón de entrada al barco, que se encontraba de guardia, al conocer la noticia, comenzó a dar saltos de alegría al no poder reprimir su emoción. Por el acorazado se fue extendiendo la alegría con efusivos abrazos entre todos sus componentes, que recibieron muchísimas  felicitaciones de numerosos compañeros de Armas de otros buques y del propio Arsenal Militar.  Ante tamaña alegría, varios 'marineros  pidieron permiso  a sus mandos para bajar a tierra; pero les  fue negado, por temor a excesos de  alegría y grandes borracheras.  Al día siguiente, a la hora del franco de paseo un marinero anduvo por las calles más céntricas de Ferrol con un cartel a la espalda que decía: “Valgo doce mil duros.”  

La participación individual entre los jefes y oficiales del Alfonso XIII varió entre cinco  y cincuenta pesetas. El premio fue de 6000 pesetas por cada peseta jugada.

Quien más jugó fue el cuarto comandante del buque, capitán de corbeta  Antonio Cal, que llevó 50 pesetas, correspondiéndola por consiguiente, trescientas mil pesetas. Al primer comandante, capitán de navío Juan Bautista Aznar, le tocaron setenta y cinco mil pesetas; al segundo comandante, capitán de Fragata  Santiago Menéndez, sesenta mil; al tercero, capitán de Corbeta Tomás Díaz Vázquez, 120 mil pesetas; al teniente de navío Femando Domínguez, quince mil pesetas.

Los demás afortunados eran los tenientes de navío  Hermenegildo Franco, con 45.000 mil pesetas; José Iglesias 75.000 pesetas; José Cantillo, 60.000 mil pesetas; Jesús Cornejo, 15.000 pesetas; Joaquín Freire,  30.000 mil pesetas; Ángel Suanzes, 30.000 mil pesetas; Rafael Heras, 30.000 mil pesetas; José María Aznar 30.000 pesetas, Los alféreces de navío  Julio Tajuelo con 75.000 pesetas; Manuel Nieto, 75.000 mil pesetas; Ángel Figueroa con 150.000 pesetas; Teodoro Leste, 60.000 pesetas; y Benigno González Aller, cuarenta y cinco mil pesetas. El médico Jesús Ibarri, 60.000 mil; el panadero Daniel Beltrán. 15.000 pesetas. Al contador del navío Felipe Franco, el que eligió el número agraciado, le correspondieron 75.000 pesetas-

Al  capellán  del buque, D. José Santiago, le  correspondieron 150.000 pesetas, aunque él solo jugaba dos pesetas, que fueron agraciadas con 12.000 pesetas. El resto lo repartió entre familiares y amigos de Orense; al comandante del España, capitán de navío Manuel Flórez, 45.000 pesetas; al comandante del Carlos V, capitán de navío Salvador Buhigas, 90.000 pesetas. También entre los premiados se hallaba el Gobernador militar de El Ferrol

Entre los suboficiales y maestres, quienes más se llevaron en el sorteo fueron el segundo condestable José Mellid con 60.000 pesetas. Los primeros maquinistas  Eduardo Pérez –a quien le tocaba el gordo por tercera vez en su vida- y Bernardo Pérez, ambos con 75.000 pesetas. German Araujo con 60.000 pesetas.  El tercer maquinista Enrique Coll con 75.000 pesetas. Hubo varios marineros que jugaron cinco pesetas cada uno, tocándoles, 30.000 pesetas. El cabo de mar Miguel  Ruíz jugó doce cincuenta pesetas, tocándole 75.000 pesetas. Varios marineros, un total de 325 y 121 fogoneros, jugaron tan solo 50 céntimos de participación, correspondiéndoles,  a cada uno, tres mil pesetas. Sólo dejaron de jugar, por no querer participar, el teniente de navío D. José Yusty, que curiosamente se hallaba de guardia el día del sorteo, el escribiente Eduardo Reguera y cuatro marineros. De  la tripulación del Alfonzo XIII formada por 725 hombres. 500 eran de origen gallego.

El sastre del buque, Constantino Sánchez, después de estar anotado  con una participación de  cinco pesetas, solicitó que le borrasen, pues no deseaba jugar. El contador del buque se negó a ello, por lo cual al sastre le tocaron “a la fuerza” 30.000 pesetas. Al conocer que la suerte había dado de lleno en el Alfonso XIII, llorando a lágrima viva,  se fue a abrazar al contador Felipe Franco, al que emocionado dio las más expresivas gracias. Algo similar le sucedió al marinero Eduardo López, que también quiso borrarse, a lo que se negó el contador. De esa forma Eduardo, que no quería jugar, se llevó 15.000 pesetas.

El alférez de navío D. Manuel Nieto fue al hotel Varela a buscar a sus primas, las señoritas Ofelia Nieto y Ángeles Otein, para visitar con ellas el Alfonso XIII; les regaló cincuenta céntimos de participación a cada una. Ambas señoritas, que con el tiempo se convertirían en unas conocidísimas y famosas sopranos, formaban parte de la compañía de zarzuela que actuaba en el teatro Jofre. Las hermanas Nieto, lograrían gracias a la galantería de su primo el marino tres mil pesetas cada una.

Debido aquel premio muchos de los miembros de la Dotación del Alfonso XIII  reenganchados, pedirían la separación del servicio.

El día anterior al sorteo, un marinero del buque entró  en  establecimiento de bebidas de El Ferrol, y viendo que no llevaba dinero encima, pago su consumición, una cerveza, con una participación de dos reales, tocándole al dueño tres mil pesetas. Nunca una cerveza costó tanto.

Entre los favorecidos con el premio mayor figuraban también  los marineros Enrique Samper, Francisco Alemany, Juan Amorós, Francisco Gil y José Gómez, todos originarios de Alicante, y Salvador García, dé Elche. En ese instante se hallaban en sus respectivas casas gozando de un permiso de Navidad. Todos jugaban una peseta, a excepción de Amorós que llevaba una participación de 1,50 pesetas.

Los oficiales del Acorazado Alfonso XIII De las Heras, Franco, que compraron los billetes de lotería, junto a su compañero Suanzes.

También le tocarían 45.000 pesetas al Jefe de Estado Mayor del Alfonso XIII. Jasé González Quintero, que se encontraba en San Fernando con permiso de Navidad. En Castellón, otro  marinero Fábregas Soria, con permiso navideño, se encontró con la felicidad pues jugaba dos pesetas, correspondiéndole  por tanto doce mil pesetas. La dotación repartió entre familiares y amigos el premio, que llegó a muchos lugares de España.

Al maestro de la Armada D. Cayetano Saellos le ofrecieron una participación de diez pesetas, que rechazó, pue le hacía falta el dinero para pagar una dentadura postiza. Con tan mala fortuna que saliendo del dentista se le cayó rompiéndose. Aquellos dientes le costaron la friolera de 60.000 mil pesetas.

 

La  administración ferrolana vendedora de los billetes agraciados con el primer premio, expendió también billetes de otro premio, éste de 50.000 pesetas, que  correspondió al 18.148, así como la aproximación del primer premio en el núm. 48.686, que fue vendido por la referida administración a varios altos empleados de la Sociedad Española de Construcción Naval.

Con tan agradable motivo la dotación del buque organizo una gran fiesta a  bordo del Acorazado, a la que fueron invitados numerosos compañeros de otros navíos, así como varios vecinos, entre los que abundaban guapas jóvenes ferrolanas.

Aquel primer premio dejaría también algo de fortuna en La Coruña. Además de tocarle al primer y segundo comandantes del Alfonso XIII, señores Aznar y  Menéndez, que  eran coruñeses de nacimiento, cinco décimos del 48.684 fueron vendidos en una administración coruñesa y enviados a Cuba. Otro cincos décimos, se repartieron en pequeñas participaciones por toda la ciudad.  El conocido comerciante Sixto Pedregal resultaría agraciado con 5000 pesetas del segundo premio el 1778. Por su parte el respetado abogado y político Maximiliano  Linares Rivas, se llevaría 2.500 pesetas del número 27.165 premiado con 25.000 pesetas, al igual que numerosos vecinos coruñeses, que jugaban pequeñas participaciones como los clientes del café Delicias.

Su Majestad el Rey  Don Alfonso XIII felicitaría efusivamente al buque que llevaba su nombre. Ya en el verano de aquel año, en Santander el Rey se dirigió a la dotación del Alfonso XIII con estas palabras: “Mi mayor deseo es que el buque que lleva mi nombre tenga mucha suerte”. A fe que la tuvo.

Sin embargo aquellos tres Acorazados tuvieron un infausto  y triste final. El España, primero de la serie, embarrancó y se perdió frente al cabo de Tres Forcas el día 26 de agosto de 1923, durante la Guerra del Rif. El Alfonso XIII, que con la caída de la monarquía y el advenimiento de la II república pasaría a llamarse España, se hundía al tocar con  una mina, durante la guerra de liberación española  1936-39, mientras patrullaba con otras unidades de la Marina del  bando Nacional, frente  a las costas de Santander,  el día 30 de abril de 1937. El Jaime I, que formaría parte de la flota Roja en la guerra de liberación española de 1936-39, se hundiría  por una explosión interna, que causaría alrededor de 300 muertos, en el puerto de Cartagena,  el 17 de junio de 1937.