Bajo el imperio de la Gestapo. Así tituló el periodista de La Rioja, Marcelino Izquierdo Vozmediano, una enjundiosa investigación, bien ilustrada en un libro, sobre la presencia de una antena de la Gestapo en la, entonces, provincia de Logroño. El autor califica este hecho como “la crónica de un episodio acontecido en un lugar donde nunca pasaba nada”.

Junto al Muro del Carmen logroñés, en pleno Espolón, estuvo la oficina del Geheime Staatspolizei o policía secret del Tercer Reich, la temida Gestapo, durante la guerra civil española. Cuando volvamos a pasar por la localidad riojalteña de Cihuri, recordaremos que esta localidad pudo haber sido el refugio de Benito Mussolini, de haber aceptado éste huir de Italia, y que le había preparado la Gestapo. Y también, en Agoncillo-Recajo, que entonces era aeródromo militar, enviaron sus primeros aviones los italianos para ayudar a las tropas de Franco, antes de convertirse en una estratégica base aérea de bombarderos de la Luftwaffe, donde desarrollaron sus tácticas de guerra los Stukas, Heinkels-111 y los cazas Messersmitt M-109, testigos del enfrentamiento armado entre españoles.

La Legión Cóndor regresó a su país en 1939

En el mes de junio de 1939, al anunciar el fin de la guerra civil con el famoso parte de guerra: “Cautivo y desarmado…”; los miembros de la Legión Cóndor destacados en Agoncillo regresaron oficialmente a Alemania, después de haber jugado un papel decisivo junto a las tropas italianas del Duce en la confrontación entre españoles que, según los estrategas, constituyó un eficaz laboratorio de ensayos para poner en valor tácticas que desarrollarían durante la II Guerra Mundial.

La Legión Cóndor fue creada en el otoño de 1936. Los asesores de Hitler aprovecharon su presencia en nuestro país para poner en valor las tácticas militares que utilizarían después en el escenario bélico europeo, tras probar la eficacia de sus propias armas en nuestro territorio. Los componentes de la legión acomodada en el aeródromo de Agoncillo, pasaron desde entonces ya a depender exclusivamente del Estado Mayor alemán.

De 1939 a 1945, los espías nazis actuaron desde Logroño

Pero algunos de los efectivos civiles y militares alemanes no regresaron a su país y se quedaron en España, bien como agentes encubiertos de la Gestapo, de la Abwehr o del servicio de inteligencia del partido nazi. Estuvieron aquí casi tres años, los que duró la guerra civil, para consolidarse después en un nuevo espacio geopolítico mundial.

Logroño se convertiría así en una de las antenas esenciales de los nazis durante la guerra europea. Como es bien sabido, la Península Ibérica fue un auténtico nido de espías durante la II Guerra Mundial.

Italianos y alemanes dispusieron de varios aeródromos paralelos a lo largo de la cuenca del Ebro, entre ellos los de Agoncillo y Alfaro, dispuestos para contar con bases operativas, capaces de realizar misiones militares contra los franceses y, desde luego, para apoyar a las fuerzas militares del general Franco.

Desde la vieja piel de toro los miembros del Eje pudieron vigilar los movimientos militares aliados y controlar todo el sur de Europa y el norte de África.

El aeródromo de Agoncillo-Recajo, además de ser un centro de operaciones donde actuaba la Gestapo, sirvió como taller de emergencia de los aviones averiados del Eje y para descubrir los secretos de los aviones aliados que caían en territorio español.

Los archivos secretos británicos confirmaron al investigador riojano

Nuestro periodista riojano vería confirmadas sus investigaciones cuando se publicó “War Zone”, redactado por dos profesores universitarios españoles (Javier Rodríguez, de León, y Emilio Grandio, de Santiago de Compostela), trabajo que sería ratificado por documentos desclasificados del Archivo Nacional Británico de Londres, entre otros, que pusieron de manifiesto el entramado del espionaje alemán y británico durante la II Guerra Mundial.

Los servicios secretos británicos en los años 40’ resaltaron la presencia del jefe de la Gestapo con base en Logroño: un ingeniero aeronáutico militar llamado Franz Lübs, que también se movía por León, Burgos y Bilbao.

El autor de este trabajo pone de manifiesto en su libro su enorme capacidad para manejar datos no fáciles de obtener en su momento y en especial por sus dotes de anticipación a los hechos y, además, documentarlos, y vería confirmado lo publicado por todas las fuentes oficiales, nacionales e internacionales, a medida que desclasificaban  de los controles de seguridad aquella documentación guardada durante docenas de años.

Conclusión: Logroño, de 1939 a 1945, fue base de un entramado muy singular del espionaje de la Gestapo. Y su agente principal, Franz Lübs, se casó con una española y dejó en nuestro país su descendencia: hijos y nietos.

Seguimos consultando el trabajo de Marcelino Izquierdo Vozmediano y, si el tiempo lo permite, volveremos con nuevos detalles de esta apasionante historia, sobre un lugar donde nunca pasaba nada, al decir de su autor.