Carmen Arteaga Casado. Mujer de 92 años fue trabajadora en un juzgado, ama de casa con cinco hijos y también compañera y gran ayuda de su marido Marcelino. Ellos dos y sus cinco hijos, a medida que iban creciendo, trabajaban, estudiaban y aportaban a la economía doméstica para año a año mejorar su nivel de vida y acabar comprando la casa en la que vivían y el negocio familiar y pagando los estudios de todos. En fin una historia, no política, muy común de la España de Franco. Así se fortaleció y aumentó la clase media que hizo posible la transición, no tengo duda. A sus 92 años conserva su lucidez y comparte para ECDE sus vivencias y reflexiona sobre ellas.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia antes de la guerra?

Aunque era muy pequeña, yo nací en 1928, recuerdo bien mi casa, los juegos de la niñez y mis excursiones con amigos. Vivíamos en Bravo Murillo y el vecindario era gente humilde. Mi padre hacia pequeñas reformas, mi madre Tomasa y él estaban muy enamorados. Me dejaron en casa de unos tíos porque fueron a París a ver a un primo que se había marchado para no ir a la guerra de Marruecos. Recuerdo bien que cuando volvieron venían con sombreros, me dijeron que allí todos les miraban por no llevarlos y por eso se los compraron, me acuerdo bien de eso.

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Debió ser muy duro para una niña vivir la guerra.

Muy triste todo, pasábamos mucha hambre y como mi padre estaba preso la gente tenía miedo de hablar con nosotros, decían que les comprometía. Recuerdo una vez que mi madre me mandó a por pan, me puse en la cola pero cuando me iba a llegar el turno me dijeron que era la hija del fascista y me echaron, volví a casa sin pan y mi madre se enfadó mucho.

¿Qué recuerdos tiene de la contienda?

Mis recuerdos son en Madrid que era zona republicana, a mi padre vinieron a buscarle varias veces, uno que se llamaba Eloy, que era anarquista, le dijo que se escondiera, pero mi padre decía que no había hecho nada. Dijeron que se lo llevaron una mañana a la comisaría, pero no era verdad, porque un vecino que les acompañó que llamaban el Jaro nos dijo que le habían llevado a la checa de Hortaleza. De allí se lo llevaron a Murcia pero nosotras no lo sabíamos. Cuando lo de Paracuellos nos asustamos mucho porque de esa checa se llevaron a muchos a fusilar allí, recuerdo ir con mi madre por donde el Bernabéu, había muchos huertos y allí los dejaban. Una vez mi madre se puso a llorar al lado de uno de los muertos, un señor la preguntó que si le conocía, dijo que no, pero yo creo que quizás sí.

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¿Recuerda el final de la guerra y la alegría por la paz?

Lo recuerdo muy bien porque tenia puesta la radio y empezó a sonar el Cara el Sol y mi madre se enfado mucho conmigo, creía que había sintonizado la radio de los nacionales pero enseguida se entero por una vecina que lo que pasaba es que habían entrado en Madrid. La recuerdo bien contenta, estaba convencida que había sido por haber bajado dos días antes una Virgen del Carmen que tenía en la buhardilla.

¿A usted le tocó vivir una dura posguerra?

A mí y a todos, a los de un lado y a los del otro, a los que se quedaron en España y a los que se fueron al extranjero. Todos nos pusimos a trabajar y nos olvidamos de la política, se lo digo yo, fuera por lo que fuera la prioridad era salir de la miseria, trabajar y prosperar.

Tuvo que ser impactante ver el nacimiento de la televisión.

Compramos la tele en 1968 o así, cuando tuvimos el dinero ahorrado, igual que la nevera o la lavadora. Como trabajábamos en nuestro restaurante, El Ingenio de Cervantes, mi marido y yo, la cerrábamos en un armario con candado para que los niños no dejaran de estudiar.

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¿Como recuerda esa recuperación económica?

Todo fue poco a poco al principio, cuando tuve a mi 5⁰ hijo en 1961 ya se avanzaba más rápido, empezaban a venir turistas, se prosperaba mas. En El Ingenio que ahora lo llevan mis hijos trabajábamos muy bien. En verano venían extranjeros y llenábamos dos veces, una con los forasteros y después con los de aquí. Despues ya por la Gran Vía y Leganitos solo hay turistas y ahora imagínese con todo esto casi todos los restaurantes están cerrados. El Ingenio no pero les está costando mucho esfuerzo salir adelante.

¿Con Franco se vivía mucho mejor que ahora?

La vida era dura, faltaban muchas cosas que ahora hay de sobra. La comida era muy cara y no se tiraba nada, en la guerra todos, republicanos o nacionales pasamos mucha hambre y se valoraba mucho todo. Pero había ilusión por el día que venía y le aseguro a usted que el día siguiente siempre era mejor que el anterior.

Usted pudo sacar a sus hijos adelante...

Mi marido era camarero y logro poner un negocio con un crédito del banco de Valladolid, yo le ayudé. Mis 5 hijos fueron a la universidad y ayudaban en el negocio familiar, yo creo que ahora todo resulta mucho más difícil para ellos, a pesar de que no creo que se puedan quejar.

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¿Como vivió la transición a la democracia?

Me pareció bien, mi padre, Víctor Arteaga, que había estado como ya dije preso en Valencia, lo había pasado mal pero no guardaba rencor. Cuando acabo la guerra mi madre le decía que porque no denunciaba a los que tanto mal les habían hecho, el siempre decía que no, que eso traería cosas peores. Por eso me pareció bien lo de la reconciliación y eso, era como pasar ya esa página del rencor definitivamente.

¿Qué balance hace de estos años de democracia?

Cosas buenas y malas y en un momento dado parece que la cosa se torció. Si el de arriba no da ejemplo del bueno, todos los que están a sus ordenes harán cosas mal o regular. Ahora estamos en un punto que no me gustan los que mandan, parecen poco aptos y poco preparados, pero las consecuencias de lo que hagan o dejen de hacer, a mis 92 años poco me va a afectar. Mis hijos y nietos serán los afectados, eso es lo único que me preocupa.