Lo venimos advirtiendo desde EL CORREO DE ESPAÑA y ya está sucediendo. El objetivo está claro: acabar con todo lo que no encaje en el pensamiento único del Nuevo Orden Mundial. Por ello van a por lo simbólico, lo histórico y cultural. Es una estrategia vieja y que sin duda ha dado resultado, machacando una y otra vez hasta normalizar lo anormal.

La batalla cultural entra en una nueva fase más agresiva y virulenta, en la que de momento vamos perdiendo. La furia iconoclasta desatada avanza ahora contra John Wayne, símbolo por excelencia de los mejores valores de los estadounidenses. Feo, fuerte y formal, católico, patriota y padre de familia, El Duque, no ha sido solo un gran actor sino todo un emblema, un símbolo de los valores tradicionales. Por ese motivo quieren quitar su estatua de bronce y cambiar el nombre al aeropuerto del condado de Orange en California, que desde 1979 lleva su nombre. Impulsado por los legisladores demócratas, aducen que The Duke encarna al supremacismo blanco, al racismo, bah… lo de siempre.

Lo mismo sucede simultáneamente con la bandera del Estado de Mississippi, que en el ángulo superior izquierdo lleva la bandera histórica confederada, la del bando perdedor de la Guerra de Secesión del siglo XIX. ¿Motivos? Los mismos: no encajan con los que impulsan la consolidación del nuevo mundo mononeuronal y uniformado.

Aquí en casa, vamos más o menos por el mismo camino y desde antes ¿O acaso qué es la Ley de Memoria Histórica y su inminente ampliación por parte del gobierno? ¿No es lo mismo? La cuestión no es si un hecho histórico o un personaje visto con la perspectiva de estos tiempos distópicos puedan ser reprobables, sino que el fin de esta revolución mundial es borrar el pasado que no les gusta a las elites de poder. En definitiva, es escribir un nuevo relato que encaje con sus principios ideológicos y someter el pensamiento crítico y disidente de los que se resisten a perder su identidad.

¿Lo conseguirán finalmente? No lo sabemos, pero sí que cuando el río suena…

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