Todavía hoy, en fechas concretas del año, paseando por las calles de nuestras ciudades, somos abordados por postulantes que, hucha en mano, reclaman nuestro óvolo para tal o cual causa benéfica. 

Así, llegado octubre, se celebra el tradicional Domingo mundial de la propagación de la Fe, conocido como el “Domund”; en primavera se realiza la cuestación de la Cruz Roja e incluso, en otro momento del año, la de la lucha contra el cáncer. 

Sin embargo, es posible que muchos desconozcan, que el origen de todas esas cuestaciones callejeras, hay que buscarlo en la denominada “Fiesta de la Flor”, cuyos inicios están muy vinculados a mi querida ciudad de La Coruña, hasta el punto de ser aquí donde nació esta iniciativa. 

Corría el domingo 11 de agosto de 1912. La Coruña, se encontraba sumergida en plenas fiestas agosteñas. Aquella mañana, setenta mujeres coruñesas tomaron pacíficamente las calles de la ciudad, provistas de unas canastillas llenas de flores de celuloide, con las que obsequiar a los viandantes a cambio de 10 cm. o la cantidad, superior a esa, que cada uno quisiese entregar. 

Esta iniciativa, con fines benéficos y solidarios, denominada por la prensa de la ciudad como “la Fiesta de la Flor de agosto”, se considera pionera en España, al ser La Coruña la primera que la puso en práctica. 

Toda la gestación del proyecto se debió a la iniciativa de María Barbeito, una coruñesa que ejercía de maestra en las Escuelas da Guarda, sitas en la plaza de Pontevedra, que fue quien auspició esta primera jornada de cuestación. 

Su idea, al parecer importada de otras latitudes donde ya se ponía en práctica, tenía como objetivo realizar una cuestación benéfica, contando para ello con el concurso de las damas y jóvenes pertenecientes a las clases más pudientes de la ciudad, con el fin de recaudar fondos para los más necesitados, especialmente para las Instituciones encargadas de la protección de los niños y las niñas, sumidos en la miseria y el desamparo. 

La recaudación, en aquella jornada, alcanzó la nada desdeñable cantidad de 7.300 pts., tras haber repartido más de 25.000 florecillas de celuloide. 

A partir del año siguiente, esta iniciativa coruñesa de la "Fiesta de Flor", comenzó a generalizarse en todas las ciudades de España, hasta el punto de que, dos años después, en 1914, una Orden gubernativa dispuso que todo lo recaudado con este motivo fuese destinado íntegramente a la lucha contra la tuberculosis, grave enfermedad que estaba causando estragos entre la población de la época, lo que dio pie a las sucesivas cuestaciones que, con este mismo fin, se celebraron en nuestra Patria, durante muchos años, hasta que la enfermedad fue derrotada. 

En Madrid, por ejemplo, la cuestación de 1914 se celebró el domingo 31 de mayo, saliendo a recorrer las calles de la Capital bellas señoritas, de todas las clases sociales, vestidas con mantones de manila y muchas de ellas tocadas con mantilla blanca, a las que se sumaron jóvenes estudiantes tocando el organillo por calles y plazas.

En aquella ocasión, se instalaron mesas petitorias en diferentes plazas y calles de Madrid, presididas por damas principales de la sociedad madrileña. El Rey D. Alfonso XIII y otros miembros de la Familia real acudieron a algunas de ellas a depositar su óvolo entre vivas y aclamaciones del pueblo.

Como curiosidad, señalar que una de las mesas se instaló en la puerta del Congreso de los Diputados y que las jóvenes que postulaban para ella solicitaron del Presidente de la Cámara la pertinente autorización para acceder al interior, en demanda de la aportación económica de sus señorías, permiso que les fue negado. A lo que se ve, ya por aquel entonces los políticos estaban en otra onda.

Como contrapunto, fueron muchos los pobres, incluso los mendigos que se acercaron a alguna de las mesas a depositar una o dos perrillas, en un gesto humanitario que los honra.

Según narra la prensa de la época, la solidaridad de los madrileños desbordó todas las previsiones de tal manera que, al principio de la tarde, a muchas de las postulantes se les habían terminado las florecillas rojas y gualda que entregaban a cambio del donativo. Sin embargo, aquella adversa circunstancia no arredró a aquellas jóvenes hasta el punto de que, algunas de ellas, ante la falta de flores, repartieron trozos de hojas de lechuga, pudiendo así incrementar la recaudación.

Fue una jornada de fiesta en la Capital de España, los tranvías se engalanaron y las Músicas de los diferentes Cuerpos de la Guarnición de Madrid salieron a la calle para despertar a los madrileños y animarlos, con sus alegres notas, a que se sumasen a participar en tan loable iniciativa.

Volviendo a La Coruña, ciudad española de donde surgió esta iniciativa, todavía, si rebuscamos en viejos álbumes fotográficos o archivos de prensa de aquellos años, podemos encontrar alguna fotografía de las distintas cuestaciones que se realizaron en la ciudad, con estos fines, a lo largo de los años.

La imagen que ilustra estos comentarios, esta sacada del Archivo Municipal de La Coruña y en ella se aprecia una mesa petitoria, probablemente de aquella primera cuestación. 

Desconocemos el lugar exacto de nuestra ciudad en la que fue tomada, si bien nos inclinamos a pensar que debió ser en los jardines de Méndez Núñez. En ella, junto a varias damas de la alta sociedad coruñesa y dos jóvenes pertenecientes al movimiento Scout, se observa a un Guardia del Cuerpo de Seguridad con el uniforme estival estrenado, precisamente, aquel verano.