El estado caótico de España en el primer semestre del año 1936, durante el cual, los robos, asesinatos, profanaciones, y toda clase de excesos, producidos, claramente predichos por el Laín español, conmovieron la masa honrada de la nación.

No faltaba más, que alguna persona de prestigio civil o militar, iniciara la protesta violenta para que, como un reguero de pólvora se corriera a toda España.

Prestigios los teníamos, el General Sanjurjo, el penado del Dueso, desterrado voluntario en Estoril; el gran hacendista y político insigne, Calvo Sotelo, el invicto General Franco. Estos tres nombre, sonaban en la boca de todos los patriotas ávidos de un cambio de régimen envilecido por tanto crimen.

En la madrugada del 14 de julio de 1936, se asesinó a Calvo Sotelo por orden de Casares Quiroga, entonces Ministro de la Gobernación del Gobierno Republicano, presidido por Azaña.

Esta fue la gota de agua que hizo rebosar la copa de la indignación española. Militares, falangistas, requetés, paisanos, todos a una, piden a Dios justicia y en los campos de Marruecos brota el primer chispazo el día 17 de julio. El 18, Queipo de Llano EN Sevilla, Goded en Barcelona y Saliquet en Valladolid, secundan el movimiento tan ansiado. El 19 el General Mola en Pamplona, a las cuatro de la tarde, pasaban revista a sus batallones de requetés.

Éxito completo el de Queipo, éxito completo el de Mola, lo mismo que el de Saliquet, que en el Alto del León, contienen la invasión de Castilla por las hordas comunistas salidas de Madrid, con los falangistas de Valladolid y su guarnición, a costa de ríos de sangre de los soldados de Ponte y Serrador. Fracaso el de Goded, fusilado en los fosos de Montjuich, a consecuencia de la defección de unos cuerpos compuestos de asesinos.

El levantamiento es unánime en toda España.

Sanjurjo intenta salir de Portugal en una avioneta facilitada por Ansaldo, y la avioneta saboteada por los sicarios de Galarza, se estrella, carbonizando al héroe del 10 de Agosto.

En medio de este duelo, la voz de España se alza potente y grita:

¡FRANCO, FRANCO, FRANCO!

Franco, con una brillantísima hoja de servicios, es el General más joven de Europa; hombre sin tacha, católico ferviente, militar aguerrido, que pasa por un Santón en Marruecos por ser invulnerable a las balas.

Está en todo cuanto ha ocurrido de grande en Marruecos; la toma de Xauen, la retirada de dicha ciudad en circunstancias trágicas, la sofocación del levantamiento de la zona de Melilla, el desembarco de Alhucemas; en todas partes a la cabeza de sus tropas, ya de Regulares, ya del Tercio y en todas partes vence, en todas partes domina con sus sabios consejos, hijos de su experiencia.

En la península, es el asesor de Hidalgo, Ministro de la Guerra; civil, con Gil Robles, Ministro de la Guerra también; es el Jefe del Estado Mayor Central y organiza la reorganización del Ejército, triturado por Azaña, y este le envía en compensación a las Islas Canarias oficialmente de General de aquellas Islas, pero en realidad desterrado.

Pero en el siglo de la radio y de los aeroplanos las Islas Canarias no son un destierro.

El día 18 de julio sale de Canarias, burlando la vigilancia del Gobierno en el avión O-H, rápido y aterriza en Tetuán el 19 a las ocho de la mañana.

Ya está entre sus entusiastas Legionarios y Regulares.

Organiza el maravilloso paso del Estrecho, y teniendo su Cuartel General en Sevilla y Cáceres, con la División del doble Laureado General Varela y con jefes tan prestigiosos como Yagüe, Castejón y otros, en sesenta días recorren sus fuerzas, Andalucía, Extremadura, y Toledo para dar el abrazo al Coronel Moscardó, librando el glorioso Alcázar del asedio que sufrió durante setenta días.

Esta maravillosa marcha, arrollando toda clase de obstáculos, coincide con el nombramiento el día 29 de Septiembre por el Gobierno Nacional, de Generalísimo de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire, a favor del Excelentísimo Señor General D. Francisco Franco Bahamonde, tan ansiado por toda España.

Este es nuestro Caudillo, el Salvador providencial de España.

 

Moscardó.

Los aforismos de la guerra han fallado en el Alcázar de Toledo, Plaza sitiada, plaza tomada.

Esto era antes, en los tiempos de Troya, de Jerusalén sitiada por Tito, dueño del mundo; de Sebastopol, por el imperio francés; de Paris por el imperio Alemán; de las heroicas Sagunto, Numancia, Zaragoza, Gerona.

Eso era antes; Moscardó ha hecho fallar ese axioma en Toledo como Aranda en Oviedo.

El nombre de Franco, es tan colosal que lo que él dirige, que cuando el alienta a los sitiados con mensajes como el recibido por Moscardó por avión el día 22 de Agosto, hasta echa por tierra las leyes de la Guerra y hace inyectar una dosis de heroísmo en sus adeptos, que las leyes de la naturaleza se vienen abajo.

Pero para esto, en Toledo esta Moscardó, al frente de unos cientos de héroes que declara el Estado de Guerra el día 21 de julio.

Sitiado voluntario en el Alcázar, tiene, que improvisar un Estado minúsculo en un Oasis Español en medio de un Sahara Comunista.

Con 1.000, defensores que se le agregan, cantidad despreciable contra 12.000, que le rodean con todos los elementos de un poderoso Estado, organiza los servicios de comunicaciones con dos aparatos de radio viejos a los que hace funcionar la corriente de las baterías de acumuladores de los automóviles.

Organiza y crea el servicio de abastos, sacrificando caballos y mulos de las cuadras de la Academia, y trigo encontrado a medio kilómetro de distancia, el que se muele con dos motocicletas movidas con la gasolina procedente de los autos que sirvieron para reconcentrar a la Guardia Civil.

Organiza los servicios de sanidad sin medicinas, sin material quirúrgico, sin anestésicos, sin especialistas.

Organiza los servicios de policía y carcelarios.

Organiza los servicios religiosos, sin tener un sacerdote.

Organiza os servicios de prensa y hasta los de espectáculos públicos, con sus funciones de circo, teniendo como escenario el patio de Carlos V y siendo el primer espectador el Cesar Español, ya derribado y mutilado por un proyectil de 15,5 cm.

Sin novedad en el Alcázar mi General.

Viajero, que llegas a estos lugares con el ánimo de curiosear las ruinas de este gloriosos Alcázar, antes de entrar en él, piensa en el drama aquí desarrollado, reconcentra todas tus ideas en tu corazón, y no pienses que tu paso sirva de solaz esparcimiento a tu curiosidad, sino que dominando el espíritu sobre la materia, sea la parte sentimental la que prevalezca.

Piensa que aquí se decidió el porvenir de España y de la humanidad entera. Que aquí se evidencio que España es inmortal y que nuestra civilización no puede perecer. Que las ideas traídas de las estepas moscovitas, no han de arraigar nunca entre nosotros y que defenderemos nuestra antigua civilización derramando hasta la última gota de nuestra sangre y perdiendo hasta la última moneda de nuestra Hacienda.

¡Sin novedad en el Alcázar mi General!

Cuando el General Varela, al mando de su División entro triunfante en Toledo, al visitar el Alcázar, el Coronel Moscardó salió a su encuentro saludándole con la anterior frase, que es todo un poema y digna de ponerla en boca de Leónidas, el de las Termopilas.

Entras en él y veréis el Alcázar destrozado. Cada habitación, cada lugar que a el perteneció recuerda un hecho heroico el sufrimiento soportado con estoicismo por sus defensores durante setenta días, pero también seguridad del resultado de la lucha, la fe, en el Mando, la fe en el porvenir de España.

Por eso, el Coronel Moscardó, viendo su Alcázar, destrozado en la parte material, considera que esto no tienen importancia al comparar este destrozo con el resultado espiritual conseguido al ver, nuestra civilización vencedora y que el honor español continua como lo ha sido siempre en los dos mil años de nuestra gloriosa historia, el honor de Numancia, de Sagunto, de Covadonga, de Zaragoza, de Gerona, de Bailen, de Santiago de Cuba.

El Alcázar de Toledo fue el primer miro de contención contra la horda comunista. El Alcázar de Toledo fue una antorcha atraídos por sus resplandores, a su alrededor, perecieron abrasados miles de insectos venenosos que nos querían emponzoñar.

Aquí se vio ya, el resultado de esta contienda.

Cuando el Generalísimo, apareció en los cielos de Marruecos el día 18 de julio de 1936, para la salvación de España como apareció el Apóstol Santiago en Clavijo, guiando el ejército de Castilla contra la morisma, morisma hoy en día a nuestro lado, gracias a las dotes del Caudillo. Mientras el organizaba el desembarco de nuestros Tercios legendarios, creados a la moderna por el insigne mutilado Millán Astray, y nuestros tabores encargo el General Varela la liberación del Alcázar de Toledo.

Este, en una marcha vertiginosa, que estudiaran en su día los estrategas, en dos meses atravesó Andalucía y Extremadura, domino Badajoz, Talavera y llego a Toledo el 27 de Septiembre. Nada pudo oponerse a su marcha arrolladora.

El yunque de Moscardó y la maza de Varela, en la fragua dirigida por el Generalísimo, hicieron brotar la chispa que incendio y enardeció a toda España.

El Alcázar no se rinde. El Alcázar ni un solo día ha dejado de ser español.

Y la entrada del primer oficial de Regulares con cincuenta de los suyos, abrazando al Capitán Carvajal, que le sale al  encuentro, sella con un abrazo fraternal la obra conseguida de la consolidación de España.

Este es el ejemplo dado por el Alcázar, al que siguen Oviedo, la Ciudad Universitaria, Brunete, Belchite, Teruel, el Ebro….

Visitad todo su recinto, viajero; sus torreones caídos, su patio destrozado, el Gran Emperador fuera de su pedestal, las fachadas comidas por la metralla, los efectos espantosos de las minas; no hay hueco, ni pared, ni columna, que no conserve la huella de la lucha, pero el Alcázar existe; el Alcázar se puede visitar; el Alcázar es inmortal, como el honor español.

Al entrar el Generalísimo, en su primera visita al Alcázar, después de su liberación, el Coronel Moscardó, vuelve a repetir la frase ya  histórica.

¡Sin novedad en el Alcázar, mi General! Y añade: “Os entrego, mi General, el Alcázar derruido, pero el honor ha quedado intacto”.

España continúa su grandiosa historia, y su símbolo, el Alcázar de Toledo, ni se rinde ni se rendirá jamás.

¡Viva España!  ¡Viva Franco! ¡Vivan los Defensores del Alcázar!