Se recoge en el magnífico volumen de José Mª García de Tuñón Aza, “José Antonio y los poetas”, el discurso pronunciado por José Antonio el 8 de noviembre de 1929 en el acto de homenaje en el Hotel Ritz a los hermanos Machado. Resulta llamativo pensar que el primer discurso público del joven abogado esté dedicado a la poesía – más cuando se trata de dos hermanos que el discurso cultural imperante ha querido ver como símbolos de las “dos Españas”.

            Allí declara José Antonio su “admiración y amor” por la obra de los Machado. Cuatro años más tarde, en su discurso en el Teatro de la Comedia, sorprenderá el fundador de Falange presentando lo suyo como un “movimiento poético”. A menudo se ha querido minusvalorar esa expresión como si fuera fruto de una cierta estética elitista. Pero nosotros creemos que sólo los poetas mueven a los pueblos – es decir, aquellos que han sabido resguardar un lenguaje antiguo y noble, heredado por quienes supieron que Bien es Belleza y Belleza es Bien, un idioma de unidad común que da cuenta del origen de la comunidad y su destino ante lo sagrado. El combate contra los poetas no es nuevo: el nacimiento del racionalismo, ya en Grecia, supone que en la tiranía platónica se plantea un ideal de República donde los poetas son literalmente expulsados: por supersticiosos, por charlatanes, por místicos. Pero hay fuerzas superiores a la Razón: el Amor como servicio, el sentido de pertenencia, la actitud heroica.

            José Antonio ha intuido que las nuevas trincheras de la política moderna son lingüísticas. En las distopías de Huxley y Orwell el dominio de las masas se realiza (muy a la manera de un Goebbels) por la transformación de lenguaje en herramienta de persuasión tiránica, hipnosis de masas. ¿Puede haber algo más contemporáneo que eso? Un bombardeo de información, en flashes continuos, que desorienta y adormece, una anulación del pensamiento crítico que pone al ciudadano como mero receptor de propaganda al servicio de los grandes poderes, un discurso cultural que niega la Tradición y por tanto niega al futuro, instalando a las masas en un presente tumefacto y sonambular.

            Poesía viene del griego “poesis”, creación. El poeta es el herido por el rayo de Zeus, aquel que, en versos de Hölderlin, es capaz de “permanecer desnudo ante las tormentas de Dios para ofrecer el relámpago al pueblo en forma de canto”. El paradigma liberal quiere reducir el pensamiento a cálculo racional de ganancias y pérdidas, de modo que el bien común quede desconectado del sentido comunitario y dejado al albur de la “mano invisible” del mercado y su libre competencia.

            Pero el ser humano es más. Es el depositario no del tiempo horizontal que el ideal liberal ilustrado plantea como progreso, sino del tiempo vertical del héroe, que conecta el suelo patrio con su destino celeste. Por eso la revolución pendiente de José Antonio no es sólo política o social, sino primeramente antropológica. Liberar el destino del ser humano y su comunidad y su historia de los falsos ídolos del liberalismo que todo lo envenena, para devolver a su lugar “afuera, bajo las estrellas”.

            Es desde esta profunda visión de la realidad humana que José Antonio puede rechazar tanto el capitalismo (expresión económica del liberalismo) como el comunismo (ateo y materialista, propugnador de un colectivismo que anula la dignidad de la persona). Antes que político, José Antonio es quien busca animar un nuevo espíritu de dignidad personal y nacional. En Alicante dejó aquellas palabras tristes de que él “acabaría en una cárcel u otra”. Jamás quiso dos Españas, sino una; jamás quiso una gota de sangre española derramada; jamás busco sino conciliación y elevación.

            ¿Puede haber algo más contemporáneo que eso?