Si recordamos hoy al líder católico y rexista belga es porque fue y es un hombre de los que escribieron con el ejemplo. Luchador incansable, cuya vida es una auténtica vida intensa de aventura y de lucha por sus ideales, siempre fiel a los principios que inspiraron su lucha por una nueva Europa tras una vida de entrega ejemplar. Leon Degrelle es el ejemplo del hombre de acción que escribe con los hechos, y que tras la II Guerra Mundial, en la que luchó como voluntario continuó después de la guerra luchando con la pluma y sobre todo con el ejemplo de que otra Europa es posible.

Como dirigente político del REX en Bélgica demostró que sus propuestas favorecían objetivamente a la mayoría socia, lo que le enfrentó a la derecha política católica. El consiguió además que una buena parte de esa mayoría social lo comprendiese, y fue uno de los primeros y de los más importantes dirigentes políticos de la nueva Europa que en los años 30 y 40 del siglo pasado estuvo a punto de consolidarse. El demostró que era posible superar el capitalismo liberal. Pero Leon Degrelle fue mucho más que un líder político, fue un pensador, un brillante orador, un poeta, un hombre sensible, profundamente católico a lo largo de toda su larga e intensa vida. Comenzó la acción política en el catolicismo militante para evolucionar al rexismo, que fue el fascismo belga, para terminar siendo uno de los más importantes dirigentes del Nacionalsocialismo, representando él mismo la corriente más europeísta de dicha cosmovisión, y terminando al final de la guerra, en 1945, como General de las Waffen SS, aquel ejército europeo formado por voluntarios de todas las nacionalidades europeas, donde los alemanes eran minoría, demostrando así la sinceridad del deseo de la gran unidad política de Europa, y demostrando él mismo cómo era perfectamente posible ser católico en las SS, y recibir en el frente ruso donde se pasó toda la guerra la atención religiosa católica en la Divisíón Wallonie que él mismo dirigió. Fue siempre un hitleriano apasionado hasta el final de su vida, siendo Hitler, de todas las personas que conoció, quien más le marcó para siempre, y al que definió como el hombre más grande que había conocido. Tras la guerra comenzó el largo exilio que vivió en España desde 1945 hasta su fallecimiento en Málaga en 1994.

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Degrelle prosiguió después de la guerra escribiendo libros y concediendo entrevistas mostrándose siempre como un europeísta convencido, insistiendo en la necesidad de una Europa políticamente unida, y advirtiendo de los muchos obstáculos que encontraríamos en el duro y difícil camino de la resurrección del viejo continente. Y en este difícil resurgir de la vieja Europa, Degrelle insistía: “Sin la fe no se podrá hacer nada”. También dijo proféticamente que el mundo asiático y los EEUU querrían imponerse a todo el mundo, y que solo con una Europa unida presidida por la fe, podríamos resistir a la dificilísima situación política que nos iba a tocar vivir y afrontar en este siglo XXI. 

La pregunta ahora es: ¿Vale la pena recordar hoy a referentes como Leon Degrelle? Sin duda. No podemos y no debemos olvidar a nuestros héroes. No podemos y no debemos olvidar a Leon Degrelle.  

Conferencia del autor sobre Leon Degrelle en los locales del HSM