1. El Caudillo de España Francisco Franco, a su llegada a La Coruña en el mes de agosto, saluda al alcalde de la ciudad Alfonso Molina Brandao.

A la tarde del martes 28 de agosto de 1956, a bordo del crucero Almirante Cervera que provenía de Santander, el Jefe del Estado  Generalísimo Franco  llegaba a La Coruña,  a fin de pasar su periodo de descanso estival en su residencia del Pazo de Meirás.

La llegada del Jefe del Estado coincidió  la tarde de un día en el que en La Coruña se celebraba el “Día de la Provincia”, dentro del programa de las fiestas anuales de agosto, en honor de la heroína María Pita, de la ciudad herculina. Con tal motivo la llegada de miles de personas  a la ciudad desde los noventa y cuatro ayuntamientos del provincia, durante todo el día, fue incesante. Venían en  representación de los  propios concejos, de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, de los Sindicatos, de las  Hermandades de Labradores, de la Sección Femenina, Vieja Guardia de la Falange, Guardia de Franco y Falanges Juveniles, además de bandas de música y grupos folklóricos y dé danzas regionales.

La Coruña  se llenó de una animación extraordinaria que depararía un enorme y popular recibimiento al Caudillo de España. La música y los bailes de innumerables bandas y grupos folclóricos tomaron por completo con sus sones las principales calles y plazas del centro de la ciudad.

Esas calles y plazas coruñesas se hallaban adornadas con gran cantidad de Banderas Nacionales, de Falange Española y del Requeté, escudos Nacionales, así como Banderas  y gallardetes que lucían también en las ventanas y balcones de las casas particulares.

Respondiendo a un bando  del alcaide coruñés, Alfonso Molina, que  anunciaba la llegada del Caudillo, el comercio cerró sus puertas a las seis de la tarde, y el pueblo en masa se lanzó a la calle, deseoso de tributar su homenaje de adhesión al Caudillo de España y agradecerle un año más su presencia entre los coruñeses, como ya lo venía haciendo desde 1939.

La zona del puerto se vio particularmente animada desde primeras horas de la tarde. Allí también flameaban al viento  un extraordinario  número de banderas y símbolos patrióticos.

Además, infinidad de embarcaciones de pesca, procedentes de toda la provincia, y embarcaciones de recreo y deportivas, surcaban las aguas de la bahía en espera de la llegada del Crucero “Almirante Cervera” donde venía embarcado el Caudillo de España para darle escolta. Todos los buques se hallaban  engalanados con banderas españolas y con las del código internacional de señales.

A media tarde hizo entrada  en el puerto el cañonero de la Armada “Hernán Cortés”, a bordo del cual viajaban el capitán general del Departamento Marítimo de El Ferrol del Caudillo, Almirante  Regalado, así como el jefe de la Flota, Almirante Mendizábal.

  1. El Caudillo de España, Francisco Franco, en la tribuna desde la que presidió el desfile de grupos folclóricos y bandas de música a su llegada a La Coruña en el mes de agosto.

Ante las escalerillas Interiores de la dársena del puerto, muy cercanas al edificio del Real club Náutico,  donde había de desembarcar el Generalísimo Franco  fueron congregándose las primeras autoridades y representaciones, entre ellas  el capitán general de la VIII Región Militar, teniente general Carlos Rubio; el del Departamento Marítimo de El Ferrol, almirante Regalado; director general de Seguridad, general Hierro Martínez; consejero del Reino, almirante Bastarreche; delegado nacional de Sindicatos, señor Solís Ruíz;  gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, señor Graciá Martínez, gobernador militar de La Coruña, general Pérez Salas; alcaide de la ciudad, señor Molina Brandao; presidente de la Diputación Provincial Diego Delicado; jefe de la Región  Aérea  del Atlántico, General Sedaño;  jefe de la IV Zona de la Guardia Civil, General Ponce de León; Jefe Superior de Policía de Madrid señor Losada; comisario jefe de La Coruña; obispo auxiliar de Santiago de Compostela, Doctor Novoa Fuentes; Comandante de Marina, Capitán de Navío Pardo de Dolebum y Pascual de Bonanza;  rector de la Universidad de Santiago, señor Legaz; vicesecretario Nacional de Obras Sindicales, señor Salgado Torres;  generales con mando en plaza y en la reserva, Corporación Municipal, Diputación provincial, Presidente de Obras del Puerto, Pedro Barrié;  Consejo provincial del Movimiento y otras autoridades y  jerarquías.

Poco antes de las siete de la tarde llegó también a la dársena el jefe de la Casa Civil del Jefe del Estado, marqués de Huétor de Santillán, acompañado de su esposa.

Las representaciones de los noventa y cuatro Ayuntamientos de La Corana, con sus alcaldes, teniendo al frente un cartelón con el nombre de su respectivo municipio, se situaron por el paseo de la Dársena y avenida de la Marina, donde también se colocaron formados los grupos folklóricos y bandas de música. Miles de personas llenaron con su presencia la zona portuaria y la avenida de la Marina, cuyas famosas galerías se encontraban  a su vez completamente atestadas de público. 

A las siete de la tarde en punto las salvas del cañonero “Hernán Cortés”, atracado en las inmediaciones del Club Náutico, y de una batería de Artillería situada en el Parrote,  anunciaron la entrada en el puerto del Crucero “Almirante Cervera”, que venía escoltado por infinidad de embarcaciones de diversos tipos, que hacían sonar sus sirenas.

El buque enarbolaba el guion del Caudillo, y su tripulación formaba en cubierta. Poco después el Caudillo de España pasó del Crucero   a una falúa a motor que le  trasladaría a tierra. Esta embarcación también fue escoltada por las numerosas que surcaban el puerto de La Coruña, mientras el estampido de las salvas de ordenanza y del “Hernán Cortés” se confundía con los de las bombas de palenque y los clamorosos vítores de la multitud, que fueron haciéndose más sonoros y entusiásticos  a medida que la falúa donde iba el jefe del Estado  se acercaba a puerto.

El Caudillo, que vestía uniforme de Capitán General del Ejército de Tierra, venía acompañado del ministro de Marina, Almirante Salvador Moreno; jefe de su casa militar, Teniente General Antonio Barroso; segundo jefe de la misma, Almirante Pedro Nieto Antúnez, y el segundo jefe e intendente de la casa civil, Fernando Fuertes de Villavicencio. La embarcación que conducía al Generalísimo se dirigió a la escalerilla situada ante el pabellón de prácticos del puerto, donde tuvo lugar la recepción oficial.

Al desembarcar el Caudillo fue cumplimentado, en primer lugar, por los capitanes  generales  del Departamento Marítimo Almirante Regalado y de  la VIII Región Militar, Teniente General Rubio López-Guijarro, seguidos  por las altas autoridades, personalidades y comisiones diversas civiles y  militares, que se hallaban presentes.

En compañía del capitán general de la VIII Región Militar, el Generalísimo  pasó revista a una compañía del Regimiento de Infantería Isabel la Católica con escuadra de gastadores, Bandera y unidad de música, que le rindió honores de ordenanza

El paso del Caudillo por delante de las representaciones de los Ayuntamientos de la provincia fue verdaderamente apoteósico y subrayado con Indescriptibles muestras de adhesión y afecto y gritos de ¡Franco! ¡Franco!

El Generalísimo se dirigió seguidamente a una gran tribuna que se encontraba situada en la avenida de la Marina, en la parte posterior del palacio de la Diputación, en cuyo fondo lucía un monumental tapiz con el guion de su casa Militar. Una vez en la tribuna, el Jefe del Estado hubo de corresponder, durante varios minutos, a las aclamaciones de la multitud. En este instante la Sociedad Colombófila de La Coruña dio suelta a varios millares de palomas que volaron por el cielo coruñés.

Inmediatamente se organizó un desfile en honor al Caudillo Franco  que inició la compañía de Infantería que había  rendido honores. A continuación desfilaron los grupos folklóricos de toda la provincia, grupos de danzas regionales y gremiales con sus arcos y espadas y las numerosas bandas de música que habían acudido a la concentración, entre ellas la banda municipal de música de la Coruña, que cerró el desfile muy vistoso y colorista, entre los grandes aplausos de la multitud que abarrotaba por completo las aceras de la Avenida de la Marina y las zonas aledañas.

1956 El Generalísimo Franco junto al alcalde de La Coruña Alfonso Molina, en coche descubierto a su llegada  a la ciudad en el mes de agosto.

Él desfile duró hasta las siete y veinticinco de la tarde y en su transcurso no cesaron las expresiones de afecto y adhesión al Caudillo, que, una y otra vez, hubo de corresponder a ellas.

Al terminar el desfile, el Generalísimo Franco descendió de la tribuna y, acompañado del alcalde señor Molina, subió a un coche descubierto para iniciar la marcha hacia el Pazo de Meirás. El paso del coche por la avenida de Marina, avenida de los Cantones y demás vías coruñesas del trayecto fue un constante clamor de aplausos v vítores, expresivos de la adhesión del pueblo coruñés al Caudillo de España.

El alcalde Molina manifestaría a la prensa que en el trayecto hasta el Pazo de Meirás, que se hizo por expreso deseo del Caudillo con el vehículo descubierto, el Jefe del Estado se había interesado por los proyectos  y aspiraciones de la ciudad, destacando, muy satisfecho, las obras que había visto en marcha, alabando los jardines de la Rosaleda, junto con el reloj floral. Encargaría al alcalde Molina que trasmitiera  su emocionada felicitación y agradecimiento  a los ciudadanos de La Coruña, ayuntamientos de la provincia, grupos folclóricos y bandas de música,  por el recibimiento inolvidable que le habían dispensado, algo que haría el alcalde Alfonso Molina, profundamente satisfecho por las palabras de Caudillo y que apuntó a los medios de comunicación: “Ha sido un recibimiento igualmente entusiástico que en los años de la Cruzada, un clamor de ininterrumpido fervor desde La Coruña a las puertas del Pazo de Meirás donde esperaban vecinos de Sada, Meirás y Bergondo. Por todo ello felicito al pueblo coruñés. Con  un pueblo así, se puede conseguir todo”