En plena efervescencia del Black lives matter, mientras la televisión nos sorprendía diariamente con las imágenes de unos disturbios raciales que parecían sacadas de otra época, una mañana recibí la llamada de mi amigo Augusto Ferrer-Dalmau. Su voz sonaba entusiasmada, como siempre que se enfrasca en un nuevo proyecto:

«¿Cómo vestían los generales españoles en Cuba?».

Me sorprendió saber que su proyecto era relativo a un general de raza negra. Así conocí que España tuvo un afrodescendiente entre su generalato. Se llamaba Eusebio Puello y lo fue un siglo antes de que EE.UU tuviera alguno, cuando Benjamin Davis llegó a general de la USAF en 1960. Una cuestión inconcebible en cualquier otro país europeo, excepto en Francia, que tuvo uno -en realidad, mulato- durante la Revolución de 1789 (por cierto, era el padre de Alejandro Dumas, un detalle que encantará a nuestro común amigo Pérez-Reverte).

Tanto España como Francia contaron en sus territorios de ultramar, aproximadamente desde 1760, con unidades de negros libres (Compañías de Morenos Libres, como se los denominaba en el español dieciochesco). Habían alcanzado su libertad gracias a algunos de los derechos previstos en las estrictas leyes hispanas que regulaban las relaciones entre los esclavos y sus propietarios en América (en la Península, los últimos casos de esclavitud desparecieron hacia 1766). Los esclavos tenían derechos impensables en otras latitudes, como el descanso dominical, establecer pequeños negocios de subsistencia y comprar su libertad. Y aunque hoy pueda pensarse lo contrario, tanto los indígenas americanos como los afrodescendientes fueron firmes pilares de la monarquía hispánica frente al independentismo americano. Se sentían protegidos por el Rey frente a las arbitrariedades de los criollos.

Eusebio Puello y Castro nació en 1811 en Santo Domingo, el antiguo territorio hispano que ocupaba la mitad occidental de la isla de La Española. Ingresó en filas en 1824 y siempre demostró un gran valor y una extraordinaria capacidad de liderazgo, lo que le proporcionó una meteórica carrera durante las guerras de la República Dominicana contra sus vecinos de la República de Haití.

En 1859 y ante las continuas invasiones haitianas, Santo Domingo solicitó la anexión a España para protegerse de sus violentos enemigos. Puello sería admitido entre las tropas españolas en 1861 con el grado de mariscal de campo (general de división). Pronto tuvo que hacer frente a la sublevación de sus compatriotas opuestos a la anexión, que abrió desde 1863 un período de casi tres años de guerra, en la que participaría del lado de España en innumerables combates.

España decidió abandonar su presencia en Santo Domingo en 1865. Los numerosos dominicanos que, como Puello, habían apostado por España se vieron en la necesidad de emigrar a Cuba o Puerto Rico. Como otros muchos afrodescendientes libres convivieron con los rescoldos de una esclavitud que, debido a los intereses de los oligarcas y hacendados antillanos, no sería abolida definitivamente hasta 1888.

Puello había sido condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III por su actuación en Santo Domingo. Al estallar la sublevación independentista cubana en 1868, empuñó nuevamente las armas, ahora para defender la integridad nacional de su país de adopción. Mientras otros compañeros dominicanos emigrados eligieron unirse a los rebeldes cubanos, Puello participó en numerosas operaciones militares -siempre al mando de tropas españolas de raza blanca- contra los mambises.

A mediados de 1869 fue nombrado comandante general del Departamento Central o de Camagüey, con sede en Puerto Príncipe. Allí fortificó la ciudad, reparó las líneas de ferrocarril y animó a los habitantes, muy afectados por el hambre y las enfermedades tropicales.

El 30 de diciembre de 1869, al mando de una columna compuesta por unos 1.200 hombres (Batallones de Chiclana, La Unión, Reina y Voluntarios de Madrid; Infantería de Marina, Caballería, Ingenieros y 4 piezas de artillería) atacó y ocupó el pueblo de Guáimaro, que las fuerzas insurrectas habían establecido como su capital.

El 1 de enero de 1870 se enfrentó en Las minas de Juan Rodríguez (en el camino de Guáimaro a Palo Quemado) a las tropas rebeldes dirigidas por el aventurero norteamericano Thomas Jordan (un antiguo general del ejército confederado) y el líder independentista Ignacio Agromonte. En esta acción, sus tropas sufrieron 223 bajas y Puello resultó herido en el asalto a pecho descubierto contra un enemigo fuertemente atrincherado y emboscado, que le esperaba con el grueso del ejército rebelde. Su arenga a sus soldados bisoños fue: «¡Soldados! ¡Yo que soy negro, me ofrezco como blanco a los enemigos de España! ¡Adelante!».

Cuatro meses más tarde y tras recibir críticas por deficiencias en la administración y organización de sus tropas, Puello sería relevado del mando de Camagüey y, aunque estaba dispuesto a seguir cumpliendo con su deber hacia España, no volvería a dársele ningún mando en campaña.

A las secuelas de sus muchas fatigas y heridas de guerra se unió el pesar de sentirse apartado y olvidado. Pocos meses después, un 15 de diciembre de 1871, el valiente, honrado y leal general fallecía en la ciudad de La Habana, rodeado de sus diez hijos, fruto de su unión con cinco esposas diferentes.

Augusto en su boceto a color ha elegido vestir a nuestro personaje con el uniforme de diario de general. Armado con un sable de oficial de Caballería modelo 1840, se cubre la cabeza con el kepis-ros gris y viste la levita de lanilla azul turquí abierta, reglamentaria en el Ejército de Cuba, con faja y entorchados de mariscal de campo sobre bocamanga encarnada. El pantalón grancé y la bota alta de montar típica de la época completan su indumentaria.

FUENTE: https://abcblogs.abc.es/ferrer-dalmau/otros-temas/un-general-del-ejercito-espanol_amp.html