En Barcelona se creó un grupo contrario a la república que, principalmente actuó en la zona de la montaña del Montseny. Por otra parte, la Generalidad de Cataluña formó lo que se conoció como Columna del Valles Oriental. De ambos hablaremos en este artículo.

Grupo de El Montseny

No todos los ciudadanos de Cataluña estaban de acuerdo con los postulados del Frente Popular. La represión acabó con muchas personas, tanto del llamado bando nacional, como del republicano. Ahora bien, no todo el mundo ofreció una resistencia pasiva. En el Vallès Oriental, concretamente en el Montseny, actuó lo que se conoce como Grupo de El Montseny, que llegó a tener 200 miembros. Josep María Fontana Tarrats, en Los catalanas en la guerra de España, escribe: 

los montañeses nobles constituyeron una gran ayuda para los héroes de la aventura, cuyo número llegó a ascender a más de doscientos en sus épocas de esplendor, todos rudimentariamente armados, pero que se hacían temer y respetar, cuando así convenía a su labor. Poseían campamentos, disciplina y mandos, realizando guardias, misiones y hasta ceremonias tan conmovedoras como izar cada mañana la bandera de España en sus dominios. Formaban en las filas de este Grupo, gente de toda clase y condición, pero, eso sí, avezadas al monte y endurecidas por una vida de inconcebible sacrificio, en la que eran más los trabajos agotadores que las parva pitanzas. Figura cimera de la guerrilla fue Agustín Batlle, muchacho sencillo, pero valiente como un jabato, y tirador excepcional. Más de ochenta veces fue detenida la compañía o sección de Asalto que subía por los recovecos de Tagamanent, Coll Formic o el Pla de la Calma, por el bronco disparo de una escopeta solitaria, que, emboscada entre riesgos y matorrales, destrozaba indefectiblemente la cabeza de lo que iba a la vanguardia. La guerrilla del Montseny llegó a ser una obsesión para los ‘rojos’, y contra ella dirigiéndose, con éxito nulo, fuerzas importantes, que regresaban aspeadas y con alguna baja, mientras los guerrilleros se dirigían, triunfantes, a los pueblos en los que hasta los Comités rojos acababan por convertirse en cómplices suyos, pues uno que se atrevió a combatirlos y denunciarles, recibió, luego de múltiples avisos, un castigo ejemplar”.

 

Sigue escribiendo José María Fontana Tarrats:

Los fríos del invierno y los calores del verano caían implacables sobre aquel puñado de patriotas; pero nadie ni nada podía abatir el vuelo de las grises columnas de humo finísimo que rasgaban la quietud planteada del amanecer, clavándose verticales sobre la pesada horizontal de las nieblas del Montseny, señalando la presencia pública y vigilante de la Patria en el mismo corazón de la tierra catalana prisionera. Y así durante semanas y semanas, mes tras mes, sin enlaces, sin saber apenas lo que ocurría, solos con la tremenda decisión de sostener la bandera y no sucumbir; fortaleza que únicamente la traición por debilidad pudo quebrantarlos. Un meteorólogo, escamot arrepentido, fue hecho prisionero y martirizado por sus ex compañeros, y él vendió a la guerrilla. Cayeron muchos, pero no se arrió la bandera; y un día de enero de 1939 un grupo de luchadores barbudos, rotos y esqueléticos, vio llegar al Matagalls el cortejo de soldados de Franco con la misma enseña que ellos mantuvieron, clavada e inhiesta, entre los trapos rojizos que la cercaban por doquier”. 

La Columna del Vallès Oriental

La Generalidad de Cataluña, por decreto de 10 de septiembre de 1936, dio instrucciones para la movilización de todos aquellos hombres entre 18 a 40 años. Se encuadraron todos menos los que sufrían algún tipo de inutilidad física o los que eran necesarios para la industria de guerra. El motivo de la movilización era que, al estallar la guerra civil, el ejército republicano era inexistente. Por un lado, una parte de él se había adherido al levantamiento; por el otro, según decreto del gobierno republicano central, la otra parte había quedado disuelto el verano de 1936. Esto suponía que todos los pueblos de Cataluña tuvieron que crear sus propias milicias. La formación de estas llevará hasta diciembre de 1936, mes en el que, por decreto, se creó el Ejército Popular y todas las milicias fueron absorbidas por este ejército regular.

 

La organización de estas milicias se vivió como un trabajo urgente y prioritarios por parte de las Milicias Antifascistas de Cataluña. El decreto de la Generalitat también movilizaba a todos aquellos ciudadanos que, habiendo servido en el ejército, hubieran alcanzado las categorías de sargento, brigada, o suboficial activo o de complemento, en cualquier arma o cuerpo, a fin de constituir los cuadros de instructores para los ciudadanos que pudieran necesitarla. Los Jefes de Equipo de Instrucción debían llevar un control de la asistencia de los ciudadanos que debían recibir instrucción militar. Además, debían fichar el horario de instrucción y encargarse de justificar estas horas, a fin de que aquellos que trabajaban, se les pagara el importe correspondiente a las horas de instrucción por parte de la empresa.

 

En agosto de 1936 se preparó lo que se conoce como Columna del Vallès Oriental, con oficina en el Hotel Europa de Granollers. Se enrolaron gente procedente de diversos pueblos de la comarca, aunque básicamente eran de Granollers los integrantes de la Columna. En total se enrolaron cerca de 600 voluntarios, que partieron de Granollers el 15 de septiembre de 1936, a las 4 de la tarde, en 30 autocares y varios coches, hacia el Cuartel de Pedralbes en Barcelona. El diario La Vanguardia, el 30 de septiembre de 1938, publicó la siguiente nota: “La Banda de Milicias recorrerá mañana domingo, las calles de la ciudad saludando a Granollers y sus milicianos”.

 

Al día siguiente salieron de la Estación de Francia hacia el frente de Aragón. Asumió el mando de la Columna del exmilitar Trinidad Company. En un primer momento fueron destinados al frente de Almudevar. Después pasaron al frente de Castilla, Levante y Extremadura. Por decreto la Columna se convirtió en el 510 Batallón de la 126 Brigada de la 28 División del Ejército Unificado de la República. Esta División era la que más prestigio tenía por el Jefe del Estado Mayor Republicano, General Rojo, tanto es así que el Jefe del Ejército de Extremadura, General Escobar, para actuaciones decisivas, confiaba en los hombres y los mandos de esta división militar.