En el incautado Palacio de Eleta, en la madrileña calla de Fuencarral 103, asentó su inusitado terror, latrocinio, represión y muerte, una checa  comandada por el diputado y dirigente del Partido Socialista Obrero Español, Enrique de Francisco, miembro destacado de la Agrupación Socialista Madrileña.

De Francisco pondría al frente de dicho abominable lugar a otro  militante socialista, una  albañil, buen amigo de Francisco Largo Caballero, llamado Julio de Mora Martínez. Este individuo era el encargado del cobro de las rentas de unas mil fincas urbanas de que el Partido Socialista se había apoderado en Madrid, reemplazando a los propietarios en el cobro de las mismas, que quedaban en beneficio de dicho Partido. Gracias a su amistad con Largo Caballero, Mora lograría ser nombrado en febrero de 1937, Inspector del Ministerio de la Guerra, con la graduación de Coronel y, más tarde, Presidente de la Comisión Depuradora del Cuerpo de Asalto y jefe del Departamento Especial de Información del Estado (D. E. D. I. D. E.) de Madrid, hasta el 26 de marzo de 1938, en que dicho servicio fue disuelto e incorporado al S. I. M.

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Ficha de la agrupación Socialista madrileña.

La checa adoptaría  el nombre de Comisión de Información Electoral Permanente (C. I. E. P.), pues  de Francisco había sido el encargado, junto a la agrupación socialista madrileña del estudio del censo de los periodos electorales anteriores, y por lo tanto poseía una información exhaustiva sobre la ideología política de los vecinos de Madrid, Eso le simplificaría sobre manera la tarea para la realización del asesinato, latrocinio y exterminio perfectamente organizado.

Julio Mora, al gozar del favor de Largo Caballero, además de haber participado  en numerosos asesinatos de religiosos, militares, paisanos de derechas y falangistas, también persiguió, torturó, depuró y ejecutó, a numerosos miembros del Cuerpo de Seguridad y Asalto, acusándoles de desafectos y de agentes al servicio de la España de Franco

Junto a Mora se “distinguirían” en la represión de aquella siniestra checa de Fuencarral 103, los también socialistas Anselmo Gil Burgos y David Vázquez Baldomiros. Gil era un agente que con posterioridad pasaría a formar parte de la escolta del embajador soviético en Madrid. Baldomiros llegaría  a comisario de policía, teniendo una destacada participación, junto al también comisario Fernando Valentí, en la desaparición, en la primavera de 1937, tras los sucesos de Barcelona, del miembro del POUM troskista, Andrés NIn.

Baldomiros, junto a  Yosif Grigoulevich, siniestro personaje que llegó a España encargado personalmente por José Stalin para el  control de  los delegados enviados por la Unión Soviética, se encargarían del asesinato del profesor José Robles Pazos, nacido en Santiago de Compostela y que dominaba a la perfección inglés, francés y algo de ruso.

Robles conocería en 1916 al escritor de Chicago, John Dos Passos, al cual introdujo en los ambientes de tertulias de café de Madrid. Con ello se forjaría una gran amistad entre ambos. Incluso Dos Passos animaría a Robles a presentarse como candidato a profesor en la universidad John Hopkins, en Baltimore, donde sería aceptado.

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A la izquierda el profesor José Robles Pazos. A la derecha el escritor estadounidense John Dos Passos.

El alzamiento de julio de 1936, sorprende a Robles Pazos en Madrid de vacaciones, ofreciéndose  al gobierno republicano como traductor, Es aceptado y elevado al grado de teniente coronel es trasladado como traductor a la delegación soviética, que ha llegado a mitad de agosto a Madrid, concretamente al lado del general de inteligencia Vladimir  Efímovich Górev, que tendría un decisivo papel, junto a sus carros de combate T26, en la defensa de Madrid contra las tropas Nacionales, en noviembre de 1936.

Iniciado el mes de diciembre, ya con el gobierno republicano huido a Valencia, el profesor Robles Pazos es obligado por agentes de policía a presentarse ante las autoridades frente populistas. Agentes de espionaje soviéticos que provenían del terrible NKDV, le interrogan en la checa de Fuencarral 103, junto al chequista madrileño el comisario David Vázquez Baldomiros,  acusándole de ser miembro del servicio de información del ejército nacional, y de pasar información al enemigo a través de su hermano Ramón Robles Pazos, capitán de infantería, profesor de  la Academia de Infantería de Toledo. Desde ese instante, se pierde para siempre, el rastro del profesor José Robles Pazos.

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Ramón Robles Pazos.

A su hermano Ramón,  le sorprendió el alzamiento de vacaciones en Madrid, junto a su mujer e hijos.  Este, al conocer la sublevación de sus compañeros en África, intentó incorporarse al Alcázar de Toledo, algo que no lograría,  al ser detenido por milicianos en Getafe. Ramón en la terrible  confusión de aquellos primeros días del alzamiento, logró convencer a los milicianos que lo arrestaron para hacerles ver que era un Oficial del Ejército leal a la República; posteriormente sería detenido por policías de la Comisaría de Buenavista de Madrid el 20 de octubre de 1936, mientras se encontraba oculto en su domicilio.

En febrero de 1937, un tribunal decretaba la libre absolución del capitán Ramón Pazos al considerar que no existían pruebas para creerle adicto al ejército de Franco. En ese instante, Ramón Robles se hallaba refugiado en la embajada de Chile en Madrid, gracias a mil y una peripecias, escondiéndose en diversos lugares de Madrid, tras haber abandonado la comisaría de Buenavista en los primeros días del mes de noviembre de 1936. Una vez finalizada la guerra de liberación, Ramón Robles Pazos continuaría su brillante carrera militar, llegando al cargo de Teniente General del Ejército de Tierra.

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John Dos Passos junto a Ernest Hemingway en Madrid en 1937.

En aquellos días de febrero de 1937, ya nada se sabía del profesor José Robles Pazos, posiblemente trasladado a una cárcel de Valencia, donde sería ejecutado, acusado de espía de Franco, algo que daría excusa al abominable criminal Stalin, para al regreso de Vladimir Gorev a Moscú en 1938, acusarle también de ser espía del ejército de Franco y ejecutarlo, siendo uno de los caídos en aquella gran purga del “adorable “ Stalin, que se llevó por delante a más de setecientas mil personas.

En aquella primavera de 1037 el escritor Dos Passos llega a España para iniciar el rodaje de una película titulada “Tierra de España” junto a Ernest Hemingway y al productor Joris Ivens.

Al conocer la desaparición de su amigo José Robles, Dos Passos comienza a investigar por su cuenta. Ante los obstáculos que encuentra para conocer el paradero de su amigo Robles, decide pedir ayuda a Hemingway, personaje muy bien considerado por las autoridades frente populistas. Hemingway se inhibe de la búsqueda de José Robles, acusando a Dos Passos, de su interés por un solo hombre, cuando según él, en España se juega el destino, no solo de una nación, sino de la humanidad misma en su lucha contra el fascismo, algo que incomodaría sobre manera al escritor de Chicago que dese4e ese instante y para siempre romperá su relación con Hemingway, una amistad que provenía de cuando se conocieron en la primera guerra mundial, siendo ambos conductores de ambulancias en el frente de Italia. Dos Pasos pediría ayuda,  en la búsqueda de su amigo José Robles,  al escritor español Rafael Alberti y a su esposa María Teresa León que también contestarían a Dos Passos con indiferencia y silencio    

Aquella abominable checa socialista empleó medios de tormento para hacer “cantar” a los detenidos, inimaginables, sádicos, sangrientos y malvados. Entre las checas de Madrid, al igual que sucedería en Barcelona y Valencia, se disputaron la “gran honra” de que la represión y el terror fuese de los más refinado, para lograr sin duda el primer puesto en lo referente a crimen, latrocinio y barbarie. De ello se jactaban sin ningún tipo de vergüenza o comedimiento.

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El mariscal ruso Vladimir Gorev, uno de los destacados en la defensa del Madrid rojo en 1936.

En aquella checa socialista de la calle Fuencarral 103, se emplearon “técnicas” de tortura novedosas, traídas a  España por agentes del stalinismo soviético. Por ejemplo la de la Argolla que consistía en colocar al detenido desnudo, atado de manos y colgado por un pie en una argolla con la cabeza hacia abajo, sumergiéndole la cabeza a la altura de la nariz en un recipiente con agua o excrementos mientras era azotado. Para poder respirar debían contraerse, realizando un esfuerzo inhumano hacia arriba para sacar la nariz del líquido. O el “Tizon” donde la víctima era atada por las muñecas a un gancho en el techo con los pies en el suelo. Mientras era interrogada se le producían con cigarros o con una plancha de ropa quemaduras en el tórax y abdomen. O la de la “bañera” que  consistía en interrogar a la víctima sumergida dentro de una bañera con agua fría jabonosa donde en su fondo había una gran cantidad de trozos de vidrio. La persona estaba con las manos atrás y atadas por las muñecas, mientras su cuerpo se iba cortando con los vidrios.

En aquella checa se tiene constancia de que fueron asesinados entre otros Carlos Echeguren Ocio, Candelas Peñalver García, Apolinar Marcos Clemente, Juan Alamedas Jiménez, José Eugenio Medina Gestoso, Enrique García Arregui, Feliciano Insaurriaga Anguita, Alejandro Tovar y Cabrera, Humberto Calderón Rivadeneyra, Carlos Marcos Salderreyan, Enrique García Robles y Fidel González y González, Numerosos vecinos de Madrid, tras ser interrogados brutalmente, en la checa socialista de Fuencarral, eran entregados a la checa de la calle de Fomento para su posterior asesinato.

La testigo doña Clementina Renedo Velasco manifestaría, una vez finalizada la guerra de Liberación,  ante la Causa General que, en ocasión de ser interrogado en la checa de Fuencarral, núm. 103, el tío de la declarante, D. Casimiro Velasco Casanueva—detenido en 12 de octubre de 1936 y asesinado poco después—, un miliciano preguntó al jefe de la mencionada checa, Julio de Mora, qué debía hacerse con unas religiosas que acababan de detener, a lo que Mora contestó que matarlas.

El propio Julio Mora daría instrucciones para la apertura, en agosto de 1936, de unas fosas en el monte del pueblo de Boadilla, que habían de servir para la inhumación de las numerosas víctimas que desde las «checas» de Madrid eran conducidas al referido monte para su asesinato. 

Esta es la memoria -que quieren borrar a toda costa- del partido de la ignorante, estulta y malvada egabrense,  que se jactaba de  hablar en bragas con los alcaldes; de la Baltasara, la que bebe de la copa del gordo ex juez siniestro y prevaricador; el del fraudulento y psicópata Sánchez y de su Zapatero del alma: el Partido socialista obrero Español, que ni es español, ni obrero, ni socialista, ni nada. Es una banda de malvados, canallas, ladrones y criminales, que hay echarlos a toda costa del poder y ponerlos fuera de la ley. El mayor cáncer que ha tenido España desde que en mala hora apareció el PSOE en mayo de 1879.