De todos, al menos de aquellos que se hayan molestado en conocer la historia de España más allá de lo que se pueda enseñar en los centros docentes, es conocido el golpe de Estado contra la República que, protagonizado por los partidos y sindicatos de izquierdas -PSOE, UGT, Partido Comunista, CNT y la Federación anarquista ibérica-, a cuyo frente se encontraban los “tan loados, preclaros y añorados” Largo Caballero e Indalecio Prieto, sacudió a una buena parte del territorio nacional en octubre de 1934, con especial incidencia y virulencia en Asturias, dejando tras de sí un reguero de sangre con un balance estremecedor de víctimas, 69 Oficiales, Clases y Guardias del Cuerpo de Seguridad; 19 miembros del Cuerpo de Vigilancia; más de un centenar de personal militar de diferentes empleos; 100 Guardias Civiles y más de un millar de paisanos muertos, además de gran cantidad de heridos y enormes pérdidas económicas para la Nación.

Por eso, ahora que, por el pertinaz deseo socialista de reescribir la historia a su cínica medida, estamos regresando al viejo enfrentamiento entre las dos Españas que todos creíamos superado, conviene sacar a la luz vetustos documentos, que la mayoría teníamos olvidados, que ponen luz sobre la criminal forma de actuar, por aquellos días, del partido socialista cuya única pretensión, tanto antes como ahora y como siempre, es la de acabar con España.

Recientemente, un buen amigo y relevante estudioso y conocedor de la historia patria, me hizo llegar un documento, procedente de “Archivos estatales”, titulado “Instrucciones dadas a las juventudes socialistas para el movimiento de octubre de 1934” que no tiene desperdicio y permite conocer, bien a las claras, como actuaba este partido que pretende dar clases de democracia, a la par que demostrarnos una superioridad moral claramente inexistente.

Qué superioridad moral puede aducir un partido -el socialista- cuyos antepasados a los que todavía tributan homenajes -Largo Caballero, personaje indigno donde los haya, e Indalecio Prieto, etc.- avivaron la llama revolucionaria llevándose por delante a indefensos sacerdotes, mojas, mujeres y niñas, además de destruir una buena parte del patrimonio de todos los españoles. Poca superioridad moral puede tener gente de tan miserable catadura.

Pero volvamos al tema que nos ocupa. El documento en cuestión, lamentablemente incompleto, contiene una serie de instrucciones y normas de actuación para conocimiento de las Delegaciones del partido y su transmisión a los afiliados, especialmente a los integrantes de las Milicias juvenil-socialistas.

Comienza con una especie de justificación de motivos que vine dada por “la constante y progresiva amenaza de todos los elementos de la reacción, en especial el doble enemigo católico y fascista de las huestes de la C.E.D.A.” Un triste y manido discurso vigente a fecha de hoy si nos atenemos al comportamiento tanto de los socialistas como de sus socios de gobierno y partidos concomitantes.

El documento en cuestión sigue haciendo alusión a la necesaria unión entre todos los miembros del partido, insistiendo en que se persevere en la creación de las Milicias allá donde no se encuentren formadas.

Más adelante alude a cuál ha de ser el fin último de actuación, señalando que “la acción combativa en régimen de excepción ha de ser de ordinario el atentado personal. Por ello, esta organización más que otra cosa, ha de tener una base terrorista”. Seguidamente marca las pautas de conducta que deberán observar todos los afiliados, entre las que figuran: “no llevar armas sin fin concreto necesario -es fácil imaginar a que fin concreto se refiere-; crear peñas campestres que harán ejercicios -táctica de guerrilla urbana, etc.- en lugares apartados; crear una Sección, rigurosamente secreta, de espionaje; creación de una Sección química para fabricar bombas y artefactos, rigurosamente secreta, etc.”.

Primera página del documento

Esta orgánica nos permite aproximarnos a la estructura de una organización terrorista con fines criminales y con objetivos incluso indiscriminados, toda vez que los atentados con artefactos explosivos difícilmente pueden prever el resultado, al menos en lo que a identidad de víctimas se refiere.

El documento, continúa señalando las pautas que, en materia de organización, debe seguir cada Milicia y que divide en internas y externas, adecuándose a las necesidades de cada una de ellas y al ámbito territorial de actuación, las primeras, y a las directrices de la federación provincial y nacional, las segundas. En general, establece, entre otras cosas, que “todos los integrantes de las Milicias pertenecerán al partido socialista o a la U.G.T.; la unidad básica de actuación estará formada por grupos de nueve individuos con un jefe, nombrado por el Comité local, que será el encargado de enseñar el manejo de las distintas armas, especialmente el fusil; cada grupo estará rigurosamente armado con todo tipo de elementos de combate, ofensivos y defensivos; por su parte, la Sección de explosivos recibirá la instrucción aparte, con artefactos simulados”.

Aspecto de la Universidad de Oviedo tras las revueltas (El Comercio)

Se advierte, claramente, la intención de disponer de una fuerza debidamente estructurada, con una jerarquía propia, con instrucción para el manejo de armas y explosivos y con capacidad para la comisión de atentados terroristas y golpes de mano, dependiente de una cadena de mando de la que emanan las órdenes que serán ejecutadas por los grupos o células operativas; es decir, una organización terrorista en toda regla.

Con relación a la táctica, el documento determina que “se recomienda, en general, el despliegue en guerrillas, por sus buenos resultados”. Circunstancia esta que viene a avalar lo señalado anteriormente.

Al respecto de los que deben ostentar las jefaturas de grupo, todos ellos nombrados a instancias de los comités locales, señala que tienen “preferencia aquellos individuos que hubiesen verificado servicio militar en las filas del Ejército español y salidos de él con graduación de Clase o de Oficial”.

Pocos comentarios merece este apartado, más allá de la pretensión de contar con instructores con preparación y conocimientos, aunque sean rudimentarios, para dar cumplimiento a los objetivos previstos y lograr un mejor adiestramiento de sus efectivos, máxime teniendo en cuenta que una buena parte del personal militar, susceptible de ser captado, al menos los Oficiales y Clases, se habían curtido en la campaña africana concluida victoriosamente en 1927.

En otro de los apartados refiere las consecuencias de una supuesta insubordinación, señalando que “serán juzgadas por los Comités locales, que darán cuenta a la Federación provincial, pudiendo recaer sobre el delincuente penas de expulsión o de índole más grave”, el subrayado, que no es nuestro, nos permite imaginar el significado de la frase.

Tampoco merece otro comentario lo antedicho, salvo preguntarnos a que se refiere con la expresión “de índole más grave” ya que, descartada, por obvias razones, una eventual pena de pérdida temporal o permanente de libertad, solo se nos ocurre pensar en otra todavía más grave: la muerte.

El documento concluye arengando a los afiliados con estas frases: “Nosotros haremos un revolución triunfante y gloriosa, no cayendo al primero ni al último ataque d ela fuerza pública, no desmayando nunca, llegando al corazón del enemigo y destruyéndole en sus propias madrigueras” y finaliza con un elocuente ¡contra el fascismo y la reacción! ¡Por la revolución socialista! y está fechado el 6 de junio de 1934.

El texto del documento deja claros varios aspectos de relevante importancia e interés, de una parte, que el golpe de Estado de 1934, dado con la intención de suplantar, por medio de la fuerza, el orden legalmente instaurado con el fin de implantar una República socialista al gusto del soviet, camuflado tras la careta de una huelga revolucionaria, venía fraguándose desde tiempo atrás y que, tanto el partido socialista como la U.G.T. fueron sus instigadores y, en consecuencia, sus responsables en última instancia; por otra parte, que las milicias de las juventudes socialistas se encontraban organizadas y articuladas para el empleo de tácticas de guerrilla urbana por medio de golpes de mano y colocación de artefactos explosivos, siendo el atentado personal uno de sus medios ordinarios de lucha, resumiendo, los fines de cualquier organización terrorista.

Desfile de la Armada en Gijón durante el homenaje que se tributó al Ejército en 1934

Por tanto, mejor que sigan hablando de memoria histórica pues, a cada paso, saldrán a la luz muchos más de sus trapos sucios lo que nos permitirá conocer quiénes son realmente estos de la supuesta superioridad moral.

Cuántas cosas ignoran los españoles, especialmente los más jóvenes -esos a los que ser de izquierdas les mola pues es más guay-, de nuestra historia reciente y de los sucesos que nos condujeron a una horrenda guerra fratricida que mejor sería olvidar para que jamás se repita.