El 27 de mayo de 2005 ETA colocó una bomba compuesta por 3 kilos de fertilizante y nitrato sódico con un mecanismo iniciador en el Valle de los Caídos. No era un artefacto de gran potencia y no llegó a explosionar pero el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero negó a sabiendas que fuera de ETA, para blanquear a la organización terrorista vasca con la que estaba en negociaciones secretas, que desembocaron en el infame proceso negociador Zapatero-ETA de 2006- 2007.

La versión oficial que dio el Gobierno socialista fue que el artefacto no podía ser de ETA y que la llamada que recibió el diario proetarra Gara al día siguiente reivindicándolo, no era creíble. Pero ETA dejó en ridículo al Gobierno el 17 de junio cuando reivindicó oficialmente el atentado en el Valle de los Caídos. Lo recuerda el coronel de la Guardia Civil, veterano de la lucha antiterrorista, Sánchez Corbi en su extraordinaria obra monumental en 2 volúmenes “Historia de un desafío”, publicada en 2017 y verdadera enciclopedia de la lucha de la Guardia Civil contra ETA.

Con su deslealtad característica el PSOE fue protagonista de una nueva traición a España a partir de 2002 cuando inició reuniones secretas con ETA precisamente en el momento en que la eficaz lucha anti etarra del ministro Acebes había desarticulado 50 comandos etarras entre 2001-2002 y tenía a la banda contra las cuerdas. Cuando el PSOE llegó al poder en 2004, tras el 11M, el proceso continuó a pesar de los atentados etarras como el del 25 de junio de 2005 en el estadio de la Peineta justo antes de la elección olímpica del COI que resultó adversa a Madrid y muchos otros atentados que no impulsaron al Gobierno a cortar por dignidad.

En julio de 2005 el gobierno y ETA alcanzaron un acuerdo negociado en secreto que comprometía al Estado a respetar “los derechos democráticos de Euskal Herria”. Así empezó un vergonzoso proceso negociador que duró dos años en el que los representantes del Gobierno y los terroristas se reunieron en Suiza en numerosas ocasiones y que se aceleró a partir de la declaración de “tregua” de ETA de marzo de 2006. El gobierno, en el el colmo de la indignidad, se comprometió a respetar el derecho de autodeterminación y a trabajar para que el País Vasco y Navarra fueran una comunidad única en pocos años, con un Estatuto común. Ni siquiera el terrible atentado en el aeropuerto de Barajas del 30 de diciembre de 2006, en el que murieron dos personas, fue suficiente para que el gobierno cortara el proceso y las reuniones en Suiza continuaron.

Solo la estupidez criminal de los etarras que rompieron las ne

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

gociaciones en abril de 2007, ya que exigían la anexión de Navarra a Vascongadas en el plazo estricto de 2 años, impidió que se consumara la gran traición. En los siguientes años fue la labor heroica de la Guardia Civil y la Policía Nacional las que acabaron operativamente con ETA y no las negociaciones de Zapatero.

Y no olvidemos por lo tanto que en el inicio de aquella indignidad estuvo la ocultación o minusvaloración por parte del Gobierno de numerosos atentados como el del Valle de los Caídos de mayo de 2005.