Hace ya un año y medio ocurrió un hecho muy grave, que el tiempo y las catástrofes que el gobierno sociocomunista ha atraído sobre España no deben hacer olvidar. En el suplemento del diario "EL PAÍS", "EL PAÍS SEMANAL" del 21 de abril de 2019, el pseudoescritor Juan José Millás lanzó terribles injurias contra las monjas en general sin aportar la más mínima prueba.

Fue en el marco de un artículo titulado "La monja del fondo" en el que este hombre comentaba una antigua foto de 1952, donde supuestamente se veían un grupo de mujeres en una sala de una cárcel de mujeres, que estaban tejiendo sábanas con unas máquinas de coser, como trabajo para reducir penas. Al fondo de la sala se veía una monja, como dirigiendo esa actividad de estas mujeres reclusas.

EL PAÍS convierte lo que es algo completamente normal incluso en democracia, el trabajo de los presos con fines solidarios con fines de reinserción social y laboral, en el símbolo de una supuesta terrible explotación del régimen franquista a los "prisioneros de guerra "en favor de la alta burguesía franquista" aunque el mismo Millás reconoce que la foto es de 1952 y que son presas comunes en realidad.

Al parecer, solo la "alta burguesía franquista" dormía con sábanas. Pero lo más grave es la parte final del artículo cuando Millás afirma literalmente (en las últimas frases para que tenga más impacto, según mandan los cánones periodísticos) ¿Qué hemos visto? (en la foto se refiere). Que la carcelera era una monja. Una monjita, por decirlo en términos cariñosos. De entre todas las especies guardianas, ésta era la más peligrosa, la más cruel, la más impía. Hay abundante documentación sobre el asunto.

Y se queda tan ancho el tal Millás. O sea que las monjitas eran, al menos durante la época de Franco, una terrible especie de carceleras, las más peligrosas, crueles e impías (un curioso término, impías, en boca de un ateo). Naturalmente Millás no aporta la más mínima prueba de esa "abundante documentación" que según él, existe sobre ello.

Eso sí, ni Millás ni EL PAÍS dicen ni media palabra sobre las miles de monjas mártires, asesinadas por su querida República, entre 1936 y 1939. Muchas de ellas descuartizadas vivas, violadas, incluso con cristales, devoradas vivas por animales o arrojadas vivas a hornos industriales incandescentes o atropelladas por coches y camiones. Las que tuvieron más suerte murieron ametralladas. ¿De estas mujeres asesinadas quien se acuerda cada mes de marzo? ¿Las vidas de las monjas importan?

¿Quién arroja la gasolina del odio contra los sacerdotes y monjas y contra los templos en nuestros días?.

Cuando pensamos en monjas nos vienen a la mente imágenes de señoras mayores, con hábitos, que rezan y ayudan a ancianos y enfermos. Bueno, pues parece que según EL PAÍS hemos de pensar en terribles y crueles carceleras.

Pues el diario donde se publican este tipo de artículos una y otra vez es el mismo diario al que veneran con temor reverencial algunos que esperan recuperar el poder con sus bendiciones, pero con los votos de los católicos al mismo tiempo.

Señores (y señoras perdón) de EL PAÍS, que tan poderosos, en teoría, son, sigan ustedes, si quieren, sirviendo a su señor, el auténtico, del cual Soros solo es un lacayo. Sigan sirviendo si quieren a ese que supuestamente nos trae la luz. Ya verán el "caluroso" recibimiento y agradecimiento que les ofrecerá cuando les llegue el momento de conocerle personalmente en el atardecer de la vida. Y ya verán que "luz" tan bella "ilumina" sus "palacios".

Otros, cueste lo que cueste, seguiremos defendiendo la Verdad y señalando con el dedo las manifestaciones de odio anticristiano.