Sostiene José Juan Martínez Gómez, alias El Rubio, agente doble, a fuer de topo dentro de los ambientes acratones, cual Gambín en la falsa bandera del Scala, que el atraco al Banco Central el 23 de mayo de 1981 fue un encargo conjunto - tan vinculados siempre ellos - entre la extrema derecha española y los servicios secretos.

 

Revelado lo obvio

"Me encargaron recuperar un maletín con documentos muy importantes que se encontraban en una caja del banco, y que era necesario atracar porque no tenían la llave", asegura el cerebro de la trama, al tiempo que le contaron que el contenido del maletín ponía en riesgo la estabilidad del país.

Asevera también El Rubio que le ofrecieron 50 millones de pesetas, mínimo, y hasta un máximo de 100, por persona. Y a él específicamente, una cuenta de un millón de dólares en un banco suizo.

El cerebro del asalto (¿deliberadamente?) “imperfecto” afirma que se hicieron con el maletín, cuyos documentos revelaban nítidamente la implicación del Rey Elefante. Pura Operación De Gaulle, pues, desnudada la trama civil (irrelevante) y militar (nutridísimas capitanías y CESID mediante) del autogolpe del 23-F. Concluye seguro, segurísimo El Rubio que el contacto de los ultras sacó el maletín camuflado en una suelta de rehenes…

 

 

De Carrero hasta Alcacer: antes la verdad que la paz

Todo ello para ir apuntalando y afianzando y consolidando, grosso modo, la cleptocracia narco-pedófila del 78. Poco después, en julio del 81, España parte de la terrorista OTAN, el ataque químico contra España de la no-colza, clave. Y en el 86, masónica Ué. ¿Y el pacto de sangre que lo selló? ¿Alcacer, 1992? Ains…

...¿Verdad? ¿Mentira? Más, mucho: muchísimo más que probable. En fin.