El primero de marzo de 1939 la masonería española emitía un comunicado qué notificaba a todos los hermanos:

"Sabed: que en el día de la fecha y en atención a las causas que justifican el estado presente de la España liberal, perseguida por el triunfo de las fuerzas enemigas, la Francmasonería española se ve obligada a abandonar su país, y espera que todos presteis la ayuda moral y material a vuestros hermanos, que, en el exilio forzoso, no dudan recibir de vosotros»

Así pues acabada la guerra civil entre los muchos refugiados huidos a Francia había un importante contingente de masones. Se estiman en unos 1200, que con sus familias sumaban unas 3500 personas.

Lucio Martínez Gil, Gran Maestre del Gran Oriente Español, llegó a Francia en febrero de 1939. Junto con otros hermanos instalaron una oficina en París para atender a los refugiados. El Gran Oriente Español no siguió las recomendaciones del AMI  (Asociación masónica internacional)  que pedía cesar toda actividad propiamente masónica dado que se encontraban en territorio extranjero. Si lo hizo la Gran Logia de España. Posteriormente, de acuerdo con lo decidido por la AMI, y en acuerdo con las obediencias españolas, estás establecieron en París una comisión inter-obediencial para coordinar las ayudas a los desplazados.

A raíz de la Constitución de 1978, la masonería fue legalizada en España el 19 de mayo de 1979 por una sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional, que anuló una resolución de la Dirección General de Política Interior del 7 de febrero de ese mismo año que había declarado ilegal a la Asociación Grande Oriente Español (Masonería Española Simbólica Regular). La Audiencia Nacional basó su sentencia en el libre derecho de asociación, reconocido y amparado en la Constitución.

 

El panorama actual de organizaciones masónicas en España es plural con presencia de diversas corrientes de regularidad masónica.