En días pasados les hemos comentado en estas páginas la presencia de agentes secretos de la Gestapo en La Rioja durante la Guerra Civil y, en especial, a lo largo de la II Guerra Mundial, según un trabajo realizado por el periodista Marcelino Izquierdo.

Hoy les hablaremos de aquellos agentes que permanecieron en su base riojana. Entre ellos estaba Rolf Könnecke, uno de los agentes más buscados al finalizar la guerra mundial, que solía contactar con el enigmático comisario Weber. El agente principal “logroñés” Franz Lübs llegó a colaborar entonces en la detención de varios espías, contraespías y alemanes desafectos a la causa nazi que habitaban en el norte peninsular español.

Aquellos dos agentes alemanes eran los responsables de los trabajos sucios, cuyo objetivo consistía en programar y realizar ejecuciones en España y Francia, entonces bajo el régimen del Gobierno de Vichy. El ingeniero Lübs controlaba ciertos servicios técnicos de la base militar de Recajo y un gran conocimiento de la colonia alemana en la región y norte peninsular, a través de un reducido grupo de colaboradores alemanes siempre sometidos a la disciplina del Reich.

Johann von Thun trabajaba en la misma base militar riojana para la firma Daimler-Benz AG y procedía de Duinsburgo, donde el técnico vino al mundo un 9 de octubre de 1904, y con residencia habitual en  Linz (Donau); en Austria  Heinrich Steagmeier, originario de Baviera, donde nació el 27 de julio de 1910, que llegó a España en 1941 como operario de la Messerchmitt; era considerado un excelente maestro mecánico del famoso caza M-109 y lo catalogaban como un imprescindible en su trabajo.

Franz Josef Anzur era gerente de una fábrica de papel en Logroño; residía en la calle Sanjurjo nº 1; había nacido en Austria el 28 de febrero de 1900; su pasaporte fue emitido en la ciudad china de Shanghai. Según los servicios secretos norteamericanos (OSS) era miembro activo del Frente Alemán del Trabajo (Deutsche Arbaitsfront).

La familia Przybye era más singular; Antón, el padre, vino de Ostrowo (Polonia), donde nació el 6 de enero de 1878; vivía en el cuarto piso de un inmueble situado en la calle Hermanos Moroy nº 7 con su esposa Estanisláa y sus hijos Ana María Juliana y Antonio. Esta familia había llegado a La Rioja en 1923, donde nacería su hijo Antonio.

Hans Witte, de 36 años, vino de Dassau (Sajonia-Auhalt) como especialista de los aviones Junkers. Esta soltero al llegar a España y se fue a vivir a una casa situada en la carretera de Villamediana nº 14. Fue uno de los más activos colaboradores del jefe de la Gestapo en La Rioja.

Otro agente del equipo del ingeniero Lübs fue Heinz  Pitzschel Haberkorb, que estuvo destinado primero en la Legión Cóndor; procedía de la ciudad  alemana de Zaitz, donde nació el 19 de abril de 1910; llegó a la base aérea riojana en 1939, como especialista en motores Daimler-Benz. Residió en el Hotel Comercio, primero, y más tarde se trasladó a vivir a un inmueble de la avenida Navarra, 22-2º de Logroño. Causó baja voluntaria en la base militar de Recajo en 1942.

Entre los empleados técnicos de aquella base aérea estaba también el montador de aviones Kurt Kokorniak, que procedía de la ciudad sajona de Holberstadt, donde nació el 9 de octubre de 1905. Fueron famosas sus colaboraciones periodísticas publicadas en medio mundo, para narrar su epopeya vital.

Este último agente, tras su detención, fue deportado a Stuttgartt, en compañía de otros cuatro colaboradores, para interrogarlos y luego ingresados en el campo de concentración de Suplingen Fallersleben, en la Baja Sajonia, de donde pudo escapar con una bicicleta y una brújula, como único equipaje, que le llevaron hasta el sur de la Península Ibérica: 2.400 Km de recorrido en solitario por caminos secundarios. Se instaló primero en la Línea de la Concepción, para pasar luego a Gibraltar y embarcar rumbo a Inglaterra. Aunque su peripecia no terminaría allí. Después de ser sometido a interminables interrogatorios por parte de los servicios secretos británicos, Koporniak se incorporaría como colaborador al MI5 para intervenir en emisiones de radio de la BBC desde donde lanzaba mensajes por las ondas a los alemanes y a todos los europeos, según le ordenaban los servicios secretos británicos. Había cambiado la mecánica por la comunicación radiofónica, siempre a las órdenes de servicios de espionaje.

La peripecia de este personaje no terminaría ahí. “La gran evasión” de Kurt sería reproducida por los medios de comunicación de todo el mundo. Kokorniak delataría a los agentes principales de la Gestapo y de las SS alemanes, con nombres y apellidos, entre los que se encontraban los residentes en La Rioja, propiciando el arresto y deportación de Franz Lübs, Rolf Könnecke y el comisario Weber.