En la mañana del 20 de julio, estalla el Alzamiento Nacional en la Coruña. Una vez conocidos los detalles de las detenciones de los generales Salcedo y Caridad, el comandante retirado por la ley de Azaña de 1931, Jesús Teijeiro se viste de uniforme y con su estrella de ocho puntas se ofrece a su amigo Pablo Martín Alonso, coronel del Regimiento de Infantería de Zamora que va encabezar el alzamiento contra el gobierno sectario del Frente popular y será quien detenga en el acuartelamiento de Atocha al gobernador militar, reconocido masón y ferviente partidario del gobierno, general Caridad Pita. 

Martín Alonso encargará a Teijeiro  organizar, con inusitada rapidez, a unas milicias voluntarias coruñesas creadas por los tenientes coroneles de la Guardia Civil, Florentino González Vallés y Benito de Haro que van a llamarse “Caballeros de La Coruña”.

Esta unidad voluntaria de policía y vigilancia, estuvo formada por “médicos, abogados, odontólogos, industriales, comerciantes, propietarios, oficinistas, empleados, etc. Con conocidos coruñeses en sus filas entre los que cabe destacar además de  Jesús Teijeiro, a González Villamil, Armando Casteleiro,  Fernández Oliver, De Soto Lemos, Babío Calleja, Brandariz Eiroa, Enrique Pacheco, mi tío Remigio Vivero, Arcadio Vilela Gárate, Daniel Goyanes, Vasco Guimaraens, Paz Durán, Manuel Vela Cuervo, Antolín Barrado, José Luis Aranaz y Enrique Salazar, entre otros. Personas entradas en años por eso fueron popular y cariñosamente conocidos como “los mil ancianos”.

El Credo de Los Caballeros de La Coruña tenía seis apartados. El primero hablaba de las virtudes que han de tener Los Caballeros de La Coruña, “sin las cuales no se pueden alcanzar victorias, ni consolidar posiciones que den estabilidad  a los anhelos Nacionales”.

“El Caballero de La Coruña ha de ser combativo, decidido y valiente. No importa que el enemigo esté situado en mejores posiciones, ni que su conquista sea peligrosa o difícil. Al enemigo hay que combatirlo donde y como se encuentre y llegar hasta él arrollándolo todo en un impulso definitivo y con un empuje varonil pleno de bizarría y valor”.

 

“El Caballero de La Coruña ha de ostentar como lema aquella valiosa frase pasada a la historia: “Sin trabajo no se llega al descanso y sin pelear no puede lograrse la victoria”. Sin sacrificio nada se consolida ni cimenta. Solo las razas seniles pueden manejar la palabra superfluo que por la osadía de su contenido no debe volver a conocerse en nuestra España”.

 

Obediencia es renunciación de si mismo y entregarse a otro por disciplina

“La obediencia es el eje de la disciplina y la suprema razón que ha de llevarnos al triunfo y a la gloria”.

 

“Espíritu de combate, de sacrificio, de disciplina, de compañerismo y de ciudadanía. He aquí el credo del CABALLERO DE LA CORUÑA”.

 

La unidad de Caballeros de La Coruña pretendió desde el principio de su fundación paliar la escasez de tropas regulares en La Coruña convirtiéndose en auxiliares del Ejército. Su principal misión será la de “coadyuvar con la tropa en la represión y pacificación de las zonas de la provincia atacadas por los elementos subversivos y ser la base de una organización militar de elementos civiles que, por su espíritu, han de tener la gloriosa misión de restaurar los valores nacionales”.

 

Uno de los lugares elegidos por la nueva unidad para hacer instrucción fue la Plaza de Toros. Vestían de traje y corbata unas veces y mono de color azul o gris en  otras ocasiones, con un brazalete que llevaba la leyenda "Caballeros de La Coruña” y en el que se distinguía una alabarda en negro y una Cruz de Santiago en rojo. Su prenda de cabeza era un gorro cuartelero negro con cenefa roja. Algunos en el frontal del gorro le ponían las cinco flechas de Falange. Guardo en mí poder uno de aquellos gorrillos cuarteleros. Su cuartel estaba ubicado en la calle de Fonseca. Realizaban prácticas de tiro en Punta Herminia. Tomaron parte en vistosos desfiles por las calles y participaron en cuantos actos de propaganda organizó el bando Nacional, durante el tiempo que pervivió la unidad.

 

El requisito fundamental para inscribirse en esa milicia era no haber pertenecido a organizaciones del Frente Popular ni haber militado en ningún partido de izquierdas.

 

Se formaron cuatro compañías con alrededor de setecientos efectivos,  así como un destacamento de caballería. Un centenar de Los Caballeros de La Coruña se incorporaron a la columna del propio Teniente Coronel Teijeiro y lograron liberar Oviedo con el grueso de las columnas Gallegas el 17 de octubre de 1936. En la mañana del día 23 de noviembre de 1936, el teniente coronel Teijeiro paseaba plácidamente por la calle Uría ovetense, manteniendo una amena conversación con su ayudante, cuando la metralla de una bomba arrojada por aviones enemigos, hiere de muerte al valiente y legendario soldado. Cuatro días más tarde fallecería en la villa de Grado, adonde había sido trasladado con suma urgencia. Por expreso deseo del finado, su cuerpo fue enterrado en su Baamonde natal. Se le concedió a título póstumo una nueva medalla al mérito militar y fue ascendido a coronel con la antigüedad del día de su muerte.

 

Al frente de los caballeros de la Coruña quedaría entonces el Teniente Coronel de la Guardia Civil Benito de Haro Lumbreras. Entre los mandos de los Caballeros destacaron los Capitanes  Méndez García, Enciso Gutiérrez; Tenientes: Navarro Gómez, Soto Quevedo; Jefes de Sección: Gómez Parada, Picó Cañeque, Rodríguez Navas, García Lorenzo, De Soto Lemos, Moreno Alfeiran, Fernández Morales, Quijano Millán, Ulloa Formoso, Brandariz Eiroa, Fernández Oliver y Bello Godenzi.

 

 

  1. Entrega de la Bandera a Los Caballeros de La Coruña. De izquierda a derecha la madrina Amalia de Haro, General Kirpatrick, Jesusito Teijeiro y oficial de la Guardia Civil Manuel Rodríguez.

El domingo 31 de enero de 1937 los caballeros de la Coruña recibirían un Bandera en un acto celebrado en la plaza de María Pita repleta de gente y presidido por el General de la División Orgánica, general de Caballería Guillermo Kirpatrick O´Farril acompañado por el alcalde de la ciudad Fuciños y otras autoridades militares y civiles

En la plaza formaron los Caballeros de La Coruña así como milicias de Falange Española, del Requeté, Renovación Española, Exploradores de España y dos centurias de flechas de Falange Española, también lo hicieron fuerzas Infantería, Artillería, Ingenieros, Intendencia, Guardia Civil, Seguridad y carabineros.

 

Al frente de la formación de los caballeros de la Coruña se hallaba el Teniente coronel Varela Sanz.

 

El acto se inició con una Misa de campaña, oficiada por el capellán de los Requetés de Baamonde, Don Luis Cajeao, amigo personal de desaparecido Teniente coronel Teijeiro, creador de las milicias de los Caballeros de la Coruña. En el altar portátil que se había levantado delante de la puerta principal del Palacio Municipal, obra del Rafael Barros Merino, destacaba un Corazón de Jesús entre columnas doradas, dos cañones, abundantes adornos florales y los emblemas de las Ordenes Militares de Santiago, Alcántara y Calatrava. Los gastadores de los caballeros de la Coruña dieron al altar la guardia de honor

 

Al finalizar la Santa Misa se procedió a la entrega de la Bandera a  la unidad de Caballeros de la Coruña. Actuó de madrina Amalia de Haro, hija del jefe de los Caballeros de la Coruña Teniente Coronel de la Guardia Civil Benito de Haro, que lucía la clásica mantilla española. La Bandera que portaba la joven Amalia, acompañado por su padre y el hijo pequeño del heroico y malogrado Teniente Coronel Teijeiro, Jesusito, que vestía uniforme de los caballeros de La Coruña  se acercó al altar. Allí fue bendecida por el sacerdote oficiante.

 

1937 Los Caballeros de La Coruña con su jefe al frente, Teniente Coronel de la Guardia Civil Benito De Haro, desfilan por Los Cantones.

De seguido la madrina pronunció una palabras en las que expresó su enorme emoción por entregar a los caballeros de la Coruña la gloriosa Bandera Roja y Gualda, mil veces bendita y que se ha paseado triunfal por los ámbitos del mundo. “Sois bravos y valientes “dijo, “como lo habéis demostrado en León y Asturias, siguiendo la senda y el espíritu que os marcó vuestro creador, el nunca bien llorado Teniente coronel Teijeiro  que vertió su sangre española en defensa de Dios y de la Patria”, “Como mujer española os confío esta Bandera. No la abandonéis nunca,  Besarla con ardor y defenderla como a vuestra madre”.

El oficial de la Guardia Civil que recibió la Bandera, Manuel Rodríguez, contestó en nombre de los caballeros de La Coruña y en suyo propio dejando patente la gratitud infinita por la distinción de entregarles esa bendita enseña la cual recibían con júbilo y fidelidad.

“Entre nosotros esta hoy aquí” continuo el oficial “el niño Jesusito Teijeiro, por cuyas venas corre la sangre de aquel héroe que nos dirigió y derramó su sangre  luchando denodadamente contra los enemigos de España”.

Terminado el discurso del oficial, el niño Jesús Teijeiro besó la enseña nacional, Se vitoreó a la gloriosa bandera de España, al Generalísimo Franco y al mencionar el nombre del teniente coronel Teijeiro, un unánime y sonoro ¡Presente!, recorrió toda la plaza de María Pita.  

Cerró el acto el General Jefe de la División General Guillermo Kirpatrick, que tuvo un emocionado recuerdo del teniente coronel Teijeiro. Puso en Los caballeros de La Coruña su confianza en que defenderían hasta el último aliento de sus vidas la Sacrosanta Bandera que acababan de recibir.

Tras una descarga de fusilería, la Bandera ocupó el lugar correspondiente en la formación. De seguido tuvo lugar un brillante desfile, donde participaron todas las fuerzas que habían formado en la plaza. Miles de personas vitorearon con patrióticos gritos y aplausos a los soldados  a su paso desde María Pita, avenida de Montoto y Marina, en dirección los Cantones por dónde discurrió la parada Militar.

 

La madrina del acto  Amalia de Haro obsequió en los salones de Palacio Municipal a todas las autoridades, representaciones e invitados con un lunch.          

 

En el Hotel Continental tuvo lugar una comida intima de Los Caballeros de la Coruña a la que concurrieron jefes, oficiales y milicianos.

 

Dos meses después de aquel brillante y multitudinario acto, el Teniente Coronel De Haro cesaría en el mando de Los Caballeros de la Coruña. La unidad se disolvería con motivo de la entrada en vigor del  decreto de unificación de las milicias en la zona nacional. La promulgación de aquel decreto por el que se creaba el partido único Falange Española Tradicionalista y de las JONS se hizo efectiva el 20 de abril. El decreto constaba de un largo preámbulo y tres artículos. El primero de ellos decía: “Artículo Primero: Falange Española y Requetés, con sus actuales servicios y elementos, se integran, bajo Mi Jefatura, en una sola entidad política de carácter nacional que, de momento, se denominará Falange Española Tradicionalista y de las J0NS”.

 

En el Artículo tercero se especificaba lo siguiente: “Quedan fundidas en una sola Milicia Nacional las de Falange Española y de Requetés, conservando sus emblemas y signos exteriores. A ella se incorporarán también, con los honores ganados en la guerra, las demás milicias combatientes”.

 

Dado en Salamanca a diecinueve de abril de 1937. Francisco Franco.